El "indio" Solari condujo la ambulancia del rock nacional, asistió a los "rotos" y desclasados y a su manera los curó, mientras grandes figuras se hacen los pelotudos en nombre del marketing.
El sorete de @MartinLlaryora después de haberle votado todo al energúmeno de @jMilei reclama porque el gobierno nacional revienta el PAMI y deja a los jubilados sin atención.
No nos olvidemos de estos hdp...
La soberbia,
(El poder no rinde cuentas, las exige).
Por Daniel Kiper
La mañana en la Casa Rosada amaneció con ese aire espeso que tienen los días en que algo está por desbordar, aunque nadie se atreva todavía a nombrarlo.
Los periodistas llegaron temprano, con libretas abiertas y preguntas que ya no eran nuevas, pero sí inevitables. En los pasillos, como un murmullo que venía de lejos, circulaban las mismas palabras: patrimonio, avión privado, Punta del Este, declaraciones juradas, avión presidencial.
No eran rumores.
Eran preguntas.
Y las preguntas, como las gotas de lluvia, pueden tardar en llegar; pero cuando llegan, lo hacen todas juntas.
Manuel Adorni entró a la sala con la rigidez de quien sabe que no viene a explicar, sino a defender una versión de sí mismo. Porque en la política de estos tiempos ya no se disputa la verdad, sino el modo en que esa verdad será instalada.
Durante unos minutos que parecieron largos, aunque en realidad fueron breves, habló de todo sin decir casi nada.
Las respuestas giraban sobre sí mismas como esas puertas antiguas que crujen pero no se abren. Cada intento de precisión encontraba una pared. Cada repregunta, un gesto de fastidio.
Como en ciertos laberintos, todo conducía al mismo lugar: la soberbia.
Y los laberintos, se sabe, no están hechos para salir, sino para perderse.
Entonces ocurrió.
Un periodista —uno entre tantos, pero en ese instante el único que importaba— había escrito que nadie lo había respaldado, que estaba solo.
La reacción fue inmediata, desproporcionada, casi reveladora, como si esas palabras hubieran tocado una cuerda demasiado tensa.
La voz se elevó.
El gesto se endureció.
La escena cambió.
“¿Puedo recibir unas disculpas?”, inquirió desde el púlpito, desde el poder.
Y en ese instante la conferencia dejó de ser una conferencia.
Se convirtió en otra cosa: en un duelo desigual entre la pregunta y el poder.
En una escena donde el funcionario, en vez de responder, reclamaba. Donde el periodista, en vez de indagar, debía justificarse. Donde la verdad —esa criatura siempre escurridiza— quedaba atrapada en un intercambio que ya no buscaba esclarecer, sino imponerse.
Nadie aplaudió. Nadie intervino. Pero todos comprendieron que algo se había roto.
Las explicaciones que no llegaron.
Las cifras que no se precisaron.
La salida abrupta, como la de quien abandona una habitación donde el aire ya no se puede respirar.
Afuera, la ciudad seguía igual. Los autos, los cafés, las conversaciones distraídas. Pero la escena ya había hecho su trabajo: había dejado sembrada una certeza incómoda.
Que la soberbia no es un exceso pasajero.
Es una forma de ejercer el poder.
Se la reconoce con facilidad, aunque a veces se disfrace de firmeza. Está en el tono que no admite preguntas, en la mirada que desconfía de quien indaga, en la palabra que no explica, sino que acusa.
Y, sobre todo, en esa convicción peligrosa de que el poder no debe rendir cuentas, sino exigirlas.
Porque la soberbia en política no consiste solamente en alzar la voz. Consiste en algo más profundo: en olvidar.
Olvidar que el poder no es propio.
Que es prestado.
Que es transitorio.
Que es, en esencia, efímero.
Pero el poder —conviene recordarlo— no es una propiedad.
Es una delegación.
Y toda delegación implica una deuda concreta: la de explicar, la de responder, la de someterse al escrutinio público de quienes, a través de otros, preguntan.
