-Él vio sus labios así y no pudo evitar acercarse. No era la primera vez que besaba a una mujer, claro, pero siempre tenía cuidado de no abrir demasiado la boca. Le dio un beso suave para limpiar sus labios y, de paso, también darle un poco de cariño.-
Ante su sonrisa, un leve rubor tiñó las pálidas mejillas de ella.
“Por supuesto”
Sin vacilar alargó la mano para tomar el dulce y llevárselo a la boca, causando que se ensucie un poco alrededor de los labios.
-Le regala una sonrisa. En la peliblanca hay una calma… extraña, casi necesaria para él, aunque no está acostumbrado a algo así.-
Vale… ¿quieres un bombón de chocolate?
-No te fíes. Los bombones son de la gasolinera.-
¿No me tienes miedo?
-Le resulta inquietante… fascinante, incluso, cómo hay personas que no sienten miedo. O peor aún, que no tienen instinto de supervivencia. Como si no entendieran el peligro… o simplemente no les importara.-