Irán es un ejemplo de la dignidad de un pueblo frente al Imperio.
Su desarrollo tecnológico soberano permitió reducir la enorme asimetría militar, su pueblo resistió en unidad la guerra psicológica y la desinformación, y su planificación estratégica respondió a la presión financiera y económica de EE.UU.
El Imperio puede imponer sanciones, amenazas y guerras, pero no puede someter la voluntad de un pueblo soberano, porque mientras se desgasta en las guerras de armas; Irán demuestra que la soberanía también puede ganar la guerra económica.