🇺🇸‼️ | ATENCIÓN — El juez federal Brian Murphy levantó la suspensión judicial que frenaba la terminación del Estatus de Protección Temporal para etíopes en Estados Unidos. Con esta decisión, todas las terminaciones de TPS ordenadas por la administración Trump quedan vigentes, afectando a más de un millón de personas en total. El próximo país en la lista es El Salvador: su TPS vence el 9 de septiembre y dejará sin protección a unos 170.000 salvadoreños que la mantenían desde 2001.
🔴 Mientras muchas ciudades modernas en Latinoamérica impermeabilizan el suelo y convierten las lluvias en inundaciones, hace más de 500 años los incas entendieron una lección básica: no hay que luchar contra el agua, sino darle un camino.
🔴 Machu Picchu sigue en pie porque su ingeniería trabajó con la naturaleza y no contra ella. En plena crisis climática, quizá el futuro también pase por recuperar esa sabiduría ancestral.
All the records broken by Lionel Messi today:
Most FIFA World Cup finals goals by a football (soccer) player - 18
Most FIFA World Cup matches played in by an individual - 28
Most matches won by a player at the football (soccer) FIFA World Cup - 18
Most minutes played in the football (soccer) FIFA World Cup - 2,489
We are witnessing history.
Quiero ser clara:
No defiendo a Salvador Nasralla, ni a Ana P. Hall, ni a Libre, ni a Cossette López ni al Partido Nacional.
En distintos momentos respaldé públicamente a Nasralla, Hall y Cossette porque consideré que sus posiciones eran justas. Pero mi apoyo jamás ha sido —ni será— un cheque en blanco.
Llevo meses sosteniendo que la ciudadanía debe elevar sus estándares.
Es hora de exigir evidencias, no adhesiones emocionales ni actos de fe política.
Denuncias, testimonios y acusaciones abundan; lo que escasea son las investigaciones concluyentes y las pruebas verificables. Sin ellas, es imposible formarse un criterio propio.
No importa quién acusa ni quién es acusado, el rigor debe ser el mismo para todos.
En una democracia sana, la confianza no descansa en el nombre del denunciante, sino en la solidez de sus pruebas. Ya que la verdad no depende de quién la dice, sino de quién puede demostrarla.
Y por respeto a la verdad, me aparto de las narrativas de todos los sectores hasta que existan elementos verificables que permitan distinguir los hechos de las versiones.
La democracia no se fortalece eligiendo a quién creerle; se fortalece cuando podemos verificar por nosotros mismos.
¡No es posible que sigamos actuando así!
Recibí la denuncia de que una empresa fue a descargar un camión lleno de basura en plena calle de la colonia Soto, teniendo un contenedor a solo unos metros.
Esta falta de consideración total y desprecio por nuestra ciudad es inaceptable, no vamos a tolerar este tipo de acciones. Tomaremos cartas en el asunto para identificar y sancionar a los responsables.
La gente no los abandonó, 1 de Mayo escenografía de un fracaso
Por Alma Adler
Llegó con el sombrero. Naturalmente. Manuel Zelaya Rosales es un personaje que cualquier novelista latinoamericano hubiera reconocido sin necesidad de presentación: el caudillo criollo que descubrió tarde que los pobres son más útiles como discurso que como proyecto, y que un ganadero de Olancho puede reinventarse como profeta de la redención con el aditamento correcto. El sombrero es su gramática. Sin él no habría relato. Sin él sería simplemente lo que es: un político de la vieja escuela que aprendió a hablar de izquierda porque era más rentable que seguir hablando de ganado. El poder formal lo ocupó otro. Él prefirió el sombrero — más cómodo, menos auditable.
El 1 de mayo Zelaya no caminó, no sudó, no se mezcló con la columna de obreros que avanzaba bajo el sol de Tegucigalpa. Llegó como llegan los que confunden la presencia con la representación, contempló la marcha desde la ventanilla como contempla un “rey” su propio desfile, y entonces alguien sin nombre ni cargo se acercó al vehículo y le gritó a centímetros del rostro lo que en estos últimos años habían acumulado: fuera políticos. El heredero autoproclamado de Morazán respondió con la única frase que le quedaba: “la gente nos abandonó.”
No. La gente los juzgó.
