#TalDiaComoHoy del año 2000 #ETA asesinó en #Granada a Luis Portero, fiscal jefe del TSJ de Andalucía de dos tiros por la espalda. Estaba casado y tenían 4 hijos.
¡Esto era ETA!
¡Ayúdame a recordarle!
#memoriareciente@PoderJudicialEs
https://t.co/eHB6M7PlEo
Están intentando cancelar mi conferencia en la Universidad de La Laguna e incluso están amenazando al profesor que ha querido organizarla. Te pido de corazón que hagas correr este comunicado
Los RT ayudan mucho
Christians are being slaughtered for their faith.
In Nigeria, 30 Christians were just murdered as they prepared for church services, and a pastor and father of five was abducted and killed.
In just days the ACLJ will take the persecution of Nigeria’s Christians directly to the U.N. Human Rights Council.
We will not be silent. Take action with us: https://t.co/MB8j2rlARY
El mundo llora selectivamente. En Nigeria queman vivos a bebés cristianos y eso no abre un solo noticiero.
El obispo de Makurdi, Wilfred Chikpa Anagbe, lo dijo sin anestesia: lo que ocurre en Benue no es “conflicto de tierras”. Es genocidio. Yihad. Guerra de conquista. Templos destruidos, aldeas ocupadas, nombres cambiados al árabe, campesinos cristianos expulsados para que otros se queden con la tierra.
En Yelewata, junio de 2025, encerraron a gente —muchos ya desplazados— y les prendieron fuego. Dos bebés de 3 y 5 meses carbonizados. Una madre vio morir a sus cinco hijos y se tiró del techo. Un año después, nadie condenado. El obispo lo resumió con una frase que debería avergonzar a cualquier Estado: la fuerza pública habría llegado a tiempo aunque viniera en bicicleta.
Open Doors: en 2024, más de 3.100 cristianos asesinados en Nigeria. Dos de cada tres cristianos asesinados por su fe en el mundo cayeron ahí. El Parlamento Europeo ya había contado decenas de miles desde 2009. Anagbe testificó ante el Congreso de EE. UU. Días después atacaron su pueblo. Le mataron familiares. Y el titular internacional, si es que hubo, habló de “pastores y agricultores”.
Ese eufemismo es complicidad. Boko Haram, ISWAP y las milicias fulani no discuten pastos: discuten quién manda y quién reza. También matan musulmanes que no se arrodillan. Eso no borra el patrón en el Middle Belt: ir a la aldea cristiana, masacrar, quemar la iglesia, sembrar el terror y ocupar.
¿Dónde está la ONU? ¿Dónde las marchas? ¿Dónde los hashtags? El mismo coro que convierte cada conflicto en moral universal se queda mudo cuando la víctima lleva cruz. No es olvido. Es jerarquía de cadáveres.
Anagbe no pide un tuit piadoso. Pide que dejen de mentir sobre lo que están viendo. Mientras el mundo debate narrativas, en Benue siguen cavando fosas.
El discurso de Alexander Zverev que tenés que escuchar. ❤️
🗣️ “Quiero agradecer a una persona más. Alguien que nunca ve realmente mis partidos, pero que es la persona más importante de mi vida tenística y de mi vida en general.
Cuando tu hijo de 4 años es diagnosticado con diabetes y los médicos te dicen que su vida y su práctica deportiva serán muy, muy limitadas, hace falta una madre muy fuerte para salir de ese consultorio y decir:
‘Mi hijo estará donde quiera estar. Si quiere ser tenista, será tenista. Si quiere hacer otra cosa, hará otra cosa. Pero esta enfermedad no nos va a definir’.
Mi madre es la persona más importante y fuerte que conozco. Hace falta una mujer increíblemente fuerte para hacer lo que ella hizo”.
Mi madre fregaba el cuarto de baño con Vim Clorex Verde y lejía Los Tres 7. Y le daba un golpetazo de agua fuerte. P’a desincrustar. Y salía una nube de vapor gordo rollo Fukushima que te dejaba el pelo rubio y los ojos como un conejo con mixomatosis. Tiesos de cuna pero más limpios que los chorros del oro. “Niña, le decía mi padre, no vayas a mezclar el agua fuerte con lamoniaco que te conozco. A ver si vamos a salir ardiendo o argo, joder”. Mi padre no era Lavoisier pero leía el “Muy Interesante” en la barbería y el cabrón lo mismo te hablaba de toros que de la entalpia de vaporización de lamoniaco.
