Me gusta la Fórmula 1 y tengo muchas ganas de ver cómo funciona Madring.
Pero precisamente por eso creo que hay una conversación que merece la pena tener.
Un TFM de Ingeniería Ambiental ha modelizado el ruido del circuito y estima que más de 6.000 vecinos podrían estar expuestos a más de 65 dB durante la competición. Algunas viviendas están a unos 40 metros del trazado.
Son estimaciones, no mediciones del Gran Premio.
El Ayuntamiento asegura que habrá pantallas acústicas y otras medidas para reducir el impacto.
Perfecto.
Entonces habrá que medir qué ocurre de verdad.
Porque cuando hablamos de un gran evento calculamos enseguida cuánta gente vendrá, cuánto dinero dejará, qué audiencia tendrá o qué imagen dará de Madrid.
Todo eso importa.
Pero hay otra cuenta bastante menos vistosa:
qué coste soportan las personas que ya vivían allí.
Puedes querer un Gran Premio espectacular en Madrid y pensar al mismo tiempo que un vecino debería poder estar razonablemente tranquilo en su casa.
No son posiciones incompatibles.
Si Madring quiere convertirse en uno de los grandes eventos del calendario, el éxito no debería medirse únicamente por llenar las gradas.
También por conseguir que quien vive al lado no tenga que pagar una parte de la fiesta sin haber comprado entrada.
El 1 de septiembre es un poco el 1 de enero de los adultos.
Volver al gimnasio.
Comer mejor.
Correr otra vez.
Organizarse.
Empezar ese curso.
Ahorrar.
Y hacemos algo bastante curioso cada vez que queremos cambiar:
compramos primero.
Zapatillas nuevas para correr.
Una agenda para organizarnos.
Ropa para entrenar.
Una suscripción para ser más productivos.
Un curso para empezar a aprender.
Y durante unas horas parece que ya hemos avanzado.
Quizá porque comprar las cosas de la persona que queremos ser se parece un poco a convertirnos en ella.
Pero comprar el hábito y construir el hábito son dos cosas bastante distintas.
Así que este septiembre voy a intentar una regla:
antes de comprar algo para empezar una rutina, probar dos semanas con lo que ya tengo.
Si después sigo haciéndola, seguramente necesitaba la compra.
Si no, probablemente lo que quería comprar era la sensación de empezar.
Hoy es el último día de Tim Cook como CEO de Apple.
Hace 15 años recibió uno de los relevos más difíciles que se pueden imaginar:
sustituir a Steve Jobs.
Durante mucho tiempo se le juzgó con la misma pregunta:
“¿Es el próximo Steve Jobs?”
Nunca lo fue.
Y quince años después queda bastante claro que tampoco necesitaba serlo.
Cook recibió una Apple valorada en unos 350.000 millones de dólares y deja el puesto con la compañía por encima de los 4 billones.
Mañana John Ternus tendrá un problema parecido.
Cada decisión será comparada primero con Cook. Y, de alguna manera, también con Jobs.
Supongo que ahí está una de las partes más difíciles de suceder a alguien que ha dejado huella:
puedes pasarte años intentando demostrar que eres capaz de ser como él,
o construir algo suficientemente propio como para que llegue un día en el que la comparación deje de ser necesaria.
Tim Cook nunca se convirtió en el próximo Steve Jobs.
Terminó convirtiendo “la era Tim Cook” en algo que podía juzgarse por sí mismo.
Hoy han pasado dos cosas con ChatGPT que juntas me parecen bastante significativas.
OpenAI ha anunciado que ChatGPT Ads ya genera 1.000 millones de dólares de ingresos anualizados.
Y la Unión Europea acaba de clasificar ChatGPT como un “Very Large Online Search Engine”.
Pero lo que más me interesa es cómo está cambiando nuestra forma de buscar.
En Google escribíamos:
“mejor coche eléctrico”.
A una IA podemos decirle:
“Tengo este presupuesto, hago 40 km al día, necesito espacio para el perro, no tengo cargador en casa y para mí la seguridad es fundamental. ¿Qué opciones mirarías?”
Hay una diferencia enorme.
Ya no contamos solo qué queremos.
También explicamos por qué lo queremos, qué nos preocupa y qué condiciona nuestra decisión.
Y ahí la publicidad adquiere muchísimo más valor.
Importante: los anuncios de ChatGPT están separados de las respuestas y OpenAI asegura que no influyen en ellas.
Pero eso no elimina la pregunta interesante.
Durante años, la publicidad intentó adivinar nuestras intenciones a partir de búsquedas, clics y páginas visitadas.
Ahora empezamos a explicarlas nosotros mismos en una conversación.