LIBRE no encontró en los pobres un destinatario: encontró un recurso. LIBRE no gobernó para los pobres: los requirió. Los requirió como legitimidad, como coartada, como escudo contra la rendición de cuentas. Cada vez que alguien cuestionó los resultados, ahí estaba el pueblo — invocado, abstracto, infalible — para responder por un gobierno que no tenía otra defensa. El Estado como patrimonio. La familia como estructura de poder. El discurso de los pobres para administrar los beneficios de los que ya no lo son.
Quien abandona se va en silencio. Entre el abandono y el juicio hay una distancia moral que LIBRE nunca quiso cruzar porque cruzarla obligaba a mirarse — y lo que había en el espejo no era el paladín sino el parodista. No la refundación sino la repetición. No Morazán sino su caricatura: el gesto sin la sustancia, el sombrero sin la espada, la tribuna sin el sacrificio.
Hay una diferencia entre el caudillo que fracasa por circunstancias y el que fracasa por constitución. Zelaya — quien gobernó, a todas luces, desde atrás de las bambalinas — y LIBRE pertenecen a la segunda. No gobernaron mal por mala suerte ni por la injerencia de Trump ni por los cincuenta mil mensajes difundidos en redes sociales que, según el oficialismo, habrían manipulado el voto — argumento nunca probado — para torcer el libre albedrío de los hondureños. Gobernaron mal porque nunca tuvieron ni el programa ni la capacidad ni la formación para hacer otra cosa. La demagogia no es un estilo de gobierno: es su sustituto. Y LIBRE la elevó a sistema, con la coartada perfecta — hablar en nombre de los pobres — mientras construía desde el Estado una nueva casta que descubrió el presupuesto público como quien descubre una herencia inesperada.
El nepotismo no fue exceso sino doctrina. La captura institucional que denunciaron durante años en la oposición se convirtió, desde el poder, en manual de operaciones. Los ministerios, las embajadas, las juntas directivas: geometría del clan aplicada con la naturalidad de quien gobierna entre los suyos. Y el lenguaje de la revolución intacto todo el tiempo, como sombrero en la caja de cristal, mientras Honduras seguía igual o peor en los indicadores que de verdad importan: empleo formal, seguridad, inversión, movilidad social real.
Ese es el escándalo que América Latina no ha terminado de procesar: que LIBRE no fue derrotado por la derecha sino por su propia incompetencia. En Honduras no hubo golpe externo ni derrota heroica: hubo un gobierno que dilapidó en menos de un mandato la legitimidad que la resistencia había tardado años en construir, y que llegó al 30 de noviembre con tan solo un 19% de electores, que no alcanzó ni para la derrota digna.
La lección no admite eufemismos: Honduras y la región no necesitan otro caudillo con sombrero. Necesitan Estado. Necesitan funcionarios que sepan lo que hacen e instituciones que sobrevivan a sus fundadores. Necesitan políticas públicas evaluadas por resultados, no por consignas. La demagogia es cara — la pagan siempre los mismos, los que no tienen con qué protegerse de ella. Mientras un gobierno gesticulaba frente a las cámaras invocando a Morazán, los hondureños seguían emigrando, el crimen seguía operando y el Estado seguía siendo lo que ha sido casi siempre: una ventanilla de favores para quien sabe llegar.
Hay una tradición larga en esto. América Latina lleva dos siglos produciendo el mismo personaje: el hombre que llega con un relato de redención, gobierna para sí mismo con el vocabulario de los otros, y cuando cae — porque siempre cae — descubre con genuina sorpresa que el pueblo no era suyo. No lo traicionaron: simplemente dejó de serles útil. El caudillo nunca lo entiende porque nunca quiso entenderlo. Esa es la mala fe perfecta: no la del que miente a sabiendas, sino la del que ha construido su existencia entera sobre la decisión de no saber.
Debajo del discurso revolucionario siempre hubo voluntad de conservar — el poder, el clan, el relato, el sombrero. Lo que LIBRE llamó refundación fue, en el fondo, el más viejo de los instintos: quedarse. Y cuando ya no pudieron quedarse, el “revolucionario” mostró lo que la narrativa latinoamericana sabe desde siempre: que el caudillo de izquierda y el de derecha comparten el mismo miedo, la misma arrogancia y el mismo asombro cuando el pueblo, harto, decide que ya es suficiente.
Morazán murió de frente, sin vehículo, sin ventanilla.
La historia, esta vez, no necesitó intérprete.
