La final de 1986-87: la venganza de Alianza
Esta final también fue muy especial. Primero, por los contrincantes y por presentar una oportunidad de reivindicación para uno de ellos, dado lo sucedido en esa gran final de enero de 1976.
Segundo, había un detalle muy especial: enfrentaba a dos técnicos chilenos que en los 60 habían dado mucho a Alianza —uno como entrenador y otro como jugador— y que juntos habían ganado el último título albo 20 años atrás. El alumno Sepúlveda, que había retornado como DT a su antiguo equipo, se enfrentaba a su mentor y maestro Carrasco Vivanco.
Esta vez el campeón debía definirse en un solo partido. Y esta vez Águila era favorito, lo que (según entrevistas con jugadores emplumados años después), pudo haber creado exceso de confianza. Pero el factor clave en el partido fue la expulsión tempranera del volante brasileño Santana, reaccionando a una jugada provocativa, aunque haya parecido espontánea, del uruguayo Carlos Reyes (video). Aún así, Águila fue el equipo dominante en el partido.
Con todo, al final, el marcador se mantuvo 0-0 tras 120 minutos de juego, y el partido tuvo que definirse por la vía de los 12 pasos. Ahí, Alianza se impuso finalmente, siendo Carlos Reyes protagonista nuevamente, al anotar el penalti decisivo, luego de que los jugadores de Águila fallaran la mayoría de sus disparos (video).
Así, en ese ciclo de revanchas y contrarrevanchas frecuentes en el fútbol, los albos ejecutaron su venganza contra el equipo emplumado, por esa amarga derrota de enero de 1976. En el proceso, el alumno Sepúlveda le había ganado al maestro, y se había convertido, además, en el primer exjugador albo en hacer campeón a Alianza.
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LA MAYOR LECCIÓN DE ALBERT EINSTEIN.🧠
Un día, Albert Einstein estaba dando clase y escribió en la pizarra: 9x1=9, 9x2=18, 9x3=27 y siguió hasta 9x10=91. Y entonces la clase se echó a reír porque Einstein se había equivocado.
La respuesta correcta a 9x10 es obviamente 90, no 91.
Einstein espera a que todos se callen y luego dice: "Aunque analicé 9 problemas correctamente, nadie me felicitó, pero cuando cometí 1 error, todos se echaron a reír. Esto significa que, aunque una persona tenga éxito, la sociedad sólo se fijará en sus errores. Así que hoy me gustaría recordarles que los errores forman parte del proceso. Y la única persona que nunca comete errores es la que no hace nada en absoluto".
Tomado de Facebook: "Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno, sufrió un infarto y cayó. Mi padre la levantó como pudo y, casi a rastras, la subió a la camioneta. A toda velocidad, sin respetar semáforos, la condujo hasta el hospital.
Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.
Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró.
Esa noche, sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia, recordamos hermosas anécdotas y él pidió a mi hermano, teólogo, que le dijera donde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, y de conjeturas de cómo y dónde estaría ella.
Mi padre escuchaba con atención. De pronto pidió que lo lleváramos al cementerio.
"¡Papá!", respondimos, "¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!".
Alzó la voz, y con una mirada vidriosa dijo:
"No discutan conmigo, por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".
Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador. Con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos, que veíamos la escena conmovidos:
"Fueron 55 años... ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer".
Hizo una pausa, y se limpió la cara. "Ella y yo, estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo...", continuó. "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores... Hijos, ahora se ha ido, y estoy contento, ¿saben por qué?
Porque se fue antes que yo. Ella no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera...".
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado en lágrimas. Lo abrazamos, y él nos consoló: "Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".
Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, más bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas".