Fui la mujer del proceso, la que te quiso sin dinero, con problemas y con mil defectos. La que te cuidó en los días difíciles, la que conoció tu peor versión y aun así decidió quedarse. Te quise incluso cuando me lastimabas, te perdoné cosas que nadie más habría perdonado jamás. Yo no compito, ni competiré con ninguna otra mujer, porque lo que fui contigo no se reemplaza ni se repite.
Os juro que jamás voy a entender cómo alguien puede decir que te ama, que le gustas, hablar de un futuro juntos y luego mentirte, ocultarte cosas, borrar conversaciones, esconderte, burlarse de ti, verse con alguien a escondidas, hablar con otras personas, hacerte sentir insegura, engañarte y, después, culparte por tu desconfianza.
Pasar tiempo sola, me hizo darme cuenta de que yo no quiero un novio; yo quiero un hombre comprometido con su crecimiento, que yo admire enormemente, que sea honesto, priorice la lealtad, quien me haga sentir cuidada y que comparta mis valores.
Si tu hombre no te compra peinados ni bolsos caros pero sí te abre las puertas, se asegura que comas, te acerca una silla, te masajea los pies, te calma, te abraza cuando estás deprimida, es honesto, no te engaña, es respetuoso, etc ¡Ganaste! Eso también es un trato de princesa.
Desde que entendí que no todo es personal y que cada quien actúa desde lo que es, dejé de buscarle tantas explicaciones a las acciones de los demás. Hay cosas que simplemente hablan más de la otra persona que de mí, y entenderlo cambia por completo la manera de vivirlas.
De la puerta hacia dentro, cada uno sabe lo que vive; de la puerta hacia fuera, cada uno cuenta solo lo que quiere. Somos expertos en juzgar sin conocer. No sabemos lo que el otro enfrenta ni entendemos sus decisiones porque no forman parte de nuestro camino. Hablar es muy fácil; lo difícil es ponerse en el lugar del otro.
Ayer escuché a una chica guapísima decirle a su amiga en una sala de espera:
Mientras los hombres me elijan solo por cómo me veo, yo los voy a elegir solo por lo que me pueden costear.
Y creo que tiene razón… Si buscas a alguien superficial por su físico, no te enojes cuando te trate igual por tu bolsillo.
Me van a funar.
Pero enseñar a tu hijo varón a servirse solo y recoger su desorden no es quitarle su masculinidad. Es evitar que sea el parasito emocional de su futura pareja.
Una chica dijo:
No me afectará verte con alguien más, porque ya conozco quién eres.
En cambio, a ti sí te hará pensar verme con otra persona, porque sabes la manera en que sé amar.
Y tiene mucha razón.