El fascismo no existe en España aunque tu partido te diga que sí, @inesreygarcia .
De hecho, el antifascismo, hoy , como lo fue el anticomunismo, y como dijo Samuel Johnson en su día del patriotismo, está siendo el último refugio de los canallas.
Tenéis una empanada mental insultante, análoga a la que tienen los que nos alertan del comunismo. De hecho, si el fascismo fuese una amenaza operativa, las urnas ni mucho menos bastarían para combatirlo. La idea de la democracia como poder taumatúrgico os tiene sorbida la mollera.
Bien descrito, eso es lo que ocurre. Algo de eso había, por ejemplo, en la carta, sumamente significativa, de Manuel Jabois en EL PAÍS. Daba por sentado que la evolución de los últimos 50 años era la correcta y canónica, y los disconformes eran los bárbaros. Conviene recordar, por otra parte, la polémica entre Maquiavelo y Guicciardini sobre cómo el disenso podía afectar a la salud de la República. Creo que la posición de Maquiavelo está mejor argumentada.
Yo reconozco que hay una cierta dosis de boutade por mi parte, pero no porque no tenga fundamento lo que digo. Simplemente, no estoy dispuesto al consenso. El consenso, o bien se exige por parte de quien tiene el poder o bien se suplica por parte de quien no lo tiene. No estoy en ninguno de los dos grupos, por eso me opongo. Por supuesto, si me hiciera con el poder intentaría imponer mis planteamientos. Es absurdo querer el poder para no utilizarlo.
@FcoVilaC Estoy de acuerdo.
Era una boutade, una exageración deliberada, para señalar que a lo que no estoy dispuesto es al consenso. Por ejemplo con esto:
https://t.co/F5ykzIVSZx
Hay varias cosas que no se veían hace 50 años:
1) Que un embrión en el claustro materno sea un quiste extirpable a voluntad de su madre. También puede ser una bendición digna de protección. Son *opciones".
2) Que una mujer sea un hombre si quiere serlo, o un hombre sea una mujer si quiere serlo.
3) Que hayamos de abrir nuestras fronteras, porque los seres humanos son aves migratorias con derecho a posarse y ser acogidas donde decidan.
4) Que, derivado de 3), los ceutíes tengan que contemplar impávidos como su ciudad se convierte en un campo de parias.
5) Que el censo se pueda ampliar a golpe de instrucción administrativa, y derivado de ello, que alguien que ni ha pisado España ni tiene pretensión de hacerlo tenga el mismo derecho que un español que reside aquí, para decidir los destinos de su comunidad política.
Conclusión provisional, a falta de una exploración más a fondo: un manicomio de corrupción moral, disolución de la comunidad política y exaltación del crimen.
Pero los "monstruos", por definición, son los otros. Los nuestros son ángeles.
Parafraseando a Jabois, "la historia tiene una preciosa tradición de seres virtuosos y cargados-de- razón, que nos llevan al despeñadero".
@RalGuer6103406 Le comprendo. Estoy de acuerdo, hay que saber respetarse.
Mi mensaje es una boutade y como todas las boutades, con un fondo de verdad. Estoy dispuesto al respeto pero no al consenso. Un respeto no ilimitado ni indiscriminado, por supuesto.
Pero qué animales. ¿Cómo van a acceder a tus ordenadores o multa? ¿Y el derecho a no autoincriminarse? Hace nada lo mismo con la inspección de trabajo. Y un TEAR y TSJ dándolo por bueno. Es que se inhabilita a poca gente en este país.
https://t.co/LMuayMFs6G
La "sexualidad hetero" es la única sexualidad propiamente dicha, porque solo hay sexualidad en especies con reproducción sexual, lo cual implica necesariamente la cohabitación entre dos sexos distintos. El resto es sexualidad por imitación de la genuina sexualidad.
La sexualidad "hetero", es decir, la sexualidad, es procreadora y, por ende, sagrada.
@miguelpasquau@trajano_diegoba No sé muy bien lo que es "empequeñecer la nación" en un contexto como este, pero sí: no pasa nada porque haya discrepancias. Gracias.
@AlexVFdez@OvimarceMarcelo Vaya mierda de respuesta, ¿No te parece? ¿Tienes algo contra Argentina? ¿Eres xenófobo? ¿No está facultado un argentino para decir lo que quiera de España? No digamos si tiene la nacionalidad española y vive en España, más en concreto en La Coruña, como es el caso.
@trajano_diegoba@miguelpasquau Pero yo prefiero no hacer juicios de intenciones (no digo que sean errados), y creo preferible hacer un juicio jurídico y político de lo que suponen ciertas concepciones de la nacionalidad.
En una de sus sabias admoniciones advertía Antonio Gramsci de una diferencia fundamental entre la lucha física y la lucha intelectual. Si en aquella era lícito y hasta indicado atacar al enemigo por su flanco débil o peor protegido, en ésta solo es pertinente el ataque al lado más fuerte.
Desconocen esta advertencia quienes atacan la "Ley de Nietos" y la Instrucción de la Directora General por la presunción de la compra masiva de votos a favor de la facción gobernante. No porque eso no pueda ocurrir. No porque esa no haya sido la intención de los promotores, sino porque esa presunción lleva la discusión al terreno de los juicios de intenciones y la mala fe. Y ahí siempre habrá empate, por lo indemostrable del caso.
Pero el flanco fuerte, la muralla robusta, están en otro lado. No, nadie debe poder votar por su condición de nieto de exiliado, si su vínculo con España no es otro que ese, es decir, familiar y sentimental. Nadie debe poder votar allí donde no contrae obligaciones. Nadie debe poder votar allí donde no reside y donde no tiene pretensión alguna de residir. Una comunidad política no puede rehacerse 90 años después de una guerra civil, como si ésta no hubiera tenido lugar. El supuesto agravio a un antepasado no puede cobrarse en el presente, por su descendencia, como si la ciudadanía fuese una moneda de cambio y no afectase a la línea de flotación de la propia comunidad política. Para ésta, tan irrenunciable es el derecho al voto de los que están dentro como la exclusión de quienes no pueden estarlo. Aquí el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo pueden decir misa. Si asumimos que la comunidad política no tiene sustancia propia, y puede ser modificada a voluntad por leyes o disposiciones administrativas, simplemente estamos negando que dicha comunidad pueda existir. La territorialidad, la distinción entre los de dentro y los de fuera, y la obligatoriedad de un vínculo entre los de dentro y con los de dentro, no son renunciables salvo que el fin sea destruir la comunidad política para que degenere en una masa de administrados.
Por eso es perfectamente apropiado decir que una turba golpista en forma de partido político ha asaltado las instituciones.
Más brevemente: la propiedad de un inmueble, con o sin residencia en él, trae consigo obligaciones legales para con la comunidad de vecinos y hasta con la administración pública.
Para quien no reside en España, y no tiene obligaciones legales que sí tiene el residente, el derecho al voto es tanto como otorgarle una codecisión en un régimen de desigualdad formal -ni siquiera material- con los conciudadanos residentes. Es imposible de argumentar que quien nunca ha residido aquí y ni siquiera tiene pretensión de hacerlo, tenga el mismo derecho que un residente a decidir sobre los destinos de su comunidad política. Suponer que lo tiene porque su abuelo se exilió o emigró es una concepción sentimental de la nacionalidad legal que dispara a la línea de flotación de cualquier comunidad política.