En el Día Mundial del Arte comparto 4 fotos de Zaragoza, que rebosa patrimonio artístico a pesar de su convulsa historia de 2000 años en los que ha sufrido pérdidas.
#ZaragozaCiudadInmortal#DíaMundialdelArte
📢‼️ Mirad qué maravilla. Las lluvias invernales han permitido que, por primera vez desde 2017, el agua vuelva a asomar en la Motilla del Azuer, en el considerado como el pozo más antiguo de la Península Ibérica y máximo exponente del Bronce de La Mancha (2200-1500 a.C.) 🧵👇
El Gobierno de España condena la pena de muerte contra palestinos que acaba de aprobar el parlamento de Israel. Se trata de una medida asimétrica que no se aplicaría a los israelíes que cometieran los mismos delitos.
Mismo crimen, distinta pena.
Eso no es justicia. Es un paso más hacia el apartheid.
El mundo no puede callar.
Hablando de Dubái, al parecer, ha caído un misil iraní en el Palm Jumeirah, la isla artificial con forma de palmera gigante. Y esto es tan narrativamente coherente que parece escrito por un escritor de ciencia ficción de los 70.
Porque Dubái es esencialmente una distopía escrita hace 50 años. Como Super-Cannes o High Rise, de Ballard. Que yo las leí en los 90 y dije molan las novelas, pero es imposible que nadie construya nunca algo así. Y no solo la construyeron, sino que millones de personas se han ido allí de vacaciones o a trabajar haciendo como que están de vacaciones y a subir stories y TikToks.
Lo que me flipa es que haya tanta, tantísima gente, que no lo ve a la primera, porque Dubái nunca ha ocultado su condición distópica, de hecho la exhibe, la pone en el escaparate, la ilumina con LEDs, le añade una pista de esquí interior y te cobra entrada. Gente que, teóricamente, está capacitada para entender que una monarquía petrolera sin libertad de prensa, sin derechos laborales, sin derecho a la disidencia, con temperaturas de 48 grados que obligan a climatizar las paradas de autobús, representa un modelo civilizatorio tan obtuso —además de inmoral, pero no voy a entrar en eso ahora— que viene con la fecha de caducidad impresa en la frente. Pero el hotel tiene un acuario en el vestíbulo y el acuario es enorme y las suites tienen ventanas que dan directamente a ese acuario.
Dubái es una ciudad que te dice mira, aquí tenemos esclavitud laboral con vistas al mar y la gente respondía qué fuerte, ¿y el brunch del viernes a cuánto sale? Una isla artificial con forma de palmera —con forma de palmera, por favor, que no la han hecho con forma de dinosaurio porque todavía les daba un poco de vergüenza— construida por trabajadores nepalíes, indios, bangladesíes, pakistaníes, filipinos, etíopes, ugandeses y/o kenianos a los que les confiscaban el pasaporte, para que luego un influencer británico o estadounidense o alemán o español pudiera grabarse en bañador diciendo living my best life. El arco narrativo está ahí, a la vista, sin metáfora posible porque la realidad ya era la metáfora.
Y ahora un misil iraní ha atravesado la burbuja, la real y la metafórica. Igual el yogur ya estaba caducado y la distopía solo está cumpliendo su propio guion.
El escritor que confundió sus avances personales con los avances de la Humanidad, 1
Los escritores observan el mundo, lo interpretan y lo plasman en un relato que es condensación o negación de lo real. A veces, esa mirada se vuelca también en tuits, columnas y tribunas que aspiran a fijar el sentido de la actualidad.
Y luego hay escritores que, al juzgar y opinar, confunden sus avances personales con los avances de la Humanidad. Es una suerte de solapamiento narcisista: lo que a ellos les sucede es, necesariamente, el síntoma general de la civilización.
Si ellos prosperan, la Historia avanza. Si ellos tropiezan, Occidente se tambalea. Arturo Pérez-Reverte pertenece, por derecho propio, a esta especie.
Leamos su reciente tribuna en ‘El Mundo’ sobre las jornadas sevillanas dedicadas a la Guerra Civil, aplazadas hasta el próximo octubre. Se titula “La guerra que todos seguimos perdiendo“. No es un artículo sobre un evento cultural frustrado. Tampoco es, en sentido estricto, un análisis político.
Es una elegía personal escrita en primera persona gramatical y en tercera persona metafísica. Un texto donde el malestar del autor adopta proporciones verdaderamente cósmicas.
