Qué desmoralizante es tener que explicar por qué es bueno que la gente tenga acceso a la universidad, pueda atenderse en un hospital o pueda jubilarse dignamente.
La prostitución no es un ejercicio de libertad, sino la culminación de la violencia económica del capital sobre la mujer proletaria. No existe consentimiento allí donde impera la necesidad de supervivencia.