En mi casa de niño también se trabajaba el Taifol y la cera Alex. Y mi madre se ponía dos trapos en los pies y se pasaba el día dándole brillo al suelo mientras andaba como Fraga. “Niña, para ya con el ejercicio, hostia, que se te van a poner las piernas como a Lejarreta”. A mí me volvía loco ver a mi madre dar Blanco España a las juntas de los azulejos mientras canturreaba La Zarzamora o la Bien Pagá, porque en mi casa de niño, por lo que sea, se escuchaba más copla gorda de celos y puñales que a Verdi. Y más a Bambino que a Beethoven. Un día mi madre se hizo socia de “Avon”, que eran mujeres con permanente que organizaban reuniones en las casas y vendían colonias que venían en botes raros y olían a puticlub camboyano. Mi padre decía que eso era una secta, “esas son del Palmar de Troya, que te lo digo yo”.
Bendita infancia.
¿Qué más puede pasar?
La crónica de una semana horribilis. Empezamos por el ministro de Interior que tiene una lista de periodistas y comentaristas señalando su adscripción ideológica. Dice que es sólo un documento de trabajo. Esto evidencia que tenemos un Gobierno que no sabe lo que es correcto y lo que es inmoral.
Seguimos con la entrevista a Sánchez en TVE, en la cual dijo que contará con el expresidente Rodríguez Zapatero para la campaña electoral a pesar de los collares y las pruebas apabullantes de sus negocios oscuros y siniestros con la dictadura de Maduro. Conclusión: a Sánchez le da igual que sepamos que todo le da igual, leyes, sentencias, tribunales y principios éticos.
Unas pocas horas después, el Gobierno desclasificó algunos informes sobre la invasión de Ceuta. Demuestran que hubo información suficiente para actuar con antelación y dejan claro que el Ejecutivo fue negligente antes de la invasión, cobarde durante la entrada de las 80.000 personas y mentiroso durante las semanas siguientes.
Por si fuera poco, dos historias más que conmocionan a cualquiera que tiene dos dedos de frente. Por un lado, el hundimiento del sistema educativo español revelado por la última edición del informe PISA.
Y, por otro lado, la consejera socialista del Gobierno autónomo vasco concede una situación carcelaria privilegiada al sanguinario etarra Henry Parot condenado por 39 asesinatos, de los cuales 11 fueron en el atentado del cuartel de Zaragoza (entre ellos, 5 niños) y también responsable del asesinato de la fiscal Carmen Tagle. Tristemente, algunos de sus compañeros actuales se ponen campanudos y sectarios a las órdenes directas del Gobierno, al que sirven con prontitud y docilidad.
En resumen, estamos viviendo en una democracia débil que está en manos de personajes autoritarios, que desdeñan los principios democráticos y carecen de cualquier fundamento moral. Ya sólo se trata de saber en el futuro qué relación ha tenido cada uno de nosotros con los protagonistas de esta demolición controlada.
El artículo 9.1 del RGPD prohíbe el tratamiento de categorías especiales de datos personales, entre las que se incluyen las opiniones políticas.
Si lo hace una empresa es una infracción MUY GRAVE con multas de hasta 20 millones de euros o el 4% de la facturación.
POLICIA POLÍTICA: ¡El Ministerio del interior espiando a loa periodistas. Creí que era broma. Jamás pensé que nuestro país caería tan bajo. Habría que denunciarlo a instancias internacionales. Mueve, por favor, el valiente tuit de @juansotoivars
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Interior hace una lista de periodistas según su afinidad ideológica. Y no pasa nada. Piden disculpas y ya está. Yo, me niego a estar anestesiado. Esto es una barbaridad.
She was 27 years old.
And in her final minutes alive, she tried to comfort everyone else.
On September 11, 2001, a young woman picked up an Airfone on a hijacked plane and spoke eight words her family has carried for the rest of their lives:
“This is going to be so much harder for you than it is for me.”
Her name was Honor Elizabeth Wainio.
Everyone called her Lizz.
Two days earlier, she had been in Paris.
She had just returned from Europe — a long-anticipated trip filled with joy. She attended a friend’s wedding in Florence. She walked the Champs-Élysées. She stepped into a church and lit a candle for her grandmother.
