Biologo Marino reconvertido a la pasión por la música, amante del jazz y toda la música bien hecha. Si fuera deportista sería ciclista. Cruzado hasta la médula.
@EASFCDirect Dejen de hacer hueás que no funcionan y dediquen las pocas neuronas disponibles en arreglar las cagadas que ya tienen con las recompensas.
EL FETICHE DEL CRECIMIENTO
En Chile existe una religión económica: la adoración compulsiva del crecimiento. Sus sacerdotes aparecen cada cierto tiempo en TV, seminarios y columnas de opinión lamentando que el país ya no crezca al 7% anual como en los 90’s.
Y en esa nostalgia suelen omitir un detalle incómodo: en los noventa Chile era infinitamente más pobre, más precario y mucho más pequeño.
La memoria económica en política suele ser peligrosamente corta.
En 1973 el PIB de Chile apenas bordeaba los USD 17 mil millones. En 1990 llegaba a 33 mil millones. En el año 2000 alcanzó 75 mil millones. Para 2010 el país ya se acercaba a 218 mil millones, y en 2025 rondaba los 360 mil millones de dólares.
O sea, para poner en perspectiva, entre 1973 y 1990 el PIB se duplicó, y entre el año 1990 y hoy resulta 10 veces mayor, en un país que pasó de 10,3 millones de habitantes en 1973 a 13,4 millones en 1990 y a 19,5 millones al día de hoy. Es decir, mientras la población aumentó un 45% en estos últimos 35 años, el PIB lo hizo un 1.000%
Pretender que una economía diez veces mayor en 35 años conserve las mismas tasas relativas de expansión de hace treinta años no es análisis técnico; es propaganda.
Un 2,5% de crecimiento hoy representa muchísimo más valor económico real que un 5% en un país pequeño y subdesarrollado. Pero esa parte rara vez aparece en los discursos apocalípticos de quienes hablan del crecimiento como si Chile hubiese pasado de ser Irlanda a Haití en apenas una década.
El problema no es querer crecer más. Por supuesto que Chile debe crecer más. El problema es la frivolidad intelectual con la que algunos reducen toda discusión económica a una cifra aislada, desconectada de contexto, estructura productiva y desarrollo social.
Porque crecer no es simplemente inflar el PIB. También importa cómo se crece y quiénes capturan los beneficios de ese crecimiento.
Chile sigue atrapado en una lógica extractivista propia de economías primarias: cobre, litio, fruta, celulosa, salmones, etc. Recursos naturales exportados con escaso valor agregado. Mientras otros países desarrollan tecnología, innovación e industria avanzada, nosotros seguimos celebrando que sacamos más piedras del suelo o más toneladas desde un puerto.
En vez de discutir sofisticación productiva, capital humano o innovación tecnológica, algunos sectores vuelven a ofrecer la vieja pócima neoliberal: bajar impuestos a las grandes corporaciones. Como si la historia económica mundial no hubiese demostrado ya suficientes veces que regalar tributos a los grupos económicos no garantiza inversión, productividad y menos bienestar colectivo.
La propuesta de reducir el impuesto corporativo del 27% al 23% por 25 años parece diseñada más por un directorio empresarial nostálgico que por economistas del siglo XXI. Veinticinco años. En plena revolución de inteligencia artificial, automatización, electromovilidad y transformación energética global. Nadie serio puede proyectar la economía mundial a ese horizonte con dicha rigidez, equivale a haber diseñado en 1995 una estrategia fiscal pensando en TikTok, ChatGPT o vehículos autónomos.
Hablan de inversión, pero desprecian la educación pública. Hablan de empleo, pero consideran exagerado mejorar salarios. Hablan de competitividad, aunque tiemblan frente a cualquier discusión sobre desigualdad. Y mientras prometen prosperidad futura, el presente sigue mostrando sistemas públicos debilitados, servicios saturados y una clase media que sobrevive endeudada.
El crecimiento económico importa. Pero el crecimiento sin cohesión social termina en paisajes modernos pero carentes de humanidad.
Chile ha crecido menos de lo que muchos quisieran. Pero también ha crecido más que buena parte de economías desarrolladas comparables. La OCDE promedió cifras bastante menores en los últimos años. Esa parte, curiosamente, tampoco suele aparecer en los discursos catastrofistas. Porque en el fondo, el debate ya no es económico. Es ideológico. @MisColumnas
EL SIMIO NO ERA NEGRO, ERA NARANJO
Hay personas que creen que la civilización consiste en usar cubiertos correctos, saber pronunciar “sommelier” y tener una tarjeta corporativa con un cargo rimbombante bajo el nombre. Creen que la educación es usar corbata y que la sofisticación moral se obtiene acumulando millas LATAM y reuniones por Zoom.
Hasta que un día aparece un teléfono grabando.
Y entonces el barniz se derrite.
Eso fue precisamente lo interesante y profundamente revelador del episodio protagonizado por —Germán Naranjo Maldini—, ejecutivo chileno de una pesquera, que decidió convertir un conflicto circunstancial con un tripulante brasileño, en una exhibición pública de racismo de cloaca, homofobia de cantina y vulgaridad tribal. El repertorio incluyó insultos raciales explícitos, referencias al color de piel y, como toque final de una ópera moralmente miserable, imitaciones simiescas con onomatopeyas vocales dirigidas a un trabajador afrodescendiente.
Todo esto, en pleno siglo XXI
Lo fascinante del caso no es únicamente la ordinariez del episodio. Vulgaridad existe en todas partes. Lo verdaderamente interesante es la velocidad con que un hombre aparentemente integrado al mundo profesional descendió desde la estética del ejecutivo corporativo hacia la emocionalidad de un energúmeno prehistórico.
Porque ese es el punto incómodo de esta historia: el problema no es la falta de educación formal. El problema es exactamente lo contrario. El sujeto no proviene de la marginalidad cultural, sino del universo empresarial, de las reuniones estratégicas, de los PowerPoint con palabras como “Networking”, “Engagement” y “Benchmarking”.
Y sin embargo, bastó una situación adversa para que emergiera algo mucho más antiguo y primitivo.
Hay quienes intentaron explicar el episodio apelando al alcohol o a psicotrópicos. Una explicación tranquilizadora, casi terapéutica. Como si el racismo fuese una especie de alergia química pasajera y no una convicción degradante alojada en algún rincón profundo de la estructura mental.
Pero el alcohol no redacta pensamientos nuevos. El alcohol desinhibe. Abre compuertas. Reduce filtros. No inventa repertorios morales; simplemente deja al descubierto los existentes.
Nadie improvisa una secuencia coherente de insultos raciales en segundos si esas asociaciones no viven previamente dentro de él.
Y aquí aparece una verdad desagradable para ciertas élites latinoamericanas: hay personas que jamás dejaron realmente atrás la lógica colonial. Sólo aprendieron a maquillarla con LinkedIn, inglés funcional y camisas a medida.
El incidente además destruye otro mito bastante chileno: la idea de que el éxito económico equivale automáticamente a refinamiento humano. No. Existen individuos altamente competentes para vender pescado, administrar planillas Excel o dirigir equipos comerciales y que, simultáneamente, poseen una pobreza espiritual francamente devastadora.
La historia universal está llena de profesionales exitosos con una estructura ética miserable.
Pero quizá el detalle más brutal de este caso fue la absoluta incapacidad de comprender el tiempo histórico en que vivimos. En 2026, creer que uno puede desatar una descarga de racismo explícito en un espacio público sin consecuencias es una mezcla extraordinaria de arrogancia y estupidez estratégica.
Hoy las redes sociales funcionan como una plaza pública romana con almacenamiento infinito. Todo queda. Todo circula. Todo escala.
En apenas horas, el ejecutivo dejó de ser una persona relativamente anónima para transformarse en símbolo nacional de una forma particularmente vulgar de decadencia moral.
En su intento de degradar a otro ser humano tratándolo como un simio, terminó ofreciendo al país una demostración involuntaria de quién era realmente el espécimen primitivo que había perdido el control de sus impulsos más básicos.
El problema nunca fue el color de piel del tripulante brasileño. Al final el simio no era negro, era naranjo.
@MisColumnas
Presidente, llevamos más de 20 años trabajando en salares (biodiversidad, biotecnología, sustentabilidad). Estos temas son de importancia global porque son ecosistemas únicos y análogos de la Tierra primitiva. Los salares son más que litio.
-Ya, pero ¿cuántas pegas genera?
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MUCHA SUERTE 🍀
@cruzado_jp@ReporterCruzado Si, gracias a eso hay un tetracampeonato y es muy valioso. Pero no fue la constante en todo su período, y eso es tal vez es lo único que, desde mi perspectiva, no lo deja ser “el mejor” en la historia del club.
Don @JuanTagleQ, diferencias más o menos, desde su casi anónima labor para ser siempre locales en San Carlos, el histórico tetracampeonato y un estadio de nivel mundial, gracias por su gestión. Usted estará en el cuadro de honor por siempre.
@Cruzados#LosCruzados
Don @JuanTagleQ, diferencias más o menos, desde su casi anónima labor para ser siempre locales en San Carlos, el histórico tetracampeonato y un estadio de nivel mundial, gracias por su gestión. Usted estará en el cuadro de honor por siempre.
@Cruzados#LosCruzados
LA VERDADERA EMERGENCIA
ES EL LENGUAJE
Gobernar en gerundio, pensar en borrador. Cuando el poder conjuga mal los verbos, la realidad termina mal escrita.
Hay gobiernos que tropiezan en la gestión, otros en la estrategia, algunos en la ética. Este, en cambio, tropieza —y con estrépito— en algo más primario: el lenguaje. Y cuando la palabra falla, no solo se erosiona la forma; se desnuda el fondo.
