El retorno fue uno de mis últimos viajes a caballo. Llegué hastiado y enfermo a la Villa, sintiendo el frío que sólo se siente cuando la sangre se rehúsa y deja de actuar en nuestras arterias.
"Voy poco a la capital (Roma); una vez en ella trato de hacer lo más posible. Aquella jornada había sido desagradablemente abrumadora: a una sesión del Senado siguió otra en el tribunal, y una interminable discusión con uno de los cuestores...
....vino luego una ceremonia religiosa que no se podía abreviar, y sobre la cual caía la lluvia. Yo mismo había reunido, ordenado esas diferentes actividades, para dejar entre una y otra el menor tiempo posible a las importunidades y a las adulaciones inútiles.
El misterio de Agatha Christie: la autora más vendida, imitada e incomprendida de la literatura universal
Por Juan Carlos Galindo @el_pais
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Durante años nos repitieron que el futuro era aprender a programar. Que las humanidades eran adorno. Que filosofía, ética y derecho eran cosas lentas para un mundo que iba a vivir de datos, código y velocidad. Pero ahora ocurre algo revelador: los grandes laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos. No porque se hayan vuelto románticos, sino porque descubrieron que la pregunta más difícil ya no es técnica.
El problema ya no es si una máquina puede escribir, diagnosticar, conducir, resolver, vigilar o decidir. El problema es desde qué idea de verdad, daño, libertad, dignidad y responsabilidad lo va a hacer. Una IA no contesta desde el vacío: trae una arquitectura moral escondida. Puede privilegiar eficiencia sobre derechos, seguridad sobre privacidad, obediencia sobre criterio, propiedad sobre igualdad. Y cuando esa lógica entra a tribunales, hospitales, escuelas, bancos o gobiernos, deja de ser software: se vuelve poder.
Por eso este debate es gigantesco. La pregunta brutal no es si la IA va a pensar por nosotros. La pregunta es quién va a decidir cómo debe pensar. Porque si empresas y gobiernos empiezan a diseñar “constituciones invisibles” para máquinas que ordenan nuestra vida, sin transparencia, sin control democrático y sin responsabilidad jurídica, no estaremos frente al futuro: estaremos frente a una nueva forma de autoridad, más rápida, más elegante, más opaca y mucho más difícil de combatir.
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¿Periodismo de periodistas?
Una de las noticias más extraordinarias que me tocó cubrir durante mi carrera como periodista fue el rescate de los 33 mineros chilenos en el 2010. Fue, como recuerdan, un acontecimiento global que atrajo a casi 1,500 periodistas de todos los rincones del planeta a un pequeño rincón del desierto chileno. Durante una semana envié una serie de notas informativas a Lima con todos los pormenores del suceso, y a mi retorno escribí, para el suplemento dominical, una crónica sobre la cobertura mediática, que resultó descomunal, tan extraordinaria como la noticia misma. Tras entregar la crónica, la editora de fin de semana la rechazó rotundamente con una frase que a mí entonces me pareció absurda: «Aquí no hacemos periodismo de periodistas». Tiempo después leí, no recuerdo en dónde, la famosa frase atribuida a Gay Talese sobre que «cuando un periodista no puede entrevistar a Mick Jagger escribe sobre cómo no pudo entrevistar a Mick Jagger». Entonces le di la razón: los periodistas no somos el centro de la noticia.
Han pasado más de quince años de todo eso y me pregunto si no habrá llegado ya el momento de hacer periodismo de periodistas, de cuestionarnos, de manera sería y honesta, sobre nuestro oficio y la manera de encararlo en una sociedad o tiempo que ha olvidado (o dejado de lado) en qué consiste, precisamente, nuestro trabajo y en la que cualquier persona con un celular en la mano o que dispone de un micrófono no sólo funge de periodista, sino que es tomado como tal.
