@JSanchezTorron Lo leí en la misma época en que leí El Padrino. Las sensaciones fueron semejantes. Hay obras que están echas para revolverte las tripas. Quien haya visto, por ejemplo, Las invasiones bárbaras y no se haya conmocionado, es que ya no está en este mundo.
Las declaraciones de Luis Argüello fueron sorprendentes. Puedes ser católico o neoliberal, pero no las dos cosas a la vez. Por supuesto, puedes ser protestante y neoliberal, o evangélico y neoliberal, pero el catolicismo está muy alejado del marco antropológico que fija el neoliberalismo.
Esta es una realidad que la iglesia católica olvidó desde hace varias décadas. Y llama la atención que ahora, cuando estamos viviendo un cambio de época, la iglesia española insista en que ambas visiones del mundo son compatibles. Luis Argüello se alejó de la 'Magnifica Humanitas' para acercarse al magnífico mercado.
Deberían tener cuidado: caminar con los mercaderes del templo es extraño, pero también contraproducente. Los evangélicos, esos que han arrebatado Latinoamérica a los católicos, se mueven mucho mejor en esa alianza entre éxito económico terrenal y salvación eterna. Actuar de ese modo beneficia el desarrollo de los evangélicos en España.
Por algún motivo, los católicos españoles no están empujando en la dirección del bien común, ese que señalaba León XIV como objetivo, sino en la del bien individual. Es una señal de su debilidad.
Lo que viene en España lo está anticipando el gobierno de Merz. Ajustes, sí, pero también una contradicción extraña y recurrente entre las fuerzas de la derecha. Merz puede abogar por una reforma del estado de bienestar que afecte a la sanidad pública, a la atención a los mayores y al subsidio por desempleo, pero de una forma que perjudica a sus votantes.
Muchos empresarios, en particular los pequeños y medianos, se quejan de las prestaciones sociales que deben pagar. Merz los va a hacer pagar más. En parte porque ha establecido que un porcentaje de esas cotizaciones, ahora pequeño, tendrá que ir a parar a fondos que invertirán en los mercados. Dicho de otro modo, quiere aportar más capital a los mercados financieros. ¿Quién va a pagar eso? Los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios.
Está detrayendo partidas públicas para destinarlas a los inversores privados. Será malo para los trabajadores, porque esos fondos son los que impulsan un tipo de gestión que deteriora las condiciones salariales y laborales de los trabajadores. Será malo para las pymes porque pagarán más. A cambio, los dos recibirán menos del Estado.
Es un paso más en esa deriva incesante. Cada vez hay menos prestaciones sociales, cada vez los ciudadanos debemos pagar más y recibimos menos. Los fondos son los grandes beneficiados.
En el 15 aniversario del 15M, que se dio durante el Gobierno que hizo el mayor recorte social de la democracia hasta entonces, el de Zapatero, muchos de los que se reclamaron herederos del “PSOE, PP la misma mierda es” salieron ayer a apoyarlo y a aplaudir su legado.
"Las mujeres, evidentemente, no han hecho con su vida lo que han querido. Pero los hombres tampoco."
Estos 3 minutos de Elvira Roca es lo más sensato que he escuchado sobre la pretendida guerra de sexos.
Siria y Soria, Irán y El Bierzo. Según los expertos electorales con los que hablé, lo internacional influirá poco en lo local en Castilla y León. Al menos, así era hasta hoy.
Lo que está en juego es otra cosa. El Bierzo es un síntoma.
En CyL hay dos clases de humores. El pesimismo endémico, que lleva a que, al final del camino, se vote a los partidos de siempre, y el sentimiento aspiracional, que lleva a que se vote a los partidos de siempre, en especial al PP. Pero ambos se están agotando: el pesimismo se vuelve malestar profundo, el pulso aspiracional se va deteniendo; irse a la gran ciudad a mejorar ya no sale bien a menudo. Veremos quién puede canalizar ambos descontentos.
En El Bierzo, zona tradicionalmente socialista, en la que el PP no va a recoger el descontento existente, hay dos fuerzas que pueden crecer. El Bierzo tiene las características típicas de las zonas obreras francesas en las que dominaba el partido comunista y que ahora votan a Le Pen. El Bierzo como síntoma de los malestares y de la capacidad de resistencia del bipartidismo.
Pero también de la incapacidad política para conectar con sectores populares deteriorados.
La presión para los redactores no viene únicamente del clickbait, sino desde el deseo de retener a los suscriptores. Estos pagan demasiado a menudo por encontrarse con perspectivas que encajan en su visión del mundo o por leer lo que a ellos les gustaría escribir. Lo describió bien Izabella Kaminska en un post de X la pasada semana: “Decir a los lectores lo que no quieren oír mata clics y provoca cancelaciones de suscripciones. Así que, o intentas ser todo para todos y aun así terminas molestando a todo el mundo, o redoblas la apuesta por la audiencia que sabes que te recompensará".
Hay consecuencias para el periodismo, ya que los medios se posiciona en sus nichos y cada vez acogen menos posturas que no ratifiquen las visiones políticas o morales de sus lectores, se genera una dinámica social perversa: la pérdida de contacto con la realidad.
Esto afecta aún más a las élites. No es que los medios practiquen el clickbait y traten temas banales para aumentar su número de lectores entre las masas, sino que están produciendo propaganda segmentada para unas élites que quieren vivir fuera de la realidad.
El establishment liberal está desdiciéndose a gran velocidad. Comienza a darse cuenta de algo evidente desde hace mucho tiempo, que la desindustrialización, la caída del poder adquisitivo, la pérdida de vigor de las zonas rurales y el declive de clases medias y trabajadoras están en el centro de los problemas contemporáneos.
Lo de Daron Acemoglu en el Financial Times no es más que otro paso en ese camino. Después de mucho tiempo negándolo, y dedicándose a otras cosas, son conscientes de que el mundo se les escapa si no cambian el paso.