Desde la irrupción de José Antonio Kast y su cohorte ministerial, hemos asistido a un fenómeno curioso: la progresiva degradación del discurso público. No se trata de una cuestión estética ni de elitismo retórico, como apresuradamente podrían caricaturizar algunos, sino de un problema funcional. Gobernar es, en esencia, comunicar. Y aquí, la comunicación no alcanza siquiera el umbral de lo aceptable.
Lo que en un inicio pudo interpretarse como inexperiencia, hoy se revela como una constante estructural. Ministros con posgrados —al menos en el papel— que balbucean ideas inconexas; subsecretarios que convierten el exordio en un campo minado de muletillas; vocerías que parecen improvisaciones de sobremesa mal iluminada. La pobreza léxica es apenas la superficie de un problema más profundo: la incapacidad de articular pensamiento con claridad.
Porque el lenguaje no es un adorno: es pensamiento en voz alta. Y cuando la sintaxis se desmorona, lo que cae no es sólo la frase, sino la idea misma. Escuchar a ciertas autoridades es asistir a una suerte de naufragio semántico, donde las palabras flotan sin dirección, sin ritmo, sin jerarquía. No hay cadencia, no hay intención, no hay estructura. Sólo ruido.
En columnas anteriores —pienso particularmente en aquella dedicada a la vocera Mara Sedini— ya advertíamos esta tendencia: una retórica que abdica de toda aspiración a la precisión y se refugia en una falsa cercanía, como si la informalidad fuese sinónimo de autenticidad. Pero no lo es. Es, más bien, la coartada de la mediocridad.
El caso del propio presidente Kast no es mejor, un exordio plano, simplón, facilista, un discurso poco elaborado y pobre en su contenido y técnica, en las antípodas de un estadista de verdad. No hay profundidad, no hay precisión ni conocimiento, menos agudeza ni exactitud.
El caso del hoy diputado Orrego es patético, verbaliza mal, no modula y lo peor, no logra salir del mismo lugar común cada vez que habla. Hasta para insultar se requiere cierta lucidez diría el gran Schopenhauer.
El problema no es que hablen “como la gente”. Es que hablan peor que la gente cuando la gente intenta hablar bien. Hay en ello una paradoja inquietante: quienes detentan el poder parecen haber renunciado a la responsabilidad de elevar el estándar del discurso público, optando en cambio por mimetizarse con su versión más precaria.
Se dirá —y con algo de razón— que la gestión importa más que la elocuencia. Pero esta es una falsa dicotomía. La buena gestión necesita ser explicada, defendida, persuadida. Sin lenguaje, no hay política, hay administración muda. Y un gobierno que no sabe decir lo que hace, termina no sabiendo qué hacer.
Lo más preocupante, sin embargo, no es el diagnóstico, sino el pronóstico. No hay señales de corrección. No hay autoconciencia. No hay, siquiera, incomodidad. Se habla mal con la tranquilidad de quien no percibe el error, de quien ha vivido siempre en un ecosistema donde la precariedad lingüística es norma y no excepción.
Así, el problema deja de ser individual y se vuelve cultural. No estamos ante ministros que hablan mal, sino ante una élite que ha naturalizado hablar mal. Y cuando eso ocurre, la política pierde una de sus herramientas más nobles: la palabra como instrumento de construcción común.
En definitiva, este gobierno no solo desafina: ha olvidado que existe una partitura. Y en ese olvido, cada intervención pública se convierte en una disonancia, en un ejercicio involuntario de descomposición. Porque cuando el lenguaje se empobrece, la política no tarda en seguirle el paso.
@MisColumnas
Plantel mal armado, Garnero no encuentra el equipo, Bernedo no da ninguna seguridad, lo de los laterales ya es horrible, Cuevas muy mal hoy y Cerezo intrascendente. Jimmy Martínez lo mejor. Muchas jugadores en un nivel bajo. Todo mal. Qué haremos en Libertadores? #LosCruzados
¿Y cuando empiezan a trabajar los honorables? La prensa hace/dice lo que quiere impunemente y a conveniencia de los poderes económicos que gobierna. ¿O las leyes las tenemos que hacer en la feria del domingo?
Esta noticia es mentira. No hay más palabras para calificarla. Saben perfectamente cómo funcionan estos trámites, entienden lo delicado del asunto, y aún así deciden difundir información falsa. Impresentable.
Que orgullo siento de este trabajo.
Es posible que la serie nunca vea la luz.
Sabemos como funcionan las cosas en Chile, luchamos contra lo imposible. Pero lo intentamos.
Jamás dejaré de compartir esto en honor a Margot y a mi Tere querida.
ALAS PARA MARGOT... siempre.
Hoy comienzan los Cuartos de Final de la Copa NBA, por ello..
💣💥
Vamos a sortear 5 CUENTAS DE LEAGUE PASS entre todos los que den RT a este tuit y nos sigáis a mi y a @nbapluspass1
SUERTE A TODOS 🍀
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