Alguien desde el cielo quiere que sepas que te está cuidando, que está bien y que se siente muy orgulloso/a de ti. Te echa mucho de menos, pero quiere que sigas viviendo tu vida al máximo. 🪽
Suelo decir a mis alumnos y MIPs que jamás entreguen una gasometría o la transcriban al censo insulso sin interpretarla.
Para identificar el trastorno ácido-base primario, nomás apréndanse este párrafo y en lo sucesivo todo es más fácil.
¿Por qué se suicidan los médicos?
1. Porque aprenden a salvar vidas, pero no a cuidar la suya.
2. Porque se espera que nunca se equivoquen, aunque lo humano es errar.
3. Porque la presión no duerme, pero ellos sí lo pierden.
4. Porque el sistema los explota, y luego los culpa por colapsar.
5. Porque hablar de salud mental aún se siente como debilidad.
6. Porque si reclaman lo que merecen ganar, son apartados.
7. Porque el burnout no se atiende, se normaliza.
8. Porque vivir de guardia se volvió vivir con ansiedad.
9. Porque nadie les enseña a pedir ayuda, solo a resistir.
10. Porque, muchas veces, el último paciente que pueden salvar… son ellos mismos.
En mi país no hay salud.
Soy médico. He pasado por el internado, el rural, los hospitales colapsados, y las guardias sin dormir. No necesito que nadie me cuente la situación: la he vivido. Y si algo puedo afirmar con certeza, es esto: en Ecuador, no hay salud.
El país no cuida a sus médicos. Manda a los recién graduados, sin escolta, sin garantías, a zonas controladas por el crimen organizado. En mayo de 2024, Steven Aguirre, médico rural de 26 años, fue asesinado a tiros camino a su puesto en El Empalme. Lo habían amenazado. Pidió traslado. Le dijeron que no. Lo mandaron de vuelta como si su vida valiera menos que una estadística. No fue un accidente. Fue negligencia del Estado.
Los posgradistas —los que se están formando para ser especialistas— son tratados como esclavos modernos: más de 250 horas al mes, sin sueldo, sin beneficios, sin derecho a protestar. ¿Dónde está el Ministerio de Salud cuando uno de ellos se quiebra o se quita la vida? ¿Dónde están cuando los residentes cubren guardias sin dormir, operan con guantes reutilizados o tienen que improvisar porque no hay medicación?
Y mientras tanto, la infraestructura colapsa. Los quirófanos tienen goteras. Las ambulancias no tienen gasolina. El ecógrafo no sirve. Hay hospitales en los que no hay ni jeringas. Los pacientes hacen fila desde las 3 a.m. por una consulta que quizás no llegue. Se les dice que no hay medicina, que compren por su cuenta. Que esperen. Que vuelvan. Que tengan fe.
¿Y quién se enriquece con esta miseria? Funcionarios que firman contratos millonarios por medicamentos que nunca llegan. Proveedores fantasmas. Licitaciones amañadas. Todo con la complicidad de quienes deberían fiscalizar.
Pero lo más grave no es la escasez. Lo más grave es la indiferencia. La del político que nunca ha pisado un hospital público. La del burócrata que nunca ha hecho una guardia. La de la sociedad que cree que “así siempre ha sido”.
Ya no basta con indignarse. Ya no basta con tuitear condolencias. Este nuevo gobierno tiene una última oportunidad para hacer algo real. Para proteger a sus médicos. Para reformar los posgrados. Para limpiar de raíz la podredumbre del sistema. Porque sin salud no hay país. Y hoy, en Ecuador, lo que no hay… es salud.