Y cuanto más contexto damos para recibir una respuesta mejor, más valioso se vuelve ese mismo contexto para decidir qué enseñarnos alrededor de ella.
Creo que ahí está una de las próximas grandes discusiones de internet:
cuánto contexto estamos dispuestos a compartir a cambio de recibir algo más útil y relevante.
Tucker, uno de los perros más conocidos de internet, tiene linfoma.
Tiene 8 años, ya ha empezado tratamiento y su familia cuenta que está respondiendo.
Y me parece increíble que tanta gente esté hoy preocupada por un perro al que nunca ha conocido.
Supongo que cuando tienes uno entiendes enseguida por qué.
Nosotros sabemos que el tiempo con ellos es limitado.
Ellos no viven pensando en eso.
No guardan el paseo bueno para otro día.
No aplazan recibirte en la puerta.
No deciden quererte más cuando tengan tiempo.
Simplemente están.
Y quizá por eso noticias como esta también sirven para recordar algo bastante sencillo:
tener un perro no consiste solo en darle una buena vida.
También en estar presente mientras la compartes con él.
Hoy se ha presentado un estudio que explica bastante bien por qué en medicina no basta con leer el porcentaje del titular.
En 558 pacientes con embolia pulmonar de riesgo intermedio-alto, añadir trombólisis dirigida por catéter redujo un objetivo combinado a 7 días del:
6,8% al 0,7%.
Es un resultado muy potente.
Pero después toca abrir el estudio.
La diferencia estuvo impulsada sobre todo por una reducción del deterioro cardiorrespiratorio.
El estudio no permite concluir por separado que reduzca la mortalidad o las recurrencias.
Y hubo dos hemorragias intracraneales en el grupo tratado mediante catéter y ninguna con el tratamiento estándar, aunque fueron muy pocos eventos como para sacar conclusiones firmes sobre esa diferencia.
Nada de esto invalida el resultado.
Lo interpreta.
Porque en medicina “reduce los eventos un 90%” puede ser técnicamente correcto y, aun así, dejar muchas preguntas por responder.
¿Reduce qué exactamente?
¿Cuánto cambia el riesgo absoluto?
¿En qué pacientes?
¿A cambio de qué riesgos?
¿Y qué componente del resultado es el que realmente mejora?
Leer un estudio no consiste solo en comprobar si el resultado fue positivo.
Consiste en entender qué significa ese resultado para la persona que tienes delante.
Llevamos años repitiendo casi como una certeza:
“cuanto más usamos las redes, menos felices somos”.
Pero un nuevo estudio en Nature Human Behaviour siguió a casi 2.000 adultos durante cinco mediciones y encontró poca evidencia de que utilizar con más frecuencia distintas tecnologías sociales predijera después una menor satisfacción con la vida.
Eso no significa que TikTok, Instagram o X sean inocuos.
Significa algo bastante más interesante:
“cuánto las usamos” quizá sea una pregunta demasiado simple.
No es lo mismo mandar mensajes a tus amigos que pasar horas comparándote con desconocidos.
No es lo mismo aprender algo que entrar en un bucle de contenido que te cabrea.
Y meter todo eso en una única categoría llamada “tiempo de pantalla” probablemente explique bastante poco.
Nos encantan las cifras sencillas porque parecen darnos una respuesta:
menos pantalla = más bienestar.
Pero el comportamiento humano rara vez funciona así.
Quizá deberíamos preocuparnos menos por contar cada minuto y más por entender qué hacemos con ellos.
Un estudio acaba de analizar más de 2,7 millones de resultados de las seis grandes maratones del mundo.
Y encontró que los días con más contaminación por NO₂ se asociaban con peores tiempos de carrera.
La relación era además mayor entre los corredores más lentos que entre los élite.
Es un estudio observacional, así que no demuestra que la contaminación sea la única responsable de esas diferencias.
Pero me parece un buen recordatorio para los que corremos.
Nos encanta analizar el ritmo, las pulsaciones, el sueño, los geles, las zapatillas o si salimos demasiado rápido.
Y después resumimos meses de entrenamiento en un único número:
el tiempo final.
Pero el cuerpo no corre en un laboratorio.
Corre con calor, viento, humedad, contaminación, estrés y todo lo que hayas vivido esa semana.
Los datos sirven muchísimo para entender nuestro rendimiento.
El problema empieza cuando los utilizamos para juzgarlo sin tener en cuenta el contexto.
Novak Djokovic tiene 39 años.
Esta madrugada ha jugado 4 horas y 36 minutos intentando seguir persiguiendo su Grand Slam número 25.
Ganó el segundo set.
Ganó el tercero.
Después llegaron los vómitos, los problemas físicos y una derrota en cinco sets ante Mariano Navone.
Es su primera eliminación en primera ronda de un Grand Slam desde 2006.
