🔴 #ALERTA L'home pakistanès detingut i posat en llibertat per atacar dues dependentes amb un ganivet a Amposta va marxar ahir del municipi en un autocar cap a #Barcelona. El jutge no va imposar cap mesura cautelar ni va fer cap informe psiquiàtric. Tornarà a fer mal. @elcasocat
3. us deu estranyar que escrigui ‘ora’ i no pas ‘hora’. El substantiu ‘ora’ es refereix a un ventet suau, al bon temps meteorològic; en deriva ‘oratge’, que n'és un sinònim. No es refereix a la unitat de temps equivalent a 60 minuts.
Gràcies de fer córrer aquestes publicacions!
Així s’han trobat el refugi 🏠 d’emergència de Besiberri la gent de la SAM Tremp en la seva visita al refugi 🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬
😱 És una VERGONYA no respectar unes instal·lacions públiques com aquestes.
✅Els refugis d’emergència són espais vitals per la gent que fa muntanya i en cas de produir-se una emergència i poder trobar refugi.
✅També els utilitzen els equips de rescat dels @bomberscat i dels @mossos
✅Les entitats de la FEEC són les encarregades de vetllar per l’estat dels refugis i imatges com aquestes són molt preocupants.
✅Us demanem que tingueu cura dels Refugis d’Emergència i que NO els utilitzeu si no és en un cas de necessitat.
🏔️Gaudir de la muntanya amb respecte i seguretat és feina de tothom.
#sentlamuntanya #sommuntanya #refugisfeec
Desastre per als kurds de Síria. Perden el control de Raqqa, l’antiga capital del califa de l’ISIS, que torna a estar sota les milícies d’Estat Islàmic i del govern integrista de Damasc, amb el suport de la Unió Europea de @vonderleyen i @eucopresident.
Terratrèmol a l’Afganistan: homes salvats a corre cuita, dones abandonades sota la runa.. I és que els homes no poden tocar les dones. Fins i tot, alguns arrosseguen les víctimes estirant-les per la roba per evitar el contacte. El meu article, aquí: https://t.co/3EQH8etXtt
Four Years of Darkness: Taliban’s War on Girls’ Education and the Silence of the World :
It has now been four long years since the Taliban group shut the doors of schools and universities to Afghanistan girls and women. What began as a so-called “temporary suspension” has become a systematic erasure of half of Afghanistan’s population from the right to education, work, and public life. Generations of girls have been trapped in their homes, robbed of their dreams, and condemned to a life of forced silence and dependence.
The international community and the United Nations have repeatedly issued statements of condemnation. Reports, resolutions, and carefully worded declarations appear on white paper, but they remain just that—paper. For Afghanistan women, these symbolic gestures have done nothing to break the chains of Taliban-imposed apartheid.
In the meantime, some European governments are quietly engaging with the Taliban behind closed doors. Under the guise of pragmatism or “humanitarian diplomacy,” backchannel negotiations are taking place with the very group responsible for one of the most systematic campaigns against women’s rights in modern history. Such interactions whether for counterterrorism concerns, migration control, or regional security risk granting the Taliban de facto legitimacy while Afghanistan women remain voiceless prisoners in their own country.
This grim anniversary serves as a painful reminder: international passivity has consequences. Each day that passes without action cements the Taliban’s gender apartheid and deepens the suffering of millions of Afghanistan girls. Words of condemnation must be replaced with concrete measures: political isolation of the Taliban, international legal accountability for gender persecution, and unconditional support for Afghanistan women’s movements both inside and outside the country.
History will judge not only the Taliban’s brutality but also the world’s silence and complicity. Four years of closed doors is four years too many. The time for empty statements is over the time for meaningful action is now.
#Right_justice_Freedom
@heatherbarr1@marziababakarkh@SR_Afghanistan@salemergui@parwananijrabi@JoWadephul@Lena_Reiner@LinaRozbih@Markus_Soeder@UN@Sahar_fetrat
Llum a Endesa. Les factures pujaven molt. Lectura estimada, errònia.
