Cuando llegas a tu casa, entras a tu habitación y se te ponen los ojos llorosos porque tienes tantas cosas en la cabeza que no sabes cómo gestionarlas y ya ni sabes qué hacer con tu vida. Es horrible sentirse así.
Me encuentro en ese momento de mi vida donde literalmente necesito que baje Dios, se siente a mi lado, me abrace y me diga de forma textual lo que tengo que hacer.
Y supongo que así se siente ser adulto