Después de muchos días sin lluvia una tormenta eléctrica a esta hora, la disfruto desde el silencio y la comodidad de mi camita.
Soy afortunada y no quiero olvidarlo.
Si normalmente quiero estar en Pereira háblame de hoy. Duele tanto ver así las calles que fueron hogar y uno queriendo ayudar así sea preparando una comidita y ni señal.
El olor de una clínica, el ascensor enorme para transportar pacientes, la dinámica del personal de la salud y la misma rutina día y noche me causa un vacío en el estómago tremendo… el cerebro y el cuerpo se niegan a recordar momentos difíciles que hemos vivido en esos ambientes.
Bebé que se duerme solita y 12 horas seguidas, levantarse a desayunar y hacer ejercicio antes que se despierte y tener ayuda para cuidarla.
De esos días maravillosos en la maternidad.