Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
Últimamente siento que estoy emocionalmente peor que nunca, y lo más extraño es que, si me preguntan qué me pasa, no sé qué responder. Son demasiadas cosas acumuladas, demasiadas preocupaciones y heridas que he ido guardando hasta quedarme sin fuerzas.