“El privilegio de creerse víctima: Cuando la autojustificación se convierte en un patrón cultural”.
Un imperdible artículo publicado por Diario Libre de José Luis Taveras.
https://t.co/Wrq3C9FyUD
El fenómeno este de las trad-wives extreme edition es una de las cosas más interesantes de la sociedad del espectáculo contemporánea porque son cinco serpientes enroscadas, mordiéndose la cola una detrás de otra, simultáneamente, en bucle infinito de ouróboros semióticos.
En la capa más superficial tenemos la apelación a los supuestos valores tradicionales, los de cuando la mujer se quedaba en casa haciendo las cosas de la casa y el marido proveía, un pasado mítico que probablemente nunca existió tal cual pero que funciona estupendamente en vertical a 1080 pixeles.
En la segunda capa estamos ante una manifestación performática evidente, y lo digo porque la inmensa mayoría de estas creadoras de contenido cocinan. Cocinan mucho. Cocinan siempre. Rara vez —casi nunca, diría yo— se graban pasando la aspiradora, fregando el váter, quitando el polvo de los zócalos, limpiando los cristales con vinagre y papel de periódico al modo de la abuela. Eso corresponde a otro tipo de influencers, otro algoritmo, otro público que no es el público de las trad-wives.
En la tercera capa aparece la negación de la riqueza, y aquí la performance se vuelve magníficamente absurda, porque la chica lo hace todo DESDE CERO, y el cero aquí es un cero cósmico, un cero prelapsario. Bate la mantequilla desde cero. Hace el chocolate abriendo el fruto del cacao, fermentando, tostando, moliendo el grano. Muele la harina en un molino de piedra. Todo a mano, sin intervención de máquinas, sin electricidad, sin siglo XX. Y digo que es una negación de la riqueza porque desde siempre, históricamente, transhistóricamente, las personas con dinero —y especialmente las mujeres con dinero— se distinguían precisamente por lo contrario, por no hacer absolutamente nada, por tener manos blancas y ociosas al haber delegado los trabajos domésticos en la servidumbre. La aristócrata no molía, la aristócrata leía novelas francesas.
En la cuarta capa descubrimos que la performance, por su propia naturaleza ontológica, es falsa. Porque puede que sí, que haya hecho todo eso ella sin máquinas, de acuerdo, concedido, pero hay una máquina, la máquina fundamental, la que no se ve y sin embargo lo articula todo, omnipresente: la cámara grabando. Y detrás de la cámara el trípode, el micro de corbata, el aro de luz, el programa de edición de vídeo, el portátil, el router, el servidor, el centro de datos en Oregón refrigerado por tuberías de agua del Columbia.
Y la quinta capa, que es la mejor, es la que niega la primera y la segunda y la tercera en un solo movimiento. Porque estos vídeos terminan acumulando millones de visualizaciones y terminan generando dinero, a veces mucho dinero, a veces cantidades indecentes de dinero, lo cual significa que esta mujer no es un ama de casa, es la proveedora, es ella quien trae el pan —a veces literalmente el pan, moliéndolo—, y a menudo tiene un equipo detrás, y ese equipo suele incluir gente de marketing, agencias de publicidad, asesores fiscales, alguien que le lleva las redes que puede, o no, ser su cuñado, y sí, también personas que limpian la cocina-plató después de cada receta.
No entiendo la lógica de usar abrigo pero encender el aire acondicionado con la temperatura en 22 Celsius (71 Fahrenheit).
Que alguien me explique en arroz y habichuelas.
Tal como dice la autora: no convirtamos el ocio en currículum.
Una lectura imperdible sobre qué hacer cuando los ‘hobbies’ dejan de ser refugio y se convierten en rendimiento.
https://t.co/uA6GB0N4Ir
“La paciencia tiene efectos concretos en la vida cotidiana: tolerar la frustración, posponer la gratificación, nos enseña que el crecimiento personal y social requiere demora, ensayo y error”.
Lectura imperdible de Juan Ángel Asensio.
https://t.co/GztDqV6XR4
Hay gente que cree más en el tiempo que en Dios.
El tiempo no sana.
El tiempo no restaura.
El tiempo no levanta.
Solo Dios lo hace, y Él usa el tiempo.
Porque el tiempo trabaja para Dios.
Los sesgos cognitivos son atajos cerebrales que afectan a cómo percibimos, interpretamos y tomamos decisiones
No siempre son negativos, pero entenderlos es esencial para pensar de forma más crítica, justa y consciente
Para mi estos son los más relevantes
La oración es el instrumento por medio del cual el Espíritu de Dios guía al creyente a alinearse con Su voluntad… como Cristo lo hizo en Getsemaní: de rodillas dijo: Padre que se haga tu voluntad y no la mía.