La felicidad es subestimada. La pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de problemas urgentes. Es un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Abrigate y ventilá la casa porque después tenés una rave de estreptococos que trajiste del laburo hacinados en tu depto herméticamente cerrado y decís que te enfermaste por el frío.