La gente no los abandonó, 1 de Mayo escenografía de un fracaso
Por Alma Adler
Llegó con el sombrero. Naturalmente. Manuel Zelaya Rosales es un personaje que cualquier novelista latinoamericano hubiera reconocido sin necesidad de presentación: el caudillo criollo que descubrió tarde que los pobres son más útiles como discurso que como proyecto, y que un ganadero de Olancho puede reinventarse como profeta de la redención con el aditamento correcto. El sombrero es su gramática. Sin él no habría relato. Sin él sería simplemente lo que es: un político de la vieja escuela que aprendió a hablar de izquierda porque era más rentable que seguir hablando de ganado. El poder formal lo ocupó otro. Él prefirió el sombrero — más cómodo, menos auditable.
El 1 de mayo Zelaya no caminó, no sudó, no se mezcló con la columna de obreros que avanzaba bajo el sol de Tegucigalpa. Llegó como llegan los que confunden la presencia con la representación, contempló la marcha desde la ventanilla como contempla un “rey” su propio desfile, y entonces alguien sin nombre ni cargo se acercó al vehículo y le gritó a centímetros del rostro lo que en estos últimos años habían acumulado: fuera políticos. El heredero autoproclamado de Morazán respondió con la única frase que le quedaba: “la gente nos abandonó.”
No. La gente los juzgó.
LIBRE no encontró en los pobres un destinatario: encontró un recurso. LIBRE no gobernó para los pobres: los requirió. Los requirió como legitimidad, como coartada, como escudo contra la rendición de cuentas. Cada vez que alguien cuestionó los resultados, ahí estaba el pueblo — invocado, abstracto, infalible — para responder por un gobierno que no tenía otra defensa. El Estado como patrimonio. La familia como estructura de poder. El discurso de los pobres para administrar los beneficios de los que ya no lo son.
Quien abandona se va en silencio. Entre el abandono y el juicio hay una distancia moral que LIBRE nunca quiso cruzar porque cruzarla obligaba a mirarse — y lo que había en el espejo no era el paladín sino el parodista. No la refundación sino la repetición. No Morazán sino su caricatura: el gesto sin la sustancia, el sombrero sin la espada, la tribuna sin el sacrificio.
Hay una diferencia entre el caudillo que fracasa por circunstancias y el que fracasa por constitución. Zelaya — quien gobernó, a todas luces, desde atrás de las bambalinas — y LIBRE pertenecen a la segunda. No gobernaron mal por mala suerte ni por la injerencia de Trump ni por los cincuenta mil mensajes difundidos en redes sociales que, según el oficialismo, habrían manipulado el voto — argumento nunca probado — para torcer el libre albedrío de los hondureños. Gobernaron mal porque nunca tuvieron ni el programa ni la capacidad ni la formación para hacer otra cosa. La demagogia no es un estilo de gobierno: es su sustituto. Y LIBRE la elevó a sistema, con la coartada perfecta — hablar en nombre de los pobres — mientras construía desde el Estado una nueva casta que descubrió el presupuesto público como quien descubre una herencia inesperada.
El nepotismo no fue exceso sino doctrina. La captura institucional que denunciaron durante años en la oposición se convirtió, desde el poder, en manual de operaciones. Los ministerios, las embajadas, las juntas directivas: geometría del clan aplicada con la naturalidad de quien gobierna entre los suyos. Y el lenguaje de la revolución intacto todo el tiempo, como sombrero en la caja de cristal, mientras Honduras seguía igual o peor en los indicadores que de verdad importan: empleo formal, seguridad, inversión, movilidad social real.
Ese es el escándalo que América Latina no ha terminado de procesar: que LIBRE no fue derrotado por la derecha sino por su propia incompetencia. En Honduras no hubo golpe externo ni derrota heroica: hubo un gobierno que dilapidó en menos de un mandato la legitimidad que la resistencia había tardado años en construir, y que llegó al 30 de noviembre con tan solo un 19% de electores, que no alcanzó ni para la derrota digna.
La lección no admite eufemismos: Honduras y la región no necesitan otro caudillo con sombrero. Necesitan Estado. Necesitan funcionarios que sepan lo que hacen e instituciones que sobrevivan a sus fundadores. Necesitan políticas públicas evaluadas por resultados, no por consignas. La demagogia es cara — la pagan siempre los mismos, los que no tienen con qué protegerse de ella. Mientras un gobierno gesticulaba frente a las cámaras invocando a Morazán, los hondureños seguían emigrando, el crimen seguía operando y el Estado seguía siendo lo que ha sido casi siempre: una ventanilla de favores para quien sabe llegar.
