Hay batallas que no ganas respondiendo.
Las ganas ignorando, alejándote o guardando silencio.
No todo merece tu energía, aunque tu ego quiera demostrar lo contrario.
Como hombre, lo más «gangsta» que puedes hacer es enfadarte contigo mismo por desperdiciar tu potencial y, a partir de esa ira, reconstruir toda tu vida. No te conformes nunca. Estás destinado a algo más.