Absentismo. En serio, ¿Alberto? Te has pirado casi el 60% de las votaciones del Congreso de los Diputados. Y suspendiste el 2º debate de la campaña por una lumbalgia. Cuéntanos más.
⭕️Ione belarra escribió un tuit llamando "corrupto" a un juez = 9.000 euros de multa.
⭕️Hazte Oir colgó una lona gigante llamando "corrupto" al presidente del Gobierno = 0 euros de multa.
"La justicia es igual para todos"
En Andalucía, 40 personas del PP de Almería están siendo investigadas por llevarse 4 MILLONES en comisiones y contratos ilegales.
9 VECES MÁS de lo que se llevó Ábalos en comisiones. 9 VECES MÁS.
¿Veis a algún medio informar sobre ello?
Robar sale gratis si eres del PP.
La vida da muchas vueltas. Que le pregunten a Alberto González Amador.
En 2019 vivía con su familia en un piso de 90 m² en Barajas. Su trabajo como técnico en prevención de riesgos laborales no daba para lujos.
Entre 2020 y 2023 ingresó 8,1 millones de euros.
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La seleccion de fútbol de Irán llegó a México, donde se alojará durante el Mundial. Si bien jugará todos sus partidos en EEUU, Trump les negó hospedaje y los obliga a salir del país apenas termine cada encuentro. La FIFA aceptó ese acto de mal anfitrión.
"'Fue Muñecas, él personalmente, quien me agarró para hacerme la bañera, el que me interrogó y el que me golpeó. Dirigía el grupo y actuaba', denuncia Josu Arrizabalaga, de 69 años, que explica que el método de la bañera consiste en envolver el cuerpo del interrogado en una manta, atarlo de manos y meterlo dentro de una bañera con el 'agua más negra que te puedas imaginar' hasta que el interrogado esté al borde del desmayo. Aquel día era el domingo de ramos de la Semana Santa de 1976. Josu y su hermano Mikel habían sido detenidos y pasarían tres días en las dependencias de la Guardia Civil para después salir sin cargos.
'Me sacaron de la bañera y me dejaron tirado en el suelo hasta que recobré el sentido. Cuando pude ponerme de pie me ataron a una viga colgado de las esposas. Entonces empezaron a golpearme en el vientre y a interrogarme a base de preguntas de todo género. Me tuvieron colgado de las esposas desnudo durante una hora y media aproximadamente. A consecuencia de eso no sentí las muñecas durante casi un año', prosigue Josu.
Pero lo más doloroso para este hombre, según reconoce, no fueron los golpes que recibió. En la habitación de al lado estaba su hermano pequeño, Mikel, quien había sido detenido junto a él. 'Me dejaron sentado en una silla, esposado. Hasta entonces no tenía noticias de mi hermano. En ese momento es cuando empecé a oír los gritos de dolor y desesperación de Mikel. Aquello fue mucho peor que el sufrimiento de mis propias torturas. Fue verdaderamente desgarrador e insoportable', relata."
Muñecas, como Pacheco y tantos otros torturadores, morirá plácidamente al amparo del estado al que sirvieron.
El espantoso genocidio cordobés, cerca de 12.000 republicanos fueron asesinados por los franquistas
En Córdoba capital se fusilaron unas 7.000 víctimas, 100 personas diariamente, cada 3 o 4 horas, sin parar, de forma indiscriminada. Empezaban a las 3 de la mañana y los siguientes morían en el charco de sangre de los anteriores. Llegaba la mañana y continuaban ante los ojos atónitos de los vecinos. Las víctimas eran arrojadas a fosas comunes en los cementerios de La Salud y San Rafael. El exterminio comenzó con personalidades del Frente Popular, después se extendió con los fusilamientos en masa, y luego un vendaval de sangre espeluznante sumió en el pánico a toda la población, en los conocidos paseos del cortijo de El Telégrafo, carretera de Almadén, cuesta de Los Visos y en Alcoloea. Murieron concejales, ferroviarios, maestros, médicos, ingenieros…y muchos intelectuales.
De los 75 municipios cordobeses, 48 cayeron en manos de los golpistas, que realizaron más de 11.581 fusilamientos, entre los que hay que recordar el alto número de mujeres, entre ellos el triste caso de la periodista francesa Renée Laffont. Se fusilaba a personas anónimas, no aparecen en ningún registro, están desaparecidos, hay al menos, 4.000 personas asesinadas y enterradas sin identificar en las fosas comunes de La Salud y San Rafael, y sus familiares están muertos o exiliados. Mas de 80 años después de la masacre solo existe un listado que corresponde a 2.311 víctimas. A las cifras anteriores hay que añadir 1.600 represaliados en la posguerra, 220 exterminados en los campos nazis, unas 4.500 personas desaparecidas que aún reposan en fosas comunes a lo largo de la provincia. En las cárceles de la capital murieron 750 presos, hacinados en condiciones durísimas, insalubres, sin médicos, la alimentación era deplorable, los muertos se amontonaban en los pasillos, el olor era insoportable.
