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Libro de Caplan El mito del votante racional
Por qué las democracias eligen malas políticas
New York Times, “mejor libro del año”
Sobre la ignorancia del votante, irracional por sesgos manipulables
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Carlos Encalada es agricultor y ganadero. Ha recorrido el Guayas trabajando y sirviendo, y por eso se ha ganado el respeto de su gente y de sus autoridades. Eso es algo que nunca entenderán quienes convirtieron el poder en abuso, la política en imposición y al Estado en un botín.
Cuando la Constitución y la ley estorban, desaparecen los límites. Las prerrogativas legislativas existen justamente para evitar esos abusos. Y usted, presidente, no representa solo a un movimiento, sino a una institución que debe ser la voz y defensora de cada legislador.
De esto escribí hace unos días. El Ecuador está como está porque nuestros gobernantes siguen estas lógicas mercantiles de la política. Que Paola busque hacer lo correcto para su provincia aun si eso le cuesta políticamente, es lo que la diferencia de Marcela, y es precisamente por lo que Paola fue reelegida abrumadoramente en su provincia y es una de las políticas mejor valoradas del país. Literalmente sobre esa lógica se fundó la Revolución Ciudadana: NADA PARA NOSOTROS, TODO PARA LA PATRIA.
La discusión no gira en torno al 70–30, sino a lo que, tras la aprobación de la ley, se está clasificando como “inversión” y a cómo esto queda condicionado al control del MEF.
#ENTREVISTA | “Únicamente se está poniendo la obligación de rendir cuentas, que también lo dice la Constitución”, dijo Enrique Herrería, secretario Jurídico de la Presidencia, sobre la Ley de Gastos para Municipios y Prefecturas
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Lo confirma el juez Serrano, si hubo presiones para beneficiar a procesados en caso de lavado de activos, Godoy no debería seguir un día más al frente del máximo órgano administrativo de la justicia de este país.
Felipe Rodríguez abogado, confirma lo que en este país ha sido en los últimos años un secreto a voces, Diana Salazar usó la fiscalía para perseguir adversarios del poder político de turno. Su figura de supuesta abanderada de la lucha contra la corrupción ha sido un fraude.
Topic está demostrándole a todo el país que este gobierno no solo es incompetente, sino que tambien es cómplice. Porque es imposible que Topic pueda triangular toda la información sobre dónde viven y cuáles son las rutas de los narcos, y que el Gobierno no pueda o no lo sepa.
Mi lectura de lo ocurrido en Venezuela en clave de fría geopolítica:
1. El derecho internacional ya no existe. Mucho menos aquello del mundo basado en reglas. Había muerto en Gaza y ahora Trump lo confirma en su "patio trasero". Lo que impera ahora, con respecto a la relación de las potencias con sus esferas de influencia, es la fuerza. En cuanto a América Latina volvemos al marco de finales del siglo XIX y principios del XX: una zona de intervención estadounidense de conformidad a sus intereses geopolíticos fundamentales. En un momento donde el imperio del Norte vuelve a centrarse en aquellos recursos que necesita de su espacio geográfico inmediato: petróleo, minerales, tierras cultivables, agua y posiciones estratégicas (puertos, cruces marítimos, etc.).
2. En el mundo solo hay tres potencias realmente soberanas: Estados Unidos, China y Rusia. Soberanas en el sentido de que pueden actuar con autonomía a nivel geopolítico, esto es, sin necesidad de autorizaciones. Al tiempo de que disponen de los recursos efectivos (armamento y tecnología), profundidad estratégica (territorio, población e historia) y alianzas internacionales para hacerlo. Una de esas potencias, la todavía más militar y económicamente decisiva, está dirigida por un tipo al que no le importa ni el derecho internacional ni la democracia (ni siquiera en su propio país). Las otras dos, una en plena emergencia (China) y la otra existencialmente amenazada en su esfera de influencia (Rusia), por simple correlación y lógica van a actuar en consecuencia. Por ahora, especialmente en sus esferas de influencia.
3. Ucrania y Taiwán deben estar muy preocupados. La resolución de sus contradicciones con Putin y Jinping, respectivamente, no se solucionarán por vías "democráticas" ni basadas en el ya inexistente derecho internacional. A la vez de que por sí solas no tienen con qué responder en una eventual situación de verdadero asedio por parte las dos potencias que las rodean. Máxime Taiwán que cultural e históricamente es parte de China.