20 queixes, dos operaris a comprovar.
15 mesos després, m'han donat la raó.
Mentrestant, assetjament dur amb sms i trucades d'"empresas de cobros". Si hagués claudicat, m'haurien fotut 500€ de més.
Lladres.
Estudiants brillants que no poden estudiar medicina. Les poques places a les facultats catalanes plenes d'estudiants d'altres Autonomies. I una falta de metges que obliga a importar professionals d'arreu del món. Article al @DiaridTarragona.
Els maquinistes que no s’han presentat haurien d’anar directes al carrer. Però són una espècie protegida del règim, així que malgrat afectar a la vida de milers de persones i d’empreses, no els hi passarà res.
“España: una, grande y de via única”
Domingo.
Me levanto con un párpado inflamado. Un rollo, pero nada grave; ya me pasó el año pasado en Coímbra. Entré a una farmacia, me dieron una pomada y, en dos días, ventilado.
Voy a una farmacia santanderina y pido la pomada.
—¡No tan deprisa, forastero! —me dice simpático el farmacéutico—. Esa pomada tiene antibiótico y solo puedo dispensártela con receta.
No pasa nada —me digo—. Tenemos una de las mejores sanidades del mundo.
Desde el coche intento pedir cita por internet en mi centro de salud. Hay un hueco dentro de tres días, pero creo que para entonces tendré el ojo bastante peor. Pido auxilio por teléfono a un amigo médico:
—Ve a Urgencias y allí te darán la receta.
—Lo mío no es una urgencia —pienso— pero necesito la pomada.
Arranco el coche, cruzo la ciudad y aparco en el hospital Valdecilla. Intento ungirme de paciencia. Tras un par de patéticas horas en una sala de espera congestionada, vuelvo a escribir a mi amigo.
—¡A Urgencias del hospital no, hombre, que está lleno! Tienes que ir a Urgencias del centro de salud.
Yo me acuerdo del chiste aquel: «La experiencia es eso que obtienes justo después de haberlo necesitado». Resignado, pago el tique del aparcamiento y cruzo de vuelta la ciudad. Consigo aparcamiento cerca del centro de salud.
Entro. En el vestíbulo, al otro lado del mostrador, una señora charla animadamente con el vigilante de seguridad. Cuando me aproximo, me pregunta qué me pasa. Yo dudo si contarle mi problema. ¿Es médico esta señora? ¿Debo comentarle un asunto de salud personal ante el vigilante de seguridad?
—¿Qué te pasa? —me apremia mientras yo pensaba todo aquello.
—Tengo un párpado inflamado y…
—No; no me cuentes los detalles… tú necesitas una receta, ¿sí? —me interrumpe.
—Exacto.
—Pues pasa a la sala —me dice mientras teclea algo en el ordenador.
Es una de esas tardes tontas de invierno. Creo que hay partido de fútbol. La sala de espera está vacía. Cuando llevo diez o quince minutos, una puerta se abre. Otra señora, o quizá era la misma, se me acerca.
—Vas a tener que esperar un poquito, que la doctora está comiendo.
—No pasa nada; tampoco tengo prisa… —contesto sintiéndome instantáneamente imbécil al constatar que no he podido comer yo.
Tras cincuenta minutos de espera oigo al otro lado de la pared un alarido gutural:
—¡JAIMEEEEE!
Me incorporo, me atuso el flequillo con los dedos y aclaro la voz dirigiéndome con paso seguro a la caverna.
—¡JAIMEEEEEEEEEE!
—¿Estoy en la sanidad pública o en Cabárceno? —me pregunto al cruzar el umbral de la consulta.
—Bue…
—¡Dime!
—…nos días.
Supongo que era doctora, aunque no llevaba bata. Me miraba sentada, inquisitiva y con ambas manos al teclado del ordenador, mientras yo aguardaba de pie que me concediese la cortesía de invitarme a tomar asiento.
