Oración por dignidad:
Padre eterno, hay días en que me siento tan lejos y tan indigno de ti que ni levanto la mirada. Me acerco a Ti con la vergüenza de quien sabe lo que duele por dentro. Hoy te pido que me recuerdes que tu gracia no la gano, la recibo. No vengo limpio; vengo necesitado, y sé que así me recibes. Quita de mí lo que debo arreglar primero para merecerte. Tú no esperas mi perfección; esperas mi entrega. Sostenme cuando me sienta hipócrita por buscarte estando roto. Que tu amor sea más fuerte que mi vergüenza.
Inquebrantable soy en tu nombre.
Amén.
#danielhabif
En la verdad y en la política hasta que el candidato los separe 🫠😒 ejerza su derecho al voto pero antes deje el romanticismo aquí hay que ver quien es la mejor opción para que Colombia mejore y no lo contrario y si usted opina diferente a mi cuénteme a ver
A la ambición se le vigila de cerca. Si se descuida, puede disfrazarse de propósito. Puede maquillar la codicia con discursos de superación. La ambición no es mala; lo peligroso es cuando deja de tener freno y comienza a justificarlo todo. En una relación, la ambición sin vigilancia te convence de que primero hay que alcanzar “eso” para después cuidar “esto”. Pero muchas veces, cuando llegas, ya no queda con quién compartirlo. Por eso, en nuestra casa, aprendimos que la ambición puede construir mucho siempre y cuando no destruya lo esencial.
Hoy lo sabemos: nada vale si lo conseguiste perdiendo el respeto del otro. Ningún proyecto tiene éxito si en el proceso quebraste la confianza. Ningún logro es real si al final del día no puedes mirar a tu pareja a los ojos sin que te pese el método.