She once told her mother that if she ever got to see Paris, she could die happy.
She was 27. A rising district manager for Discovery Channel Stores. Driven. Organized. Warm. The kind of person who lived quickly because she believed there was so much life ahead.
On the morning of September 11, 2001, Lizz boarded United Airlines Flight 93 in Newark, bound for San Francisco.
There were 40 passengers and crew onboard.
At 9:28 a.m., four hijackers stormed the cockpit.
The plane violently dropped 700 feet. Screams filled the cabin. Passengers were forced to the rear of the aircraft.
But something happened on Flight 93 that changed history.
Through phone calls placed from seat-back Airfones and cell phones, passengers learned the unimaginable truth: planes had already struck the World Trade Center. The Pentagon had been hit.
This was not a hostage situation.
It was a coordinated suicide attack.
The people onboard understood before it was too late.
In the chaos, someone handed Lizz a phone.
“Call someone you love.”
She reached her stepmother, Esther.
Her voice, according to family accounts and later investigations, was steady. Clear. Not hysterical. Not broken.
She was trying to protect the person on the other end.
“It just hurts me most,” she said, “that this is going to be so much harder for you than it is for me.”
Pause there.
A 27-year-old woman, facing death at 30,000 feet, worried more about her family’s grief than her own fear.
They spoke for several minutes — about four, according to reports. They breathed together. There were no dramatic speeches. Just love carried through static.
Then Lizz said something else.
“I’m gonna be with Grandma.”
Her grandmother had lived near rural Pennsylvania — not far from where the plane would ultimately crash. Lizz could not have known that.
But in that moment, she found comfort in reunion.
At 9:57 a.m., passengers made a collective decision.
They were going to fight back.
Flight attendant Sandra Bradshaw told her husband she was boiling water to throw at the hijackers. Passenger Todd Beamer prayed the Lord’s Prayer with an operator and said words that would echo across a stunned nation:
“Let’s roll.”
Lizz’s final words came just before the counterattack began.
“They’re getting ready to break into the cockpit. I have to go. I love you. Good-bye.”
At 10:03 a.m., Flight 93 crashed into a field near Shanksville, Pennsylvania.
Investigators later concluded the hijackers were likely targeting either the U.S. Capitol or the White House. Because the passengers resisted, the aircraft never reached its intended target.
The 40 passengers and crew were later awarded the Congressional Gold Medal in recognition of their courage.
Today, the site is preserved as the Flight 93 National Memorial.
There stands the Tower of Voices — 40 wind chimes, each tuned to a distinct note. When the wind crosses that quiet Pennsylvania field, the chimes do not blend into one sound.
They remain separate.
Individual.
For years, Lizz’s father would call her cellphone just to hear her voicemail greeting. One day, the service was discontinued. The message was gone.
He later said losing her voice a second time felt unbearable.
At the memorial, he listens for a particular chime.
“That’s my daughter,” he says.
Honor Elizabeth Wainio’s story is not only about how she died.
It is about how she chose to live her final minutes.
She had just seen Paris. She had just lit a candle for her grandmother. She had plans. She had momentum. She had a future.
And when the worst moment imaginable arrived, she did not ask for comfort.
She gave it.
In a day remembered for smoke and terror, there were also phone calls filled with grace. There were strangers who became allies. There were ordinary people who refused to surrender quietly.
Thirty thousand feet above the earth, a young woman chose love over panic.
And because of people like her — frightened, human, brave — history shifted.
We remember her.
We remember all forty.
Cuando publicaron sus cartas se supo algo que nadie esperaba: la Madre Teresa vivió casi cincuenta años sintiendo que Dios no estaba. Cincuenta. Y siguió sonriendo y sirviendo. Eso no es fe fácil. Eso es fe de acero.
«Sí que miré la guía, pero aún así tuve dudas. Yo no trabajo aquí ni tengo por qué saberme la tramitación de memoria. Su trabajo es atenderme y guiarme si hay un error. Para eso está al otro lado de la mesa: para resolver dudas, no para perdonarme la vida».
Se quedó descolocado, volvió a decir que en la guía se explicaba bien pero ya cambió el tono y en dos minutos me explicó cómo terminar el documento.
En la administración a algunos se les olvida que sostenemos el servicio con nuestros impuestos, no somos un estorbo.
¿Os ha tocado lidiar con el típico funcionario que parece que te hace un favor por trabajar?