#MiArtículo
LA NECESIDAD DE TENER RAZÓN
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Desde el momento en el cual nacemos, somos víctimas de un bombardeo de ideas provenientes de la familia y la sociedad, que van configurando gradualmente nuestro sistema de creencias acerca lo que deberíamos considerar bueno o malo, justo o injusto, aceptable o inaceptable.
Debido a que parte de esa enseñanza tiene su origen en gente que amamos y respetamos, pocas veces cuestionamos su validez. De modo que las aceptamos e incluso las defendemos, a veces a un precio demasiado alto. Nos acostumbramos a vivir con esas "verdades" e intentamos que el mundo encaje en ellas.
Un problema frecuente que deriva de ese modo de funcionamiento es que cuando nos enfrentamos a realidades diferentes a lo que hemos aprendido a valorar como lo acostumbrado o lo correcto nuestra reacción más frecuente es ignorar, evadir, negar o atacar la información o los hechos que se diferencian o contradicen nuestra versión de la realidad. Entonces nos empeñamos en defendernos y en #tenerrazón, en exaltar nuestras ideas y abrir la puerta que conduce directo al conflicto.
Veamos un ejemplo: si se nos enseñó que no es posible enriquecerse con honestidad o que comer de noche afecta el estómago, tenderemos a creer o asumir defender esas creencias, en lugar de analizarlas y buscar la verdad, basándonos en las evidencias o en los hechos. Hacer eso requeriría madurez y usar nuestra capacidad de reflexividad para dirimir las ideas en pugna.
Si alguien que no cree en la posibilidad de la existencia de los milagros y se entera de que una persona se curó "milagrosamente", dirá que la información es falsa, que los médicos se equivocaron o que es un truco para ganar dinero, cuando en realidad solo revela una férrea resistencia a aceptar como válida una nueva información, que pone en jaque sus paradigmas tradicionales.
Si usted elige creer que tiene “mala suerte” o que “nadie lo quiere”, sus acciones se desplegarán de acuerdo con esas ideas. Igual ocurrirá si se considera una persona inteligente y atractiva. en casos así tener razón pasa a ser un objetivo urgente y la sensatez, el análisis, la intuición y cualquier método de revisión o verificación de la información, tenderá a ser ignorada, subestimada o descalificada sistemáticamente.
El deseo de tener razón es tan poderoso que las personas eligen ignorar los hechos, incluso los más evidentes, y se dedican a buscar argumentos en su favor, aunque se trate de falacias y de ideas claramente irracionales, usadas para apoyar el punto de vista que se percibe tercamente como adecuado.
Este empeño en derrotar a los otros y aparecer como mejores o superiores es una revelación de #inmadurez, de inseguridad psicológica, de personalización de las diferencias, que trae consigo consecuencias negativas como rechazo, soledad, conflictos y en consecuencia alto #estrés.
A partir de esta conducta circular, anticrítica o recursiva, la persona se empeña en ver y/o maximizar solo los datos que le dan la razón o apoyan su punto de vista. Así no se ve en la obligación de admitir que se ha equivocado, ni tiene la presión de tener que revisarse y cambiar. Y esto ocurre en casi cualquier contexto: pareja, familia, vecinos, compañeros de trabajo.
¿Qué hacemos entonces?
Para desmontar este estilo de reacción ineficaz y problemática, de base egocéntrica es necesario dejar de verse como infalible y dejar de creer que cambiar de opinión o ceder la razón es una debilidad. Además, es necesario mostrar apertura y flexibilidad para aprender de cada situación. Hace falta una buena dosis de humildad, para dejar de polemizar y de dramatizar.
Hace varias décadas uno de mis grandes maestros me dijo una frase lapidaria: "nunca olvides que la necesidad más grande del ser humano es tener razón". Quizás debamos pensar más en tener alegría y paz, y menos en vencer a los demás y en tener razón. Gracias por leerme.