Soy médico y, como muchos de ustedes, sin importar quién gane las elecciones, al día siguiente tendré que seguir trabajando, pagando las cuotas del colegio privado de mis hijos, la medicina prepagada, el mercado y las deudas con el banco.
Probablemente mi vida no cambie demasiado dependiendo de quién llegue al poder. Pero después de recorrer Colombia como médico forense, funcionario de la Fiscalía, rescatista voluntario, médico de cuidados intensivos y parte de equipos de protección a dignatarios, entendí algo que muchas veces olvidamos desde el privilegio: para millones de colombianos sí cambia todo.
Cuando vives a pocos minutos de una gran clínica y cuentas con ambulancia privada, terminas creyendo que esa realidad es igual para todos. Pero no lo es. Durante años, cientos de municipios en Colombia no tuvieron acceso digno a servicios básicos de salud. Lo mismo ocurre con las vías, el internet, los colegios, las universidades y hasta el agua potable.
Cuando el contacto más cercano con el campo es la sección de frutas y verduras del supermercado, es difícil comprender lo que significa para una familia campesina recuperar su tierra después del desplazamiento, recibir apoyo para producir alimentos o tener una vía que les permita sacar sus cosechas sin perderlas en el camino.
Cuando nuestros hijos estudian en colegios y universidades que cuestan miles de dólares al año, a veces olvidamos que para cientos de miles de jóvenes acceder gratuitamente a la educación no es un privilegio ideológico: es la diferencia entre repetir el ciclo de pobreza o tener una oportunidad de cambiar su vida.
¿Qué puede representar para nosotros un aumento del salario mínimo? Tal vez un mayor gasto mensual. Pero para otros significa poder comer mejor, pagar transporte, comprar útiles escolares o ayudar a sostener una familia.
El privilegio muchas veces nos encierra en una burbuja. Y desde esa burbuja es fácil caer en discursos que nos llenan de miedo: miedo a perder, miedo al otro, miedo a quienes viven una realidad distinta a la nuestra. Así nacen la xenofobia, la aporafobia y el racismo; así terminamos viendo como amenaza a quienes solo reclaman oportunidades y dignidad.
Y entonces, movidos por el miedo, renunciamos incluso a nuestras propias libertades a cambio de una sensación de seguridad vendida por quienes necesitan mantenernos divididos.
Ninguna religión enseña a odiar al prójimo. Todas, sin excepción, hablan de empatía, compasión y justicia. Amar al prójimo no significa amar únicamente a quienes viven dentro de nuestra burbuja, sino entender que nuestros privilegios deberían convertirse en derechos para todos.
Abelardo: denunciado por no devolver 5.000 millones de pesos de DMG y sin el aval del 62% de las firmas que presentó para ser candidato. Todo en él es falso, turbio y sospechoso.
@davalho Ay no tampoco tan pendejo, si este gobierno fue el más desfinanciado, ni tuvo aprobada ley de financiamiento, dejen de desinformar con tanto bulo desvergonzados
@MAndreaNieto De q demócratas hablas si sos una hija de delincuentes, no te da pena @MAndreaNieto?, ah no verdad q sos una atorrante q no se ve la paja en su propio ojo, provocas risa y vergüenza con la superioridad moral q hablas en redes, atrevida desubicada…JAJAJAJAJAJA!
@Danielbricen No no, no vengas a tergiversar aquí todo difamador de primera, ese criminal fue el mejor amigo pero de tu jefe en una muy buena época, o es q acaso olvidas q hasta hablo en plenaria delante del congreso, ahora solo se le cuida pq así la ley lo indica y para q tu jefe no lo borre