La responsabilidad afectiva no es solo evitar herir, es entender que todo lo que haces, lo que dices, lo que callas, cómo actúas, deja huella en la mente y el corazón del otro.
No se trata de prometer, sino de ser consciente de lo que generas.
Nadie habla de lo difícil que es tener sentimientos encontrados: sentir amor por alguien y, al mismo tiempo, sentir el dolor que te causó. Ojalá fuera tan simple sentir una sola cosa, pero casi nunca es así.