- No pasó nada porque no era bonita, pero luego decidí ir a El Cairo, donde conocí a una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material.
- ¿y por qué no se casó con ella?
- y bueno…el problema en este caso fue que ella también quería conocer a un hombre perfecto.
El maestro y el discípulo hablaban de tener pareja y casarse.
- Pero maestro entonces, ¿usted nunca se casó?
- Alguna vez lo pensé. Cuando era joven busqué la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí una mujer muy espiritual y linda.
- ¿Y qué pasó?
- Le faltaba experiencia de vida; pero luego continué viajando y llegué a Isfahan donde encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu.
- ¿Y entonces?
"Lo que hace la literatura es lo mismo que una cerilla en medio de un campo en mitad de la noche. Una cerilla no ilumina apenas nada, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay a su alrededor"
— William Faulkner