Ese momento en el gimnasio en el que alguien quiere que te apures por soltar la máquina, invadiendo espacio vital. Ese momento. Siempre me recreo más, para ver cómo aumenta la impaciencia.
Ayer estuve en la segunda boda de este año y como puntazo positivo recomiendo poner vieiras ya sea en el coctel o en los platos. Maldito placer de los dioses. Que vicio.