Necesito un favor. ¿Podéis clicar aquí y retuitear? No hace falta que leáis la entrevista, me basta con que tenga muchos clics. Y se mueva. Lo digo porque en un futuro me gustaría volver a trabajar ( cuando esté curada).
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LA PURA VERDAD
El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó con calma:
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque era seglar —respondió el asesino.
El juez frunció el ceño.
— ¿Qué significa “seglar”?
El hombre dudó un segundo.
— No lo sé.
En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor Naguib Mahfouz.
— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.
— Porque escribió una novela contra la religión.
— ¿La leíste?
— No.
En una tercera sala, otro hombre enfrentaba cargos por asesinar al intelectual Farag Fouda.
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque no tenía fe.
— ¿Cómo lo sabes?
— Está en sus libros.
— ¿En cuál?
Silencio.
— No lo sé. No los he leído.
— ¿Por qué no los leíste?
El hombre bajó la cabeza.
— No sé leer ni escribir.
En los tres casos, el patrón era el mismo.
Se mataba por ideas que no se entendían.
Se condenaba por palabras que no se habían leído.
Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.
No era convicción.
Era repetición.
No era fe.
Era eco.
No era certeza.
Era obediencia ciega.
La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.
El odio no se propaga a través del conocimiento.
Se propaga donde el conocimiento no llega.
Y cada vez que una sociedad renuncia a educar, no crea ignorantes.
Crea armas humanas que no saben por qué disparan, pero están dispuestas a hacerlo.
Ese es el precio invisible de la ignorancia.
Y siempre lo paga alguien que no hizo nada para merecerlo
«La desaparición gradual de los tiempos verbales da lugar a una forma de pensar centrada en el presente, limitada al momento, incapaz de proyectarse hacia el futuro.
No hay pensamiento crítico sin pensamiento. Y no hay pensamiento sin palabras. ¿Cómo se puede construir un
El orgullo de trabajar en una de las mejores centrales nucleares del mundo.
Almaraz, que pretende cerrar el Gobierno entre 2027 y 2028 por razones políticas, genera el 7% de la energía eléctrica de España, constante y fiable, baja en emisiones de CO₂ y segura, según el CSN y organismos internacionales como WANO y el OIEA.
Almaraz es una central tecnológicamente avanzada, gracias a inversiones anuales de más de 40 millones de euros, y está preparada para seguir operando, como North Anna (su central de referencia en EEUU), que tiene licencia para 80 años.
Almaraz es un ejemplo mundial en seguridad, gracias a su equipo de 3000 personas (empleos directos e indirectos) altamente capacitadas, comprometidas y orgullosas, como muestra el vídeo.
El contundente y controvertido discurso de apertura de #KevinSpacey frente a la Oxford Union Society, el pasado 1 de diciembre de 2025... (ojo, recomendable verlo entero)
EL ORIGEN DE LA IZQUIERDA CONTEMPORÁNEA
A continuación, un breve repaso por tres de sus personajes con más responsabilidad en el engendro llamado «izquierda contemporánea».
Michel Foucault, el nihilista elegante que vació la verdad para salvar a la izquierda
Michel Foucault se convirtió, desde finales de los años 60, en el cirujano preferido de una izquierda que necesitaba dinamitar la idea misma de verdad para sobrevivir a sus fracasos, y lo hizo con un arsenal conceptual que empezó a tomar forma tras mayo del 68 en Francia y se consolidó en obras clave como Vigilar y castigar de 1975 y el primer volumen de Historia de la sexualidad publicado en 1976. Su tesis de que el poder no reside en instituciones concretas sino que se filtra capilarmente por el lenguaje, el saber y los cuerpos resultó ideal para una izquierda que quería atacar toda autoridad sin asumir responsabilidad política alguna, porque «si todo es poder, nada es culpa de nadie».
Foucault desplazó el debate del hambre, la economía o la represión material hacia la semántica, las categorías y los discursos, un giro que permitió a la izquierda universitaria abandonar la realidad social incómoda y refugiarse en el análisis infinito del lenguaje. Su influencia se multiplicó en los años 70-80 en universidades europeas y estadounidenses, justo cuando los regímenes socialistas reales acumulaban cadáveres y censura, una coincidencia temporal que no es casual. Mientras el socialismo se hundía en lo material, Foucault ofrecía evasión en lo simbólico.
