In neurosurgery, repetition changes everything.
Cadaver-based training offers structural variability, but not pathology. A new generation of simulation technologies brings pathology into training, allowing surgeons to practice real surgical scenarios in a controlled environment.
El 11 de marzo de 1955 falleció el bacteriólogo escocés Alexander Fleming, una figura clave en la historia de la medicina moderna. 🧫
Años antes había descubierto la lisozima, una proteína con actividad antimicrobiana presente de forma natural en secreciones como las lágrimas o la saliva. Pero su nombre quedaría ligado para siempre a otro hallazgo: la penicilina.
En 1928 observó por casualidad —en una placa de cultivo contaminada por un hongo— que las bacterias a su alrededor morían. Aquella observación aparentemente simple acabaría dando origen al primer antibiótico moderno y cambiaría para siempre el tratamiento de las infecciones bacterianas.
Por este descubrimiento revolucionario recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1945, compartido con Howard Florey y Ernst Boris Chain, quienes lograron aislar y producir la penicilina para su uso clínico.
Un ejemplo clásico de cómo la curiosidad científica y la serendipia pueden transformar la historia de la medicina.
Hoy recordamos a Ragnar Arthur Granit (1900–1991), fallecido un 12 de marzo. Neurofisiólogo finlandés-sueco y Nobel de Medicina (1967), fue clave para entender cómo la retina transforma la luz en señales nerviosas. Sus estudios sobre las células ganglionares y los mecanismos de la visión sentaron bases de la neurociencia visual moderna y de la oftalmología.
La forma en que hoy comprendemos el procesamiento visual debe mucho a su trabajo. 🔬👁️
@germanrenko Romperse es de humanos y lo lamentable es que quien nos rompe, es esa persona a quien le damos el poder para hacerlo. Reconstruirnos, sanarnos ( y hacerlo sin rencor ) es un gran paso. El siguiente es el aprendizaje y el volver a intentarlo. De eso se trata.
El cabo suelto de Zapatero: la firma de su chalé de Vera cobró 99.000 euros de Plus Ultra.
Una información de Pelayo Barro (@pelayobarro) y Fran Serrato (@FcoSerrato)
https://t.co/3UBiexYSYK
Your heartbeat follows your breath.
Inhale → pressure drops → heart fills more.
Exhale → pressure rises → filling shifts.
Animation based on the SciePro 3D anatomy model. More info: https://t.co/Kjymlmaxig
#anatomy#heart#lungs#physiology#sciepro
En la estructura de la psique humana existen funciones fundamentales mediante las cuales el individuo se orienta en el mundo. Entre ellas, he distinguido cuatro: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición. Hoy deseo detenerme en estas dos últimas, pues a menudo son confundidas o mal comprendidas.
La sensación es la función que nos informa de que algo existe. Es el puente directo entre el sujeto y la realidad concreta. A través de los sentidos —vista, oído, tacto, gusto y olfato— el mundo se presenta como hecho. La sensación no interpreta ni valora; simplemente registra. Dice: “esto es”. Es la función de lo inmediato, de lo tangible, de lo presente.
El individuo en quien predomina la sensación tiende a confiar en lo verificable. Se orienta por los datos, por lo que puede percibir de manera directa. Vive en contacto con lo actual, con lo físico, con la experiencia concreta. Su fuerza radica en su realismo; su limitación puede consistir en una dificultad para percibir posibilidades que aún no se han manifestado.
La intuición, en cambio, es la función que percibe posibilidades. No se ocupa de lo que es, sino de lo que podría ser. Es una percepción inconsciente, una especie de olfato psíquico que capta direcciones latentes, desarrollos futuros, significados ocultos. Mientras la sensación se detiene en el hecho, la intuición lo atraviesa y vislumbra su devenir.
El tipo intuitivo suele adelantarse a su tiempo. Percibe conexiones invisibles para otros, detecta tendencias antes de que se hagan evidentes. Pero su fortaleza es también su riesgo: puede descuidar la realidad concreta en favor de hipótesis, símbolos o expectativas.
Ambas funciones son igualmente legítimas y necesarias. La sensación nos arraiga; la intuición nos proyecta. Una sin la otra conduce al desequilibrio. Un exceso de sensación puede encadenar al individuo a lo meramente material; un exceso de intuición puede desconectarlo del suelo firme de la realidad.
En el proceso de individuación, el desarrollo armonioso exige reconocer cuál función domina nuestra conciencia y cuál permanece menos diferenciada. Aquello que no cultivamos tiende a manifestarse desde el inconsciente de forma compensatoria.
La sabiduría psicológica no consiste en elegir entre sensación e intuición, sino en permitir que ambas cooperen. Solo entonces el ser humano puede estar plenamente en el mundo y, al mismo tiempo, abierto a sus posibilidades invisibles.
Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia ✨
Una fecha que pone en valor la contribución de las mujeres que impulsan el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación.
En Daikin reconocemos el papel fundamental de las mujeres en la ciencia.