La mayor lección que aprendí este año es que no debemos esperar de los demás la misma consideración, el mismo cariño ni la misma forma de querer que nosotros damos. Cada persona demuestra lo que siente a su manera, y aprender a aceptar eso también es parte de crecer.
Qué plena me siento. No tengo nada en contra de nadie, la vida de los demás dejó de importarme y solo me interesa cuidar la mía, mi paz y a las personas que amo y me aman de verdad.
Es domingo y mi corazón está en paz. Estoy viviendo mi vida, enfocándome en mí y alejándome de los problemas y de todo lo que no me aporta. Estoy tranquila, estoy bien y, por primera vez en mucho tiempo, no necesito nada más.
Una de mis mayores decepciones laborales fue entender que hacer bien tu trabajo y amar lo que haces no siempre es suficiente. A veces puedes esforzarte, cumplir y dar lo mejor de ti, pero también es importante sentir que encajas, que valoran tu forma de trabajar y que existe una buena conexión con quienes te rodean. Y cuando eso no sucede, puede ser difícil entender que tu esfuerzo no siempre depende solo de ti.