🚨 Viajó miles de kilómetros para apoyar a su equipo… y cuando la cámara lo enfocó, pasó algo que nadie esperaba.
Durante un partido en el Levi’s Stadium de California, un aficionado portugués apareció apenas unos segundos en la transmisión oficial. Pero su aspecto era tan llamativo que las redes comenzaron a preguntarse lo mismo:
”¿Quién es ese?”
Muchos creyeron que se trataba de una celebridad, otros pensaron que era un actor o un famoso influencer. La realidad era mucho más simple: solo era un hincha que había cruzado el Atlántico para animar a su equipo.
Lo que ocurrió después convirtió esos pocos segundos en un fenómeno viral. ⚽😂🔥
¡Qué manicomio las unidades residenciales!
Por: @danysernam
Hace unos meses, mi papá decidió meterse al consejo de administración de la unidad. Yo pensé que era un espacio de vecinos organizados, gente tratando de cuidar lo que es de todos y de hacer rendir la plata. Algo casi técnico, casi aburrido.
Error.
Al lado de esto, La casa de los famosos se queda corta. Lo que pasa en una copropiedad es puro drama, enredos y pequeñas cuotas de poder que uno no ve venir.
Mi conclusión: una unidad residencial es el país… en chiquito.
Uno pensaría que las personas que convivimos ahí tenemos interés en vivir mejor, cuidar los espacios y mantener cierto orden, pero en la práctica, entre todos, eso termina compitiendo con algo más fuerte: las ganas de tener la razón, de señalar al otro, de imponer.
Empiezan a aparecer los personajes.
Está el vecino bulloso, que hace fiestas a cualquier hora, en plena madrugada y entre semana, sin importar que los demás tengan que madrugar. El que tira cosas por el balcón. El que se adueña de las zonas comunes como si su apartamento empezara desde el ascensor. El que parquea como quiere, deja el carro atravesado en accesos y termina bloqueando a los demás. Y en nuestro caso, tenemos al Abelardo: el que decidió demandar a la administración, al consejo y a varios vecinos, todo a título personal.
Luego está el grupo de WhatsApp. Ese sí es otro nivel.
El grupo de los residentes termina siendo donde se discute absolutamente todo: el niño que no invitaron a jugar, la pelea en el parque, la basura mal puesta, el paquete que nadie recoge. Todo termina ahí, opinado por todos, con mensajes larguísimos, indirectas y uno que otro “con todo respeto” que nunca termina en respeto.
Y en medio de todo, aparecen los señalados: los proveedores.
Que la empresa de aseo no sirve. Que la jardinería es pésima. Que los porteros no hacen nada. Que los ronderos no ven nada.
Pero nadie se hace cargo. Nadie dice “esa basura es mía” o “ese fue mi perro”. Dejamos la basura donde no va, los perros hacen lo suyo en cualquier parte, no respetamos horarios y usamos los espacios comunes como si fueran propios.
Y entonces yo me hago las preguntas que a mi modo de ver son obvias. ¿Cómo va a arreglar el jardinero el miércoles lo que dañaron el martes, si solo viene el viernes? Y de fondo, ¿Cómo se van a mejorar las cosas si los que más reclaman nunca asisten a las asambleas? ¿Cómo se supone que haya acuerdos si las reuniones terminan convertidas en peleas donde todo el mundo habla y nadie escucha, y más de una vez acaban a gritos, insultos y a punto de irse a las manos?
Y cuando por fin se trata de hacer algo, aparece otro problema.
Tomar decisiones se vuelve lento, pesado, burocrático. Hay que revisar el reