Yo voté por Abelardo. Mi esposo votó por Cepeda.
Hace cuatro años también votamos diferente. Su candidato ganó. Seguimos juntos.
Lo cuento porque desde ayer recibo muchos insultos de -odiadores- que parecen más escandalizados por un matrimonio que piensa distinto que por la incapacidad de respetar a quien no opina igual.
La democracia no consiste en que todos pensemos igual. Consiste en aceptar que el otro tiene derecho a pensar diferente.
Yo no necesito que mi esposo vote como yo para admirarlo. Tampoco él necesita que yo vote como él para apoyarme o acompañarnos en la vida.
Las elecciones terminan. Los afectos, el respeto y la vida REAL siguen. Se infartan si supieran tantos políticos que son amigos y piensan distinto.
Quizás Colombia avanzará el día que entendamos que pensar distinto no convierte a nadie en enemigo. Pilas, la violencia arranca en el lenguaje y no se olviden que la injuria, calumnia y difamación son delito.
Cepeda está haciendo un peor discurso que el de Mockus en 2010.
Pero en una cosa tiene razón... no se ha gastado un peso.
Toda la plata de su campaña la han sacado del presupuesto nacional.
@diamaov Hay en muchas casas que estas personas ayudan para ciudar gente mayor. Seguramente usted hace aseo. Igual de incoherente a la rata de su esposo.