Renuncié a mi trabajo después de 19 años, escribí una carta emotiva agradeciendo por todo lo que aprendí y crecí en ese tiempo, llegué de 22 años y salí de 41. Me bloquearon el correo de inmediato y ni siquiera me dieron las gracias. Así de reemplazables somos para las compañías.
Yo no sueño con casarme, yo sueño con el amor, con sentirme a salvo. Sueño con sentir en el pecho la certeza de la reciprocidad, sueño con confianza, respeto, pasión, complicidad y compañía.
Es lo que deseo para mí y es lo que merezco porque es lo que estoy dispuesta a dar.