4. América Latina está condenada a ser un vulgar enano geopolítico. Esto lo digo al ver cómo las derechas y élites dominantes celebran una violación tan flagrante como la que acaba de hacer el EE.UU. de Trump en Venezuela (un país hermano). Las acusaciones contra Maduro y la cúpula chavista son ridículas. Venezuela, dicho por la ONU, desempeña un rol marginal en el narcotráfico internacional. No es en ningún caso un actor clave en ese terrible negocio internacional. Atacaron por el petróleo. Lo cual entraña el problema de que si hoy justifican un ataque bajo falsas premisas contra un país hermano, después otro presidente de EE.UU. (a Trump le quedan tren años ahí) puede hacer lo mismo esbozando otra excusa. He ahí la gravedad: que volvamos a ser una zona de intervención militar directa. Las derechas latinoamericanas nunca han entendido de soberanía. Menos ahora que han girado al ultraderechismo irracional. Fíjense en cómo el enfermito Milei está celebrando. No entiende que eso le gusta ahora porque lo hace un ultraderechista de turno en el Norte, pero mañana puede hacerlo un demócrata "woke" contra la propia Argentina en nombre de cualquier otro invento y ahí no celebrará (cuando digo mañana no es en sentido literal, puede ser dentro de décadas. La cuestión es que queda fijado el precedente. Señalo esto porque en estos tiempos de declive cognitivo hay que precisar hasta lo elemental).
Rápidamente una clave de política interna de Venezuela: la aparente salida de Maduro, según lo que se dice a esta hora, sea por arresto o porque se trasladó a otro país, llama mucho la atención...No luce creíble que una operación como esa se haya hecho sin muertos ni heridos. Parece todo muy ensayado. De momento, el hecho concreto es que el chavismo sigue dirigiendo. Y que los militares también continúan al mando. Todo por ahora. Veremos más adelante qué pasa.
Putin hace lo que quiere con Ucrania. Trump hace lo que quiere con Venezuela. Falta ver qué quiere China con Taiwán. Bienvenidos al regreso de los imperios. Porque como dijo Tucídides: "Los poderosos hacen lo que quieren, los débiles hacen lo que pueden".
No hace falta que te guste Maduro para que te parezca una barbaridad que EE.UU. invada países y secuestre presidentes (por muy despreciables que sean).
Solo hace falta que defiendas el derecho internacional y te preocupe que Estados Unidos se comporte como un matón que interviene donde quiere sin ni siquiera aprobación de su propio Congreso.
Antes de que llegue la justificación de "lucha contra el narco" (hace años fueron las armas de destrucción masiva), recordad que Trump acaba de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras condenado a 45 años por meter 400 toneladas de cocaína en EE.UU.
El mismo Trump que dice invadir Venezuela "para combatir el narcotráfico".
Les da igual la droga. Quieren petróleo, poder y control de América Latina.
La película Núremberg pega donde más duele: no en el dato histórico —que ya conocemos— sino en el momento exacto en que el derecho se queda sin barandal. La cámara no solo retrata ruinas y uniformes; retrata algo más inquietante: un mundo que quiere castigar lo indecible, pero descubre que su caja de herramientas jurídica fue diseñada para delitos “normales”, no para una industria del exterminio. Y ahí aparece la pregunta que la película deja flotando como humo: ¿qué hace el derecho cuando el mal ya ocurrió y el lenguaje legal todavía no existe para nombrarlo?
Desde lo estrictamente jurídico, el tribunal que vemos (y lo que simboliza) es un choque frontal con garantías que hoy tratamos como sagradas: legalidad penal, juez natural, no retroactividad, debido proceso sin sombra de “vencedores”. La película lo sugiere sin dar clase: el juicio es, a la vez, un intento de civilización y un acto de poder. Se siente el filo de esa contradicción: si aplicas las reglas como si nada hubiera pasado, abres la puerta a la impunidad; si las rompes “por justicia”, inauguras un precedente peligrosísimo. Lo más perturbador es que ambos caminos tienen costos morales. La película te obliga a mirar ese costo a los ojos.
Y, sin embargo, lo más grande de Núremberg está en lo humano: no está juzgando solo a unos hombres, está juzgando una época que aprendió a matar con sello oficial. El nazismo no fue solo clandestinidad; fue burocracia, papeles, órdenes, rutina. La película deja una lección que sirve hoy, aquí: cuando el Estado se convence de que su idea de justicia vale más que las garantías, empieza a fabricar monstruos “legales”. Núremberg no debería inspirarnos a saltarnos las reglas; debería obsesionarnos con algo más difícil: construir un derecho que llegue antes del horror, no después, y que no necesite volverse excepción para poder ser justicia.