La cortesía no llegó e hice «timeout». Yo empezaba a sentir las pavorosas llamas de un incendio crecer dentro de mí.
—Disculpe; voy a cerrar la puerta, voy a tomar asiento, y después le explicaré qué me trae aquí.
Y así, a puerta cerrada y sentado frente a la doctora, le expliqué que me había levantado con un párpado inflamado. Ella tecleó algo en el ordenador.
—Vale; ya lo tienes.
—¿Cómo?
—Que ya lo tienes en la receta electrónica. Vas a una farmacia y te dan una pomada.
—Ah, ¡gracias!
Pero me pudo esta tontería mía de no resignarme al delirio e intentar mejorar cómo funcionan —funcionar es mucho decir— las cosas.
—El año pasado me sucedió esto mismo en Portugal y me dieron la pomada en la farmacia. No tuve que venir a Urgencias, ni consumir recursos de la sanidad pública, ni perder el ti…
—Ya, pero es que Portugal es otro sistema.
—Lo sé. Lo que quiero decirle es, ¿no serías más eficiente para el Sistema y para mí, al menos para este caso, hacer lo que hace Portugal?
—Pero es que son leyes. Y a veces son absurdas, pero son así y tenemos que seguirlas. Tampoco puedes comprar paracetamol de un gramo sin receta pero, en cambio, puedes comprar el de 500 mg y tomar dos, que es lo mismo. Es absurdo, pero son normas y hay que cumplirlas.
Yo quería explicarle a la doctora que esas normas no están cinceladas en piedra y que se pueden cambiar. Quería explicarle que en aquella consulta, yo era el usuario y ella la representante del Servicio Cántabro de Salud. Quería explicarle también que existen procedimientos administrativos internos por los cuales ella puede canalizar mi sugerencia de mejora para que, algún día, Dios sabe qué gerifalte la tenga en cuenta cuando toque actualizar las normas. Quería explicarle a la doctora muchas cosas, pero ella me despedía con la mirada y yo me había puesto inconscientemente de pie, deseando largarme cuanto antes de allí.
¡Al menos ya tenía la receta! Ensillo nuevamente a Rocinante y jineteo de vuelta a la farmacia de guardia. Aparco malamente en una parada de autobús. Enciendo las luces de emergencia y entro corriendo.
—Quería un medicamento que tengo en mi receta electrónica.
—Dígame su número de tarjeta sanitaria.
Deletreo la retahíla mientras el chico teclea en el ordenador. Yo miro el coche de reojo.
—¡No te preocupes! Cuando hay partido la policía no viene hasta aquí —me dice simpático.
Pero el farmacéutico frunce entonces el ceño.
—Vaya… tenemos un problema.
—¿Hay que perdirla al almacén?
—No, no es eso… el médico te ha puesto pomada para uso tópico, y esa no te vale para los ojos.
—Ya veo que la policía no es lo único que no funciona aquí.
—Pero no te preocupes… puedo hacer un truco y yo te doy la pomada correcta. Aunque, claro, tendrás que pagarla entera. Si la receta estuviese bien sí te entraría por la Seguridad Social.
En Coímbra, en la plaza del Ocho de Mayo, hay una pequeña farmacia que hace esquina. En agosto entré y expliqué en castellano que tenía una párpado inflamado. Me dieron al momento una pomada y, en dos días, ventilado.
Y escribo esto preguntándome cuántas horas, cuántos millones de horas productivas anuales perdemos los españoles en laberintos burocráticos así.
Lo del spam telefónico que estamos viviendo últimamente es una barbaridad. He tenido que silenciar las llamadas de los números que no tengo en mi agenda porque a diario llaman varias veces contestadores automáticos intentando estafarme. ¿Nadie está trabajando en arreglar esto? 🫤
En moments delicats, com quan vas el metge, hom s'expressa millor en la seva llengua materna. Saber castellà no vol dir res. Ni sé com s'anomenen els mals que puc tindre en castellà ni moltes parts concretes del cos. Un metge que no parla la llengua del pacient és un veterinari.