Je veux bien qu'on questionne encore aujourd'hui Éric Duhaime à propos de ses positions, ou celles de ses députés, du temps de la Covid. Pourquoi pas.
Mais alors, il faudra aussi questionner les politiques et les médiatiques qui ont enfermé (ou justifié l'enfermement) la population à grande échelle avec le confinement, qui poussaient à la surveillance des voisins, à la délation de ceux qui maintenaient clandestinement une vie sociale, qui nous invitaient à nous promener masqués dans la rue, et qui ne cessaient, d'une semaine à l'autre, de plaider pour une interdiction à peu près complète des interactions humaines. Ah oui, et qui ont imposé un couvre-feu en janvier au Québec, quand il fait - 20 ou - 30. À certains égards, ils furent nombreux, chez les confinistes, à être de véritables coucous.
Ou alors, on pourrait passer à autre chose et cesser de revivre en boucle les débats de la pandémie?
En 1984, un niño de 11 años fue violado durante 1 año por su profesor de kárate, el pederasta Jeffred Doucet, en California (EEUU), llegando a ser secuestrado y torturado en un motel.
El padre del menor, al enterarse, se camufló en el aeropuerto de Luisiana donde Doucet iba a ser trasladado para juicio. Cuando pasó a su lado, le disparó en la cabeza.
Al preguntarle por qué lo hizo, respondió: “No podía soportarlo, violó y torturó a mi hijo de 11 años. Si alguien le hiciera eso a tu hijo, tú también lo harías”.
Fue condenado a 7 años, pero cumplió solo 5 años de libertad condicional y 300 horas de servicio comunitario, sin entrar en prisión.
A los 67 años, en una entrevista, afirmó que no se arrepentía y que lo volvería a hacer.
El futbolista Semih Güler, con su hija en brazos: «Son como nosotros, aunque tengan un cromosoma de más. Pero son personas más bonitas que nosotros». Cada niño con síndrome de Down merece vivir y ser amado.