Vamos por ti, 'pequeño diablillo'.
Gracias, @TolucaFC. ¡Suerte en @TheChampions!
Y después, ¡que sea un gran partido por el Campeón de Campeones frente a mi querido @CruzAzul!
Bajo la plegaria de “Hágase, Señor, tu voluntad en los bueyes de mi compadre”, el Congreso de la Unión volvió a demostrar que la austeridad es una doctrina que sólo aplica para los otros. Mientras el país se hunde en carencias hospitalarias, inseguridad y precariedad, las diputadas y los diputados federales decidieron blindarse en su propio confort: mantendrán para 2026 sus salarios, privilegios y seguros privados. No habrá sacrificio, no habrá empatía, no habrá decoro. Habrá, eso sí, dinero público para seguir financiando una vida de privilegio disfrazada de servicio público...
¿Para cuándo la primera piedra de un estadio propio, además del 10 de diciembre en la Ciudad Cooperativa Cruz Azul?
Si en la CDMX no hay opción, en el Estado de México, en los límites del área metropolitana, hay opciones viables.
@CruzAzul@Victor_VelRan@lacruzazul
EXCLUSIVA🚨💣
CRUZ AZUL NO JUGARÁ EN EL OLÍMPICO EN EL 2026.
Tenían un acuerdo con la UNAM, pero a seis días del arranque de torneo decidieron no renovar el contrato de @CruzAzul.
VOLVERÁ AL CIUDAD DE LOS DEPORTES PARA EL PRIMER SEMESTRE DE 2026.
El dato es brutal y no admite maquillaje: mientras el promedio de la @ocdeenespanol gasta casi 12 mil dólares al año por cada niña y niño en primaria, México gasta menos de 3 mil. No es un matiz, no es un ajuste fino: es una brecha estructural. Países comparables invierten cuatro, cinco, hasta ocho veces más. Y luego nos sorprendemos del rezago, de la desigualdad y del abandono escolar.
No se trata sólo de dinero, pero sí de piso mínimo. Con ese nivel de gasto se pagan sueldos precarios, grupos saturados, escuelas sin agua, sin baños dignos, sin apoyo psicológico, sin atención temprana. El sistema educativo mexicano opera permanentemente en modo carencia. No es que “no funcione”: es que lo obligamos a funcionar con lo indispensable para sobrevivir, no para formar personas libres y capaces.
La discusión educativa en México sigue atrapada en consignas y ocurrencias, mientras el dato central grita una verdad incómoda: no hay derecho a la educación sin inversión real. No es ideología, es aritmética moral. Un país que invierte así en su infancia no está apostando al futuro: está administrando el rezago. Y luego se pregunta por qué la desigualdad se hereda.