Y hay algo especialmente duro en ver competir a alguien así:
la ambición puede seguir intacta cuando el margen físico empieza a ser mucho menos previsible.
Puedes conservar la experiencia.
La disciplina.
La cabeza.
Las ganas de ganar.
Pero con los años ya no puedes dar por hecho que el cuerpo te permita exigirle hoy exactamente lo mismo que ayer.
Por eso nunca me ha convencido demasiado eso de que “la edad es solo un número”.
No lo es.
El tiempo cambia lo que puedes hacer.
Lo que no decide por ti es cuándo tienes que dejar de intentarlo.
La NASA ha lanzado hoy el telescopio espacial Nancy Grace Roman.
Viaja hacia un punto situado a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra y podrá observar un campo del cielo al menos 100 veces mayor que Hubble, con una resolución infrarroja similar.
Pero hay un detalle de su historia que me parece increíble.
Parte de su sistema óptico, incluido el espejo principal, procede de hardware que la agencia estadounidense encargada de los satélites de reconocimiento cedió a la NASA y que después fue adaptado para esta misión.
Tecnología concebida originalmente para observar la Tierra acabará estudiando exoplanetas, materia oscura y miles de millones de galaxias.
Fue creada para mirar hacia abajo.
Ahora la hemos mandado a 1,5 millones de kilómetros para mirar hacia fuera.
Y quizá ahí haya una de las mejores definiciones de innovación.
No siempre consiste en inventar algo desde cero.
A veces consiste en mirar lo que ya tienes y preguntarte para qué más podría servir.
A veces miro a Nina y tengo la sensación de que sabe perfectamente cómo estoy sin que diga nada.
Y hay un estudio que me parece bastante curioso.
Metieron a perros despiertos en una resonancia mientras veían caras humanas felices, tristes, enfadadas y asustadas.
Sus cerebros respondían de forma distinta ante algunas de esas expresiones. La sonrisa, además, provocaba una respuesta especialmente clara.
Eso no significa que un perro piense: “mi humano está triste”.
Pero sí demuestra hasta qué punto prestan atención a nuestras caras.
Nosotros llevamos años intentando aprender qué significa una mirada, una postura o un movimiento de cola.
Y mientras tanto ellos también llevan años aprendiéndonos a nosotros.
Empiezo a sospechar que Nina me tiene bastante más estudiado de lo que yo pensaba.
Vinícius vuelve hoy al Bernabéu.
El miércoles falló una acción y volvieron los pitos.
Después marcó, dio una gran asistencia y terminó marchándose entre aplausos.
Mismo jugador.
Mismo estadio.
Menos de 90 minutos.
El Bernabéu debe ser exigente. Forma parte del Real Madrid.
Pero hay una diferencia entre exigir a un jugador y haber decidido de antemano qué jugador estás viendo.
Porque cuando creemos que alguien es el problema, cada error empieza a parecernos una confirmación y cada acierto una excepción.
Ojalá hoy juzguemos a Vinícius por el partido que juegue hoy.
No por el Vinícius que cada uno haya decidido que es.
Acaba de publicarse una nueva definición universal de infarto de miocardio.
Y uno de sus cambios me parece especialmente interesante.
Cuando sospechamos daño cardíaco medimos, entre otras cosas, la troponina en sangre. Pero el número que devuelve una analítica puede ser objetivo y el umbral con el que lo interpretamos no siempre tiene por qué ser el mismo para todo el mundo.
La nueva definición refuerza el uso de valores de referencia de troponina específicos para hombres y mujeres.
¿Por qué?
Porque las concentraciones de referencia son, en general, menores en mujeres y utilizar el mismo límite para ambos sexos puede contribuir a que algunas lesiones miocárdicas pasen desapercibidas.
Importante: una troponina elevada por sí sola no diagnostica un infarto.
Hay que interpretar cómo evoluciona junto con los síntomas, el ECG, las pruebas de imagen y el contexto clínico.
Y me parece un buen ejemplo de cómo mejora la medicina.
No porque ayer todo estuviera mal y hoy todo esté bien.
Sino porque acumulamos evidencia, detectamos dónde nuestros criterios pueden introducir sesgos y los corregimos.
El dato puede ser exacto.
Lo difícil sigue siendo interpretar correctamente qué significa para la persona que tenemos delante.
Ahora también hay bebidas energéticas que no se beben.
Se esnifan.
Está circulando en España un polvo con cafeína, guaraná, taurina y otros compuestos que se administra por la nariz y se promociona para estudiar, trabajar, entrenar o salir de fiesta.
Sanidad lo está analizando y creo que el caso recuerda algo bastante básico:
la vía de administración también forma parte del riesgo.
