Nos alarman con una fábrica china en Ferrol mientras llevamos décadas entregando a Estados Unidos nuestras comunicaciones, nuestras búsquedas, nuestros datos, nuestras transacciones y hasta infraestructuras estratégicas enteras.
Mucha gente acepta la vigilancia total porque cree que mientras obedezca no tiene nada que temer. Hasta que un día cambian las reglas, ensanchan el delito, retuercen el lenguaje y de pronto “malo” ya eres tú.
Hace 54 años, el Mossad asesinó en Beirut a Ghassan Kanafani y a su sobrina Lamis con un coche bomba.
No mataron solo a un escritor palestino. Intentaron silenciar una voz. Pero fallaron: Kanafani sigue hablando cada vez que Palestina se escribe, se resiste y se recuerda.