Sus posiciones sobre moral, sexualidad y norma fueron deliberadamente provocadoras y, en algunos casos, objeto de controversias documentadas en debates públicos de los años 70, especialmente en Francia, donde defendió la abolición de ciertos límites legales en nombre de la liberación, un discurso que la izquierda actual intenta leer con pinzas o directamente ocultar porque revela hasta qué punto la crítica radical al Estado y a la ley puede desembocar en un relativismo ético peligroso.
Louis Althusser, el marxismo sin humanos y con permiso para aplastar
Louis Althusser, figura central del marxismo estructuralista en los años 60, decide salvar a Marx amputándole al ser humano. En Para leer El Capital (1965) y en su texto sobre los aparatos ideológicos del Estado (1970), reduce a las personas a engranajes de estructuras abstractas, anulando voluntad, responsabilidad y culpa, una teoría que permite justificar cualquier desastre socialista como simple fallo de conciencia o desviación ideológica.
Su militancia en el Partido Comunista Francés no fue decorativa, fue orgánica, y su pensamiento sirvió para legitimar el adoctrinamiento educativo y la represión cultural en nombre de la estructura correcta. Cuando en 1980 mata a su esposa y es declarado inimputable por enfermedad mental, la izquierda separa obra y autor con rapidez quirúrgica, pero el daño ya estaba hecho. Un marxismo que niega al individuo es la base perfecta para los Estados que lo trituraron durante décadas.
En Cuba, Althusser habría sido lectura obligatoria, citado para explicar por qué el individuo no importa y por qué el sacrificio humano es aceptable cuando la estructura lo exige.
Herbert Marcuse, el abuelo intelectual de la censura progresista
Herbert Marcuse actúa como puente entre el marxismo clásico y la Nueva Izquierda cultural que explota en 1968, especialmente tras la publicación de El hombre unidimensional en 1964, donde afirma que las democracias occidentales oprimen a través del bienestar y el consumo, una tesis clave para desacreditar la libertad cuando no produce socialismo.
En 1965, con su ensayo sobre la tolerancia represiva, Marcuse deja la coartada escrita con fecha y firma, «algunas ideas deben ser silenciadas para proteger la emancipación». Ahí nace la justificación teórica de la censura ideológica moderna, hoy reciclada en cancelaciones, controles de discurso y persecución moral en universidades y medios.
Marcuse fue venerado por los movimientos estudiantiles del 68 y abrazado por una izquierda que entendió que controlar conciencias era más eficaz que tomar fábricas. Su legado no es rebelión, es disciplina cultural envuelta en lenguaje libertario.
En Cuba, Marcuse encontraría su laboratorio perfecto, tolerancia total para el discurso oficial y silencio absoluto para el disidente, exactamente el mundo que su teoría ayudó a legitimar desde la comodidad universitaria.
La izquierda contemporánea no nace en Twitter ni en TikTok, nace en el aula universitaria entre finales de los años 60 y mediados de los 70, cuando tres corrientes teóricas distintas convergen en un mismo objetivo: desactivar la realidad material, vaciar la noción de responsabilidad individual y sustituir el conflicto político por control cultural, y ahí entran en escena Michel Foucault, Louis Althusser y Herbert Marcuse, no como autores aislados sino como arquitectos complementarios de un mismo edificio ideológico.
El recorrido es claro y documentable, primero universidad en los años 70, luego ciencias sociales y humanidades en los 80-90, después ONG, medios y formación docente en los 2000, y finalmente activismo digital post-2010, donde todo este paquete teórico se simplifica en consignas, etiquetas y linchamientos simbólicos.
Las consecuencias prácticas son visibles y medibles:
- desplazamiento del debate político hacia lo identitario
- sustitución de argumentos por acusaciones morales
- censura informal pero efectiva
- pedagogía militante
- activismo sin responsabilidad material y
- una izquierda que ya no promete prosperidad sino pureza ideológica.
No es una deriva accidental ni una exageración retórica, es la aplicación coherente de un andamiaje intelectual diseñado hace más de medio siglo para controlar el relato cuando ya no se puede sostener la realidad.
Se llama @PilarAlmagroM y hacía tiempo que no escuchaba a alguien hablar así de bien, con esta claridad y además, con un contenido bien interesante (que personalmente comparto totalmente)!
TU WIFI ESTÁ FILTRANDO MÁS DATOS DE LO QUE CREES.
La mayoría de la gente nunca toca la configuración del router.
Por eso las brechas de privacidad parecen aleatorias.
Aquí tienes 5 cambios que deberías hacer hoy para proteger tu red.