El episodio es conocido: un encuentro anunciado para febrero de 2026 sufre la retirada de varios ponentes —como David Uclés, Paco Cerdá o Zira Box— en desacuerdo con el enfoque o la composición del cartel. Finalmente, el evento se pospone tras una ruidosa controversia.
Pérez-Reverte convierte este lance organizativo en un síntoma evidente de la enfermedad que degrada la vida cultural y política española. El procedimiento es nítido: de lo concreto se pasa a lo terminal sin escalas.
No fue un error, no fue un malentendido, sentencia.
Cuando alguien necesita blindar tanto la interpretación, suele ser porque teme exactamente lo contrario: que estemos ante un asunto mucho más mundano de lo que su épica tolera.
El artículo se articula sobre una convicción central: vivimos tiempos en los que el pensamiento muere y el diálogo se extingue. Curiosamente, esta catástrofe coincide con el momento en que el autor empieza a sentirse menos cómodo en el espacio público.
Durante décadas, Pérez-Reverte habló desde una posición de privilegio absoluto: visibilidad total e indulgencia mediática. Podía ser bronco y categórico sin pagar apenas costes. Hoy sigue siendo un autor de masas, pero ya no es indiscutible. Lo que antes era centralidad ahora es fricción. Y él interpreta la fricción como censura.
Cuando afirma que hoy se tolera menos la palabra libre que en los años setenta, no describe una realidad empírica. Lo que hace es describir una sensación personal elevada a axioma histórico. Confunde que le lleven la contraria con que le tapen la boca. Confunde la réplica con la persecución.
La operación se repite al invocar la Transición como una edad dorada de nobles renuncias. Presenta aquel proceso como una asamblea de sabios que dialogaron porque entendieron que no había futuro sin el otro.
Sin embargo, esa imagen romántica omite lo incómodo: que la Transición también fue un proceso de asimetrías, condicionado por el miedo, por debilidades y atravesado por silencios impuestos que hoy, sencillamente, han dejado de ser aceptables.
Esa misma voluntad de anestesia aparece en su fórmula predilecta: ”La guerra que todos seguimos perdiendo”. Es una frase solemne, casi sublime, pero profundamente evasiva.
Permite hablar de un sufrimiento genérico sin señalar responsabilidades; permite hablar de tragedia sin hablar de vencedores; permite hablar de catástrofe sin destacar la dictadura.
Convertir la Guerra Civil en una fábula de dolor compartido es una forma de neutralidad moral que iguala a quienes defendieron la legalidad con quienes la subvirtieron. No es complejidad; es una forma sofisticada de diluir la historia.
Sigue… 👇🏻👇🏻
De nuevo el Carnaval de Cádiz crítica con rebeldía, ingenio y mucho tino.
Dedicado a USA y al señor que lo preside.
Escuchen bien la letra porque es una gran lección popular de Política
Parece que ayer, por lo que sea, la señal oficial de televisión de La Liga EA Sports, retransmitida por Movistar+, no ofreció estas imágenes en directo. No las difundan, que deben ser muy peligrosas.
Estás en la cama, no puedes dormir, te preguntas ¿qué hora será? Lo sabes mirando un reloj. Pero resulta que estás en pleno siglo XVII, falta un poco para que haya electricidad en las casas. Además eres rico y poderoso.
Piensas: "esto hay que solucionarlo"
El mensaje de RTVE antes de #Eurovision2025: "Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina"
#EurovisionRTVE
https://t.co/x3mkEt0tbW
La ermita de San Adrián de Sasabe estuvo mil años enterrada. Cuando la destaparon, allí apareció un misterioso símbolo. Un símbolo por el que los nazis cruzaron a España.
El símbolo del objeto más valioso de la Cristiandad.
Veníos al Pirineo Aragonés con #LaBrasaTorrijos.
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@RosaliaInfo_ES@rosalia@DjGabrieldoB El baile del video es muy rápido, sí, pero no es una jota asturiana. Es aragonesa, la parte final de la Jota de Zaragoza. María y Pablo Pérez Alonso son los bailadores.
Hoy en el 49 a. C. Julio César dio el paso más importante de su vida cruzando el río Rubicón al volver de la Galia, declarando en la práctica una guerra civil.
Y lo hizo con una famosa frase que, tal vez, llevas diciendo mal toda la vida…😉
#HiloRomano#IactaAleaEst
Este puente es uno de los más famosos del mundo.
Y uno de los más fotografiados.
¿Sabías que su pintoresco aspecto era más común de lo que parece?
¡Sígueme en este HILO de puentes con sorpresa!
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