La represión franquista en Córdoba fue un auténtico genocidio preventivo, sin escrúpulos ni miramientos. El ejecutor fue el teniente coronel Bruno Ibañez, enviado ‘con carta blanca’ por el general Queipo de Llano; la masacre creció tras la visita de éste y del general Varela. Las derechas prepararon el alzamiento con meses de antelación, campañas de violencia callejera incluida, para promover la inestabilidad política y poner así a su favor al cuartel africanista, al casino latifundista y a la sacristía ‘cómplice e integrista’. Los fascistas mataron premeditadamente en todas partes, durante muchos años, de manera programada y ciega, en caliente y en frío. La horrible carnicería estaba programada para realizar una eliminación selectiva y sistemática del enemigo, un auténtico plan de “crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad”.
Lo ocurrido sobrepasa y desborda la capacidad de síntesis de cualquier historiador y de cualquier mente humana. Franco planeó una matanza a sangre fría, al estilo de la Solución Final nazi contra la comunidad judía, y programó su ocultación con total impunidad. Nunca se conocerán las cifras exactas porque el franquismo empleó todos los métodos posibles para borrar la huella de sus crímenes mediante la desaparición física, documental, histórica, la aniquilación de la memoria de lo ocurrido. Solo se inscribió un tercio de la matanza, el resto quedó desaparecido. El régimen franquista llegó a prohibir el luto a los familiares que estaban obligados a esconder su tragedia para poder sobrevivir.
En su avance por numerosas comarcas rurales andaluzas, las tropas rebeldes procedieron a la brutal aniquilación de numerosos integrantes de las clases medias reformistas o sectores populares izquierdistas, una represión selectiva contra los dirigentes de los sindicatos, partidos de izquierda, difusores de ideales democráticos y republicanos, jornaleros y campesinos izquierdistas. Los franquistas persiguieron, encarcelaron, ejecutaron masivamente a enemigos políticos mediante la implantación de una situación de auténtico terror, para borrar definitivamente toda idea encaminada a la recuperación o reconstrucción de un modelo de convivencia política de carácter democrático.
En poblaciones de gran envergadura, tales como Baena, Bujalance, Castro del Río, Peñarroya, Baena, Pedroches, Fuenteobejuna o Pozoblanco los tribunales y juzgados militares ordenaron miles de fusilamientos. Como consecuencia, en la provincia hay mas de 90 fosas comunes, muchas clandestinas como las descubiertas en Aguilar de la Frontera, otras en los municipios de Baena, Belmez, Lucena, Villafranca, Torrecampo, Pedro Abad, Espiel, Doña Mencía, Peñarroya, El Carpio, Bujalance, Santaella, Puente Genil, Villanueva. En la Córdoba rural, la virulencia de los consejos de guerra prosiguió tras la victoria, y durante los años 1940-41 se liquidaron a muchos republicanos políticamente significados. El nuevo Estado franquista continuó reprimiendo mediante cárceles, campos de concentración, tribunales especiales, requisos, humillaciones, nuevas ejecuciones. Eliminados los elementos más ‘indeseables’, la dictadura y sus hombres se centrarían en doblegar las esperanzas y destinos de los vencidos.
Badajoz, agosto de 1936: Cuando el diablo sonrió a Yagüe.
Campesinos que habían osado enfrentarse al feudalismo de los señoritos dando vida al sueño de la reforma agraria. José Herrera Petere: “La carne y la sangre viva, el trabajo, el sudor, las lágrimas y el hambre, salían al encuentro de la bisutería, las barras de carmín, los polvos, el colorete, las rentas artificiales, las trampas, la hipocresía”. República y al fin la tierra para quien la trabaja. Pacíficos jornaleros, a lomos de burros y pertrechados de azadas, dispararon a la tierra con sus arados en 280 pueblos, comenzando a labrar más de 3.000 fincas. Los terratenientes y sus caciques jamás les perdonaron aquella insolencia, el propósito de vivir dignamente, sin servidumbre ni amos.
El Ejército de África, el general Yagüe, las columnas de Asensio y Castejón se dirigieron a Badajoz, importante porque representaba el faro de la reforma agraria republicana. Pero Badajoz no se rendía, yunteros, lavanderas, ferroviarios, costureras, albañiles, maestras, mecánicos, criadas, médicos..decidieron resistir, defender la República. Durante días Badajoz padeció el bombardeo aéreo incesante y los obuses sembrando el terror, las columnas sublevadas habían puesto el cerco. Las milicias populares defendían la ciudad pero no llegaba artillería ni aviación de Madrid. La ciudad tenía sus horas contadas. A los republicanos les sobraba corazón, pero les faltaban municiones. La defensa heroica sucumbió. Badajoz cayó, empezó la escabechina, la carnicería más monstruosa que se pueda imaginar.