Este es un debate que tiene larga data, y que, en los últimos tiempos, con la irrupción de las redes sociales, ha arreciado con mayor fuerza. A ese debate, con sólidos como interesantes argumentos, se ha sumado el periodista y docente universitario Jaime Pulgar Vidal con su libro "Periodismo de verdad. Aunque la verdad no exista" (Lima: Vitrina Editores, 2026), libro que me apresuro a recomendar no solo porque se trata de un texto académico notable, sino porque encara directamente el problema, cuestionando constantemente en sus páginas aquello que dábamos por sentado y que el mundo digital y las transformaciones que este ha acarreado han trastocado por completo («Nunca hubo tantas noticias, pero nunca hubo tan poca comprensión»). En ese sentido, el mejor elogio que se le puede hacer a este libro es que es el mejor alegato que se ha escrito en estos días por un verdadero periodismo, un auténtico periodismo. El que alguna vez conocimos.
Aunque el libro se nutre de su enorme experiencia como periodista deportivo y docente en el mismo campo, las discusiones que asume y las conclusiones a las que llega se pueden (¡se deben!) aplicar a todo el periodismo, a cualquiera de sus especialidades. (Aquí recuerdo lo que decía un viejo maestro refiriéndose al Periodismo de investigación, diciendo de éste que era una redundancia porque todo el periodismo, por esencia, es investigativo). Otro aspecto que hay que destacar del libro es el empeño de su autor por vincular el periodismo con las ciencias sociales. En ese sentido, soy de los que creen que deberíamos ir más allá de esto y de una vez por todas aceptar que el periodismo es una ciencia social más, aunque se enseñe en las facultades de Humanidades.
Pero en donde se luce Jaime es en el descarnado, y rayano en lo erudito, análisis que hace de la objetividad periodística, una entelequia que las facultades o escuelas de periodismo han inoculado en los jóvenes que abrazan la profesión al punto de que hoy la crisis de verosimilitud que inunda nuestra profesión es su inesperado resultado, las numerosas teorías sobre el discurso periodístico su obvia consecuencia y las fake news y los hechos alternativos su insospechado efecto.
Conozco los trabajos anteriores del autor, en la línea de la historia del fútbol (uno sobre el clásico y otro sobre fútbol y política), donde ha dejado sobradas muestras de su profundo conocimiento sobre el tema, pero este libro es algo completamente distinto a ellos. Un largo y valioso, además de polémico ensayo, que lo aleja de las canteras de la historia para acercarlo a las de la teoría. No pudo tener debut más auspicioso que este magnífico libro.
¡Qué tengan felices lecturas!
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Lamentable el Servicio Médico de la @UJAT. Favor de prestar atención al caso del Dr. Ariosto Bastar Acosta, el médico que más cancela las citas programadas.
La crisis de la prensa, el auge de ‘podcasts’ y redes sociales y un momento en que se prefiere lo sentimental a lo académico ponen en jaque la figura del crítico cultural en el siglo XXI https://t.co/DgWy4tXQOU
Al releer ciertos libros, pienso que en las lecturas anteriores aún no estaba preparado para apreciarlos. Luego entiendo que lo que me preparó para apreciarlos fue, de hecho y entre otras muchas cosas, la primera lectura de esos libros.
El escritor Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025, contó que con su primer salario se compró un libro sobre Gramática Española, de la tabasqueña Rosario María Gutiérrez Eskildsen, obra que “incluía pasajes literarios, de la tradición hispánica y bíblicos”
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Ofreceré la charla: "El viaje literario en dos obras narrativas de Álvaro Mutis:La nieve del almirante y Un bel morir, en la biblioteca Pino Suárez, en el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor y como becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico
He mirado este documental sobre las esferas precolombinas en Costa Rica y recordé la visita que hicimos a Finca 6 un grupo de académicos e investigadores.
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En el 5º Festival Guayacán & Macuilí, en el Centro Cultural Villahermosa, la alcaldesa @YolandaOsunaH inauguró la exposición “Horizontes Intervenidos” del poeta y artista visual, Níger Madrigal, la cual permanecerá en exhibición hasta el mes de mayo.
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🔴 El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique ha muerto a los 87 años
Echenique es uno de los grandes de las letras latinoamericanas de las últimas décadas
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