No es lo mismo ingerir una sustancia que aplicarla sobre una mucosa muy vascularizada.
Y tampoco me convence demasiado otra palabra que aparece mucho en este tipo de productos:
“natural”.
Natural describe de dónde viene algo.
No te dice qué dosis estás tomando, cómo se absorbe, qué efectos produce ni qué pasa después de utilizarlo durante meses o años.
Si el marketing promete resultados mucho más rápido de lo que llega la evidencia, quizá nosotros deberíamos ir un poco más despacio.
Tadej Pogačar empezó hoy la etapa de La Vuelta con 3:50 de ventaja sobre Enric Mas.
Había ganado tres etapas y tenía la carrera muy de cara.
A unos 30 km de meta, una caída ha terminado con su Vuelta.
El ciclismo tiene una forma bastante salvaje de recordarte algo:
hacer todo bien no te da control sobre el resultado.
Te da mejores probabilidades.
Y no es lo mismo.
Por eso juzgar una decisión únicamente por cómo terminó suele ser bastante injusto.
Hoy se ha publicado un estudio con 16.808 personas de entre 18 y 70 años sin enfermedad cardiovascular aterosclerótica conocida.
El 57,1% tenía placas de aterosclerosis detectables mediante imagen.
Incluso entre los 18 y 29 años aparecían en aproximadamente 1 de cada 13.
Dos matices importantes:
tener una placa no significa que vayas a sufrir un infarto.
Y el estudio tampoco demuestra que debamos empezar a hacer pruebas de imagen a todo el mundo.
Pero sí recuerda algo fácil de olvidar:
muchas enfermedades no empiezan cuando aparecen los síntomas.
Los síntomas son, muchas veces, cuando nos enteramos.
Y ahí está una de las cosas más frustrantes de la prevención:
cuando funciona bien, probablemente nunca llegues a saber qué consiguió evitarte.
Meta ha actualizado sus gafas inteligentes para que dejen de grabar si alguien tapa la luz que avisa de que la cámara está funcionando.
Hasta ahora podías empezar a grabar con el LED visible y cubrirlo después.
El arreglo tiene sentido.
Pero también deja una pregunta bastante incómoda.
Durante años sabíamos cuándo alguien nos estaba grabando porque veíamos una cámara o un móvil apuntándonos.
Con unas gafas, esa señal puede reducirse a una pequeña luz blanca que además tienes que saber interpretar.
Y si las cámaras terminan integrándose en objetos cada vez más cotidianos, el problema no será solo impedir que alguien oculte que está grabando.
Será conseguir que los demás sepan cuándo forman parte de una grabación.
Una tecnología no termina de ser socialmente aceptable cuando confía quien la lleva.
También tiene que poder confiar quien está delante.
BioNTech ha detenido un ensayo fase 2 de una inmunoterapia personalizada de ARNm contra el cáncer colorrectal porque seguir adelante probablemente no iba a cambiar el resultado de eficacia.
Y esto también es ciencia.
Estamos acostumbrados a conocer los estudios cuando hablan de tratamientos prometedores, avances o resultados positivos.
Pero investigar no consiste en demostrar que tu hipótesis era correcta.
Consiste en diseñar un estudio suficientemente bueno como para aceptar también cuando los datos dicen que no.
Este ensayo no demuestra que las terapias de ARNm contra el cáncer no funcionen. Es un tratamiento concreto, en un tumor y una situación determinados.
Pero recuerda algo importante:
un resultado negativo bien obtenido también hace avanzar la medicina.
Hoy a las 18:07 hay una batalla de “aura” en plena Plaza de la Seo de Zaragoza.
Gente enfrentándose con poses, miradas, bailes y memes para ver quién tiene más carisma.
Lo fácil es pensar: qué narices hacen.
Pero tiene bastante gracia que llevemos años preocupados porque los chavales viven pegados al móvil…
y haya sido un meme de TikTok el que consiga reunirlos en una plaza para hacer el idiota juntos.
Puede parecer una tontería.
Seguramente lo sea.
Pero cada generación necesita algunas tonterías que merezca la pena hacer en persona.
Rockstar ha enseñado 27 minutos de GTA VI.
Pero casi me parece más interesante cómo lo ha hecho: durante seis horas solo se podía ver en Netflix.
No era una película de GTA. Ni una serie.
Era simplemente poder ver antes que nadie uno de los videojuegos más esperados del mundo.
Y quizá esto explique bastante bien hacia dónde va el entretenimiento.
Netflix ya no compite solo contra otras plataformas.
GTA VI no compite solo contra otros videojuegos.
Compiten por lo mismo:
tu tiempo.
Porque cada vez tenemos más cosas que ver, jugar y escuchar.
Lo único que no aumenta son las horas que tenemos para hacerlo.