Los republicanos detenidos en la Catedral de San Juan fueron fusilados en los altares. Los arrestados por toda la ciudad congregados en la plaza del Ayuntamiento fueron ametrallados por grupos, a centenares, pero el genocidio no había hecho más que empezar: Mutilación, castración de cadáveres, ametrallamientos colectivos, saqueo indiscriminado, violaciones, degüellos. Yagüe ordenó el encierro de los prisioneros en la plaza de toros. Se entregaron invitaciones para acudir al festejo, se instalaron focos para iluminar. En los tendidos señoritos, falangistas, terratenientes, señoritas cristianas, devotas de la alta sociedad, monjas, frailes, aguardaban impacientes la orgía de sangre que se avecinaba.
Jorge Pinto, terrateniente de Olivenza hacía bailar a las mujeres antes de matarlas. El sargento moro Muley vestido de torero usaba la bayoneta como estoque contra la cara y cuello de los prisioneros. La gente de ley y orden daba olés y aplausos cuando los prisioneros eran banderilleados. El miliciano Juan Gallardo Bermejo le arrebató la bayoneta a uno de los legionarios-torero y lo mató. Se retiraron de la arena moros y legionarios y comenzó un ametrallamiento masivo. No más de 2 o 3 personas sobrevivieron de más de 4.000; se llenaron las fosas comunes.
Texto de Julián Zugazagoitia en Guerra y visicitudes de los españoles: “… Grupos de hombres, atraillados como perros de caza, eran empujados al ruedo para blanco de las ametralladoras que, bien emplazadas, los destruían con ráfagas implacables. En los tendidos, los invitados registraban con comodidad las angustias y las muecas de la inválida masa humana que, saliendo de su espanto, intentaba escapar a la condena, sin descubrir cómo ni por dónde, que la velocidad de los proyectiles era mayor que la de sus piernas endurecidas por el instinto. Su rebeldía al destino no servía para cosa mejor que para dar movimiento al macabro espectáculo. Detenidos en su carrera por unos disparos certeros, la fuerza de inercia les hacía dar unos saltos inverosímiles antes de quedar tendidos en la arena. Esos saltos agónicos, con su parábola de sangre, movían a entusiasmo a los espectadores, que aplaudían o reían, como si la escena fuese de regocijo y alegría. Desde el que corría la plaza malherido, sin otra atención que la del dolor de sus entrañas abiertas, basta el que se plantaba, con el puño en alto, frente a las ametralladoras, gritando su pasión, en forma de vítor o de blasfemia soberbia, todos dejaban en las retinas impasibles de los ejecutores y de los invitados la imagen permanente de su tortura, sin que yo conozca ácido lo bastante corrosivo que pueda hacerla desaparecer… hombres que, año tras año, nos habían dado a todos el trigo para nuestro pan, campesinos atenidos a la disciplina de la tierra, hambreados por las malas cosechas y la usura, humillados por el cacique y la Guardia Civil, castigados por las cóleras de Dios y el orgullo de los señoritos. ¡Qué tremenda y monstruosa injusticia! Nada conozco que la iguale. Los pinceles de Goya, los sólo aptos para retener una brutalidad de esas proporciones, no hubiesen encontrado los colores ni los escorzos para tema de tanto horror.”.
El periodista Jay Allen, del Chicago Tribune contó 1.200 asesinados solo el día 15, entre ellos el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero y el diputado socialista Nicolás de Pablo. El día 25 publicó: “… les llevan al ruedo, hay ametralladoras esperándoles, la sangre subía un palmo del suelo… 1.800 hombres -mujeres también- fueron abatidos en 12 horas”. Jacques Berthet, corresponsal del Journal de Genève (actual Le Temps): “… alrededor de 1.200 personas han sido fusiladas, las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre, arrestos, ejecuciones en masa en la Plaza de Toros…” Le Populaire: “… 17 de agosto. continúan las ejecuciones en masa en Badajoz, sobrepasando los 1.500, entre ellos militares republicanos, el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega, suboficiales, soldados. Mario Neves, Diario de Lisboa: “… En las avenidas principales, larga hilera de cadáveres insepultos, los legionarios y los moros encargados de las ejecuciones quieren que sirvan de ejemplo”. Yagüe lo confirmó al corresponsal del New York Herald, John Whitaker: ”Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?” En el libro “La columna de la muerte” Francisco Espinosa documenta 1.389 ejecuciones, y constata hasta 3.800. Según Paul Preston podrían ser 2.500.