Hay una tradición larga en esto. América Latina lleva dos siglos produciendo el mismo personaje: el hombre que llega con un relato de redención, gobierna para sí mismo con el vocabulario de los otros, y cuando cae — porque siempre cae — descubre con genuina sorpresa que el pueblo no era suyo. No lo traicionaron: simplemente dejó de serles útil. El caudillo nunca lo entiende porque nunca quiso entenderlo. Esa es la mala fe perfecta: no la del que miente a sabiendas, sino la del que ha construido su existencia entera sobre la decisión de no saber.
Debajo del discurso revolucionario siempre hubo voluntad de conservar — el poder, el clan, el relato, el sombrero. Lo que LIBRE llamó refundación fue, en el fondo, el más viejo de los instintos: quedarse. Y cuando ya no pudieron quedarse, el “revolucionario” mostró lo que la narrativa latinoamericana sabe desde siempre: que el caudillo de izquierda y el de derecha comparten el mismo miedo, la misma arrogancia y el mismo asombro cuando el pueblo, harto, decide que ya es suficiente.
Morazán murió de frente, sin vehículo, sin ventanilla.
La historia, esta vez, no necesitó intérprete.
💥L'ARCHEVÊQUE VIGANÒ VIENT DE LÂCHER UNE BOMBE 💣 DE VÉRITÉ NUCLÉAIRE
Quand un archevêque catholique ✝️ de haut rang ancien nonce apostolique aux États-Unis, 🇺🇸 accuse ouvertement les élites mondiales d'infiltrer les gouvernements occidentaux pour imposer l'Agenda 2030…
le monde 🌎 devrait s'arrêter 🛑 et écouter.👂
Viganò avertit :
« Une dangereuse élite subversive a infiltré les plus hautes sphères des institutions occidentales pour mettre en œuvre un plan criminel mondial. »
Il affirme que ceux qui dénoncent ce « coup d’État mondial » sont réduits au silence par :
📍Censure
📍 Intimidation
📍Abus psychiatrique
📍Arrestation
Et il cite le nom d'un prisonnier politique dont les médias traditionnels refusent de parler :
Reiner Füllmich emprisonné pour avoir dit la vérité.
Viganò va alors plus loin que presque toutes les figures ecclésiastiques de notre époque :
« Ce n’est pas Füllmich qui mérite d’être en prison, mais ceux qui ont commis le plus grand crime jamais commis contre l’humanité. »
Et il les nomme :
📍Fauci
📍Portes
📍Schwab
📍Soros
📍Von der Leyen
📍Bourla
…et leurs complices au sein des fonctions publiques.
C'est sans précédent.
Un archevêque de haut rang accuse la structure de pouvoir mondialiste de crimes contre l'humanité et nomme le système émergent pour ce qu'il est :
Un régime totalitaire qui se répand à travers l'Europe, 🇪🇺 le Canada, 🇨🇦 l'Australie 🇦🇺 et toutes les nations contrôlées par l'ONU, 🇺🇳 l'OTAN, l'OMS et le Forum économique mondial.
Son appel au monde 🌏 est clair :
📍«Élevez la voix.
📍Défendez les persécutés.
📍Libérez Rainer Füllmich.»
L'histoire s'accélère.
L'Église ⛪️ prend la parole. 🗣️
Des 🗣️lanceurs d'alerte sont emprisonnés.
Et les mondialistes perdent de l'emprise.
La vérité commence à éclater. ✨
@CarloMVigano💥
کروشیا کی منتخب صدر انتہائی بے وقوف خاتون جس نے ملک کی صدر کا حلف اٹھانے کے بعد اپنا jet جہاز اور وزراء کے استعمال میں 39 لگثری گاڑیاں فروخت کرکے وزراء کو حکم جاری کیا کہ اپنے علاقوں میں جاکر عوام کے مسائل معلوم کرو اور اپنے گھروں میں دفاتر بنا لو حالانکہ یہ اعلیٰ تعلیم یافتہ کیمرج یونیورسٹی کی فارغ التحصیل خاتون ��و شکل و صورت سے بھی جاذب نظر ھے Tiktok کا ڈرامہ بھی رچا سکتی تھی اسکے گھر سے دفتر کا فیصلہ 1.2 کلومیٹر ھے جو پیدل طے کرتی ھے گھر سے اپنے دفتر اپنا کھانا ساتھ لے کر آتی ھے اس نے غیر ملکی قرضہ لینے سے انکار کردیا اپنی تنخواہ ملک کے عام مزدور کے برابر کردی۔۔
(امریکی اخبار واشنگٹن پوسٹ کی خصوصی رپورٹ)