• St. Padre Pio says:
"Let us always keep before our eyes the fact that here on earth we are on a battlefield and that in Paradise we shall receive the crown of victory; that this is a testing-ground and the prize will be awarded up above!"
The Society of Saint Pius X is entirely justified in invoking the state of necessity to confer episcopal Consecrations without a papal mandate. And were their revered Founder still among us today, he would certainly regard these Consecrations as indispensable, not only for the survival of the Society but also, and above all, for the defense, on behalf of the whole Church, of the Depositum Fidei, the Priesthood, and the Catholic Mass, thereby ensuring an Apostolic Succession untainted by doubtful rites or heretical doctrines. Indeed, it would hardly be Catholic to show greater concern for one’s own Institute than for the entire ecclesial body, and the state of necessity invoked for the good of souls would lose its legitimacy were it to concern merely the “salus Fraternitatis”.
If Archbishop Lefebvre was already denouncing conciliar deviations during the time of John Paul II, today he would undoubtedly denounce the synodal apostasy with even greater vehemence. Yielding to Rome’s threats or blandishments has already proven to be a ruinous and losing course of action; the defectors who left for the Fraternity of St. Peter know this well, as the promises made to them before they departed Ecône have been largely left unfulfilled.
In the wake of “Traditionis Custodes” – which remains fully in force – it would be even more reckless to heed the call made by Cardinal Müller at the recent Consistory to replicate the coercive mechanism of the Ecclesia Dei Motu Proprio, which grants liturgical freedom in exchange for doctrinal and moral submission to Vatican II and its synodal iteration.
https://t.co/TckLwsqBAV
A Synodal Church will make it much easier to overturn “the entire moral order by permitting individual (subjective) conscience to reign supreme over objective moral law.” https://t.co/6lea8CYZ9N via @CrisisMag
CUESTIONES LEFEBVRIANAS
Varios de mis lectores me han preguntado acerca de las próximas consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Pues bien, he aquí mi posición, expresada pedagógicamente en forma de preguntas y respuestas:
1. ¿Pecarán mortalmente los lefebvrianos con estas consagraciones episcopales?
— No, en absoluto.
2. ¿No es un acto cismático?
— No, formalmente no lo es.
3. ¿Por qué formalmente no lo es?
— Porque, para que se produzca un «cisma perfecto», es necesario que exista una clara intención de realizar un acto cismático y de constituir, con los nuevos obispos, una jurisdicción jerárquica paralela a la existente en la Iglesia católica romana. Ahora bien, en este caso, no se dará ni una cosa ni otra.
4. ¿Puede ser, al menos, un acto de desobediencia?
— Sí, en efecto, lo es, al menos materialmente, ya que Roma no quiere que dichas consagraciones se celebren.
5. ¿Entonces, pecan mortalmente por desobediencia?
— Tampoco, porque, en este caso, la intención de la autoridad de la FSSPX, de los consagrantes y de los futuros consagrados parece recta. Ellos invocan el «estado de necesidad», que justificaría la «desobediencia material». Al respecto, no tenemos razones objetivas para dudar de su conciencia ni de su recta intención, que es el bien de las almas a las que asisten.
6. Pero se producirá la excomunión «latae sententiae», es decir, automática e inmediatamente, ¿verdad?
— Desde una perspectiva canonística, sí, pero, bajo mi modesto punto de vista, dicha excomunión será nula; creo que hay razones teológicas y iusfilosóficas suficientes para concluir esto, aunque sé que gran parte de los canonistas me lo negarán desde una visión puramente legalista. Sin embargo, pienso que, además de darse como motivo fundamental el «estado de necesidad», la «razón formal» por la cual debería producirse efectivamente dicha pena falla, dado que no hay intención objetiva de cisma formal ni se creará una jurisdicción paralela, repito.
7. ¿Recibió Mons. Lefebvre la pena de excomunión?
— Sí, como seguramente la recibirán estos obispos, pero también su excomunión fue nula, ya que, en el plano sobrenatural del Cuerpo Místico, ese obispo nunca dejó de estar en comunión con la Iglesia.
8. ¿Qué quiere decir con esto?
— La esencia de la comunión es triple, a saber: doctrinal, sacramental y jerárquica. Estimo, pues, que el obispo Lefebvre y, por extensión, la FSSPX, no negaron ninguna de estas tres «dimensiones esenciales» de la comunión eclesial.
9. ¿La FSSPX está en comunión doctrinal?
— Por supuesto, no ha dejado de enseñar lo que la Iglesia ha creído siempre.
10. ¿Pero los lefebvrianos no están siempre poniendo en cuestión los documentos del Concilio Vaticano II?
— No hacen una enmienda a la totalidad, como la gente comúnmente cree, habida cuenta de que, en sus textos, existen elementos que forman parte del «depositum fidei», pero abordan, con espíritu crítico, ciertas cuestiones «delicadas», en las que resulta legítima la discusión teológica.
11. ¿Cómo puede decir esta barbaridad?
— La puedo decir porque la «naturaleza» misma del Concilio me lo permite.
12. ¿Qué quiere decir usted con esto?
— Quiero decir que el Vaticano II fue un concilio de «naturaleza pastoral», no dogmático, y, por lo tanto, no gozó del carisma de la infalibilidad, porque, en ningún momento, se quiso definir o condenar nada de modo infalible; ésta fue la decisión expresa de la mayoría de los padres conciliares. Sin embargo, en la época posconciliar, pese a esta «naturaleza pastoral», algunos pretendieron convertir dicho concilio en «superdogma».
13. ¿Superdogma? Esto es una falta de respeto. ¿Por qué está utilizando la narrativa lefebvriana?
— Estoy empleando, de hecho, las mismísimas palabras de Joseph Ratzinger, quien, en una visita a los obispos de Chile (1988), utilizó estos mismos términos.
14. Por otro lado, ¿es cierto que la FSSPX está en comunión sacramental?
— Sus sacramentos no sólo son válidos, sino que se celebran según los ritos tradicionales que la Iglesia ha empleado desde tiempo inmemorial.
15. Pero resulta evidente que la FSSPX no está en comunión jerárquica, ¿verdad?
— Pese a que, a nivel canónico, su «situación institucional» es irregular e imperfecta, la Fraternidad no deja de reconocer al papa de Roma como supremo pastor de la Iglesia universal. De hecho, también reconoce y respeta la jurisdicción de todos los obispos del orbe católico.
16. ¿Deme una prueba de lo que está diciendo?
— En cada misa de la FSSPX, sin excepción, los sacerdotes nombran, en el «canon missae», al papa y al obispo del lugar.
17. ¿No es éste un argumento muy débil?
— Por Dios que no lo es. La manifestación más formal y pública del reconocimiento jerárquico se da precisamente en la santa misa, concretamente en el canon.
18. ¿Es usted lefebvriano o filolefebvriano?
— Ni una cosa ni otra, señor; yo voy por libre. Simplemente soy católico y, como tal, tengo espíritu crítico, o sea, la buena costumbre de emplear la razón y el juicio de discernimiento.
19. ¿Pero parece que usted está en todo de acuerdo con la FSSPX?
— No, no lo estoy. En ciertas actitudes y cuestiones no estoy de acuerdo, pero éstas, bajo mi punto de vista, son secundarias y accidentales. En lo «esencial», estoy al 100% de acuerdo con la Fraternidad y, por lo tanto, no contribuiré a su injusta y desproporcionada «demonización» pública.
20. ¿Me puede decir qué es lo esencial?
— Lo «esencial» es su «catolicidad». Punto final.
21. ¿Pero no le preocupa el «escoramiento» de los lefebvrianos?
— Me preocupa más la caterva de heterodoxos, blasfemos y sacrílegos que hay por doquier, especialmente en Alemania. También me inquieta la doble vara de medir que parece existir a la hora de aplicar penas y censuras por parte de la autoridad eclesiástica.
22. Entonces, ¿qué solución ve usted al actual problema lefebvriano?
— Primeramente, creo que Roma debería ser benevolente y aceptar formalmente la consagración de estos próximos obispos, al mismo tiempo que debería reconocer los frutos espirituales del apostolado de la FSSPX. Creo que éste sería un verdadero gesto de misericordia y de inteligencia; ambas cosas no son excluyentes.
23. ¿No teme que, por estas opiniones, lo critiquen? No, porque soy sacerdote de la Iglesia católica, no el pastor de una secta, y, por ende, con respeto puedo y debo desplegar, en mi vida de fe, la verdadera libertad de los hijos de Dios.
Dr. Mn. Jaime Mercant Simó
------------------------------
Imagen ilustrativa: Las cuatro consagraciones episcopales de manos de Mons. Marcel Lefebvre y Mons. Antônio de Castro Mayer (30 de junio de 1988, Écône, Suiza).