Cuando esa deuda se niega, no desaparece.
Se acumula.
Y todo lo que se acumula en política
—las dudas, las preguntas, las cuentas pendientes— termina, tarde o temprano,
por volver.
Porque hay algo que la soberbia nunca logra entender: que el poder pasa.
Pero las preguntas
no.
Las grandes obras del espantoso gobierno libertario, cambiar el nombre del CFK y sacar el cuadro de Peron y Evita. Milei vas derecho al pozo ciego de la historia.
LO DE $LIBRA NO SE PUEDE SILENCIAR MÁS
Mañana convocamos a las 16hs. en @DiputadosAR a una conferencia de preña junto a las y los integrantes de la Comisión Investigadora $Libra.
Nuevas pruebas y más evidencia de la participación del Presidente @JMilei y su círculo más cercano en el caso que conmocionó al país.
¿Podés desmentir que la secretaria general de la presidencia Karina Milei recibió dinero de Novelli? ¿Podés desmentir que el día que se consumó la estafa $Libra hubo al menos 20 llamadas entre vos y Novelli o entre éste y Karina Milei? ¿Podés desmentir que Karina Milei le facilitó el teléfono de Sandra Pettovello a Novelli para que le proponga sus negocios? ¿Podés desmentir que existe documentación que prueba un acuerdo económico millonario con Novelli? Están todos hasta las manos, de esta no te salva ni papi Trump.
💥El periodista @halconada deja a Milei contra las cuerdas💥
Un presidente capaz de maltratar a un chico autista o tratar de “mogólico” a quienes lo critican, pero que guarda silencio absoluto sobre quienes "lo metieron" en el escándalo $LIBRA. Ni una palabra contra ellos. ¿Por qué?
Porque lo hunden.
Además, expone que el código que Milei subió a sus redes para captar y estafar gente se lo pasaron. Mentiroso y cada vez más comprometido el presidente.
POR QUÉ ESTABA TAN NERVIOSO MILEI?
Hoy nos enteramos que el peritaje oficial en la causa $LIBRA confirmó que en el celular del lobista Mauricio Novelli había copias de un borrador del “acuerdo confidencial” entre Javier Milei y el norteamericano Hayden Davis, el cerebro detrás de la criptoestafa.
Ese borrador se trabajó mediante intercambios entre Novelli y Davis para dejar lista la versión final antes de la firma presidencial, pese a que Milei negó en público haber firmado cualquier acuerdo con él y se despegó de la operatoria de $LIBRA.
El dato clave: el 30 de enero de 2025, día en que Davis fue a Casa Rosada, transfirió en plena reunión casi 4 millones de dólares que terminaron en cuentas de Novelli y Manuel Terrones Godoy, dos de los hombres que operaron el negocio.
El informe de la Dirección de Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal muestra además que Novelli funcionó como **nodo** central de la trama: hablaba con Milei, con su hermana Karina, con Davis, con Terrones Godoy, con Sergio Morales y con el CEO de KIP Protocol, articulando a todos los actores de la estafa.
Al mismo tiempo, los peritos detectaron un patrón sistemático de borrado de chats, archivos y grupos completos de WhatsApp vinculados al caso, que sólo pudieron reconstruirse parcialmente con técnicas forenses.
El vínculo entre Milei y Novelli tampoco es nuevo ni casual: hay registros de videos y materiales digitales que prueban una relación previa al lanzamiento de $LIBRA, incluyendo una reunión por Zoom en 2021 en la que participaron Milei, Karina y el lobista, en el marco de cursos sobre criptomonedas.
Todo esto golpea de lleno el relato oficial: ya no se trata sólo de “un contrato que copió de Internet”, sino de documentos, transferencias millonarias, chats y borradores que muestran planificación, cercanía política y un intento posterior de borrar las huellas digitales.
TERMINAN EN CANA. ACORDATE.