Dios nuestro, que en este nuevo día podamos dar pasos hacia nuestras metas, que no nos dejemos ganar del desanimo, y que podamos tener la esperanza puesta en ti. Gracias por darnos vida en abundancia para construir nuestro presente con fe. Te amamos.
Sigamos rezando por la paz. San Agustín, cuya memoria hemos celebrado estos días, decía que «la paz es semejante a aquel pan que se multiplicaba en las manos de los discípulos del Señor cuando ellos lo partían y repartían» (Sermón 357, 2). Que aumenten en el mundo aquellos que, con valentía, parten y reparten el pan de la paz, superando las divisiones, promoviendo la justicia y practicando el perdón, por el bien de todos.