"Una vez me pasó algo que es mucho más lindo que alguien lea un libro tuyo. Fue en una feria del libro, un chico, muy joven, se estaba robando un libro. Entonces yo me puse a hablar con el vendedor para que no lo viera, por supuesto. Y de pronto vi que ese libro que se estaba
una amiga no quería admitir que estaba enamorada de un chico con el que sale, empezó con una banda de problemas de salud, la mamá le dijo “tu cuerpo te está diciendo algo hija” y me mandó un audio diciendo “bueno quizás es mi cuerpo pasando factura así que ESTOY ENAMORADA. LISTO”
A un pibe le dijeron que por el día del niño solo le iban a dar un pantalón
Se quedo re conforme
Y después le encajaron una play 5
Me va a hace shora loco
Una mañana, mientras sacaba a pasear a este gran corazón con patas, se detuvo de golpe al pie de un arbusto. Normalmente tira de la correa con entusiasmo para correr, olfatear, explorar. Pero esa vez se quedó quieto. La mirada fija, las orejas erguidas. Y luego, muy lentamente, se acercó.
Tres pequeñas bolitas temblaban bajo las hojas. Flacas. Sucias. Abandonadas.
Apenas tenían unas semanas de vida. Dos naranjitos y un atigrado, todos apretados entre sí, buscando sobrevivir a la noche. No había una madre. Nada. Solo ellos. Frágiles. Solos. En silencio.
Quise recogerlos, meterlos en una caja. Pero él, mi perro, ese gigante a menudo torpe, se tumbó en el suelo, con el hocico pegado a ellos. No gruñó. No se movió. Simplemente se acostó allí, como si supiera que lo único que necesitaban era calor, calma, protección.
Ese día, no tomé yo la decisión.
La tomó él, por mí. Lo convencí que los iba a llevar a casa
Desde entonces, no se separan de él. Duermen junto a su cuerpo, se esconden entre sus patas, trepan por su espalda como si fuera una montaña suave y viva. Él no dice nada. Los cuida. Les deja morderle las orejas, jugar con su cola, dormirse sobre su pecho.
A veces lo observo. A él, el viejo, el rescatado de un pasado difícil. Ese perro que adopté cuando nadie más lo quería, cuando decían que era “demasiado grande”, “demasiado viejo”, “demasiado complicado”. Y ahora lo veo transformado, convertido en guardián, en punto de referencia, en un papá gigante para una pequeña camada que él mismo salvó.
No son sus cachorros. Ni siquiera son de su especie. Y, aun así, los ama como si fueran suyos. Como si en esos tres seres diminutos y perdidos, hubiera reconocido una parte de sí mismo.
Hoy son una familia.
Un rompecabezas viviente, extraño, improbable, pero perfecto. Un recordatorio de que el amor no tiene forma, ni raza, ni lógica. Solo necesita un corazón lo suficientemente grande para recibirlo.
Y el suyo… desborda. Y el mío también.
De la red
Traveled the world, but it got me nowhere. Nothing could ever compare
A kiss, a touch
A song that made me cry
And all the drugs I've done
They never got me higher
Than the first time we met