A veces lo das todo y no llega. Corres, luchas, te partes el alma… y aun así, pierdes. Y no porque no lo merezcas, sino porque así es la vida: no siempre se gana.
Aprendí a abrazar esas derrotas como quien se abraza a sí mismo después de una tormenta. Aprendí que rendirse a veces no es fracaso, sino pausa. Que decir “no puedo más” también es valentía. Que caerse no siempre duele si te levantas con ganas.
Porque no todo error es tragedia, ni toda caída es final. Hay belleza en equivocarse si sabes reírte después. Hay paz en no exigirse ser perfecto todo el rato. Y hay una felicidad distinta en aceptar que algunas cosas simplemente no eran para ti.
Y cuando aprendí eso… empecé a disfrutar más. Incluso cuando perdía. Incluso cuando me equivocaba. Incluso cuando lloraba.
Porque, al final, eso también es vivir.
Décima vez que nos clasificamos en las últimas diez participaciones. Esto no es fruto de la casualidad, es fruto del trabajo y la dedicación de muchas personas. Gracias equipo, gracias afición. Ahora toca disfrutar y, por que no, SOÑAR!!!
COLUMNA | "Seas anciano o niño, en ese acto tan cotidiano de que alguien te espere anida la excepcionalidad del amor". Por Laura Ferrero https://t.co/PGFUI9dR5u
Uno puede ser la persona más brillante y capaz del mundo, pero una depresión y ansiedad bien hijueputa lo puede dejar inutilizado completamente hasta que uno logre mejorarse, es una realidad.