La victoria final del bando sublevado y la desaparición de todos los archivos municipales y provinciales relacionados con los sucesos de Badajoz han hecho que estos jamás hayan sido llevados ante un tribunal. El partido popular, heredero directo de la dictadura, ha destinado cero euros, en sus cinco legislaturas, a todo lo relacionado con la memoria histórica. En España 140.000 personas siguen actualmente “desaparecidas”.
Matar a los ‘maricones’ salvajemente.
«A los maricones arrímalos pacá y ponlos aparte- dijo el capitán Lasso que acababa de llegar en el Correillo de Tenerife al campo de concentración de La Isleta en Las Palmas. Entonces vi a los dos muchachos flacos como tollos y llenos de sangre de arriba abajo, no atinaban a darse la mano cuando los bajaron del camión a culatazos entre las risas de los falangistas, militares y cabos de vara. Supimos días después que eran Salustiano Marichal y Gregorio Piedra, los dos vecinos de Los Realejos y La Laguna, uno director de teatro y escritor, el otro profesor de inglés en un colegio de curas de Santa Cruz. Según parece los sacaron de la isla porque la familia del primero estaba moviendo cielo y tierra pa que los liberaran, incluso su madre se había entrevistado con el general Dolla en Capitanía General, quedando todo en falsas promesas, hasta que los metieron en el barco y no volvieron más a sus casas. Eran apenas dos chiquillos de veinticinco y veintiocho años, lo supimos porque convivimos con ellos aquella noche de septiembre del 36, los metieron en nuestro barracón, que eran una chabolas rodeadas de alambradas cortantes, los atendimos como pudimos, Pedro Rodríguez que era médico en Telde, les limpió las heridas y les cogió unos puntos en la cabeza al más joven, poco más pudo hacer, estaban casi muertos. Por la mañana cuando todavía no eran las seis los sacaron a la fuerza arrastrándolos, les daban patadas y golpes por todo el cuerpo, se reían de que fueran homosexuales, les daban con varillas en muslos y piernas que ya las tenían llenas de cicatrices, luego a Salustiano le metieron una pistola en el culo y le dispararon, Felipe se volvió loco cuando lo vio muerto, los gritos se oían en todo el campo hasta que lo ejecutaron clavándole una bayoneta en un ojo…»
Testimonio de Eduardo González Marrero, preso político en los campos de concentración de La Isleta y Gando de Gran Canaria entre los años 1936-1942.
Falangistas metían ratas en las vaginas de las presas.
Testimonio de Eudaldo Felipe Nuez, desarrolló el servicio militar en el cuartel de La Isleta entre los años 1936-1938.
«(…) A las mujeres embarazadas las ponían en aquella frías camillas metálicas, las abrían de piernas, se las amarraban y les metían las ratas que traía Juan «El Cebollero» de Falange en una jaula de calandras, parecían enseñadas, porque desde que las soltaban iban directas a las vaginas, mordían un poco por fuera los labios y luego entraban muy rápidas y las devoraban por dentro. Nunca en mi vida escuché gritos de dolor tan fuertes, se me quedaron grabados en mis oídos por siempre mientras fregaba los pisos del centro de detención ubicado en la trasera de la calle Triana, allí solo llevaban mujeres a las que si eran jóvenes y bonitas las violaban, si eran mayores las colgaban por la piernas boca abajo varios días pa darles leña con las varas de acebuche y las pingas de buey. «La Casa de los Horrores» la llamaba mi primo Macario, el que fue futbolista, no podíamos renunciar a aquel horrible trabajo porque los dos eramos soldados, nos llevaban cada noche en un pequeño camión con material de limpieza del cuartel, solo sacábamos mucha sangre, sesos, trozos de vagina, pezones cortados, pechos enteros metidos en bolsas de papel. Había siempre por allí un médico de Las Palmas, se llamaba Don Antonio Marrero Portugués, se encargaba de mirarles la tensión a las que estaban casi muertas o la temperatura, todavía no entiendo que función tenía porque lo que les hacían era incurable, tal vez pa saber el tiempo que durarían vivas y seguirles haciendo daño hasta la muerte. Me acuerdo de los niños que metían en una sala contigua a las de tortura, un cuarto frío, sin muebles, donde los menores oían los gritos de sus madres, a veces llevaban alguno pa que vieran como las destrozaban y dieran algún dato de la información que pedían los torturadores. Lo que no olvido son las ratas de cloaca casi negras, sus chillidos cuando olían la sangre o las entrañas de aquellas pobres mujeres…»
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el barrio de Vegueta (Las Palmas de Gran Canaria), el 5 de julio de 1987.