Te lloré a gritos, como si se me hubiera muerto alguien. Y sí, se me estaba yendo el amor de mi vida, y no por decisión mía. Nunca sabrás cuánto te amé en tan poco tiempo, mientras tú me dejaste atrás como si nada.
Los dos perdimos, aunque ninguno lo diga en voz alta. Dejamos ir algo que fue especial y que quizá no volvamos a encontrar de la misma manera.
Tal vez tú lo busques en otras personas y yo, por mi parte, sé que no volveré a entregar tanto de mí tan fácilmente.
Al final ambos perdimos: dejamos ir a un amor que no se repite, no se encuentra dos veces en la vida. Tú me buscarás en otros ojos, otro cuerpo, otra risa, y yo no volveré a hacer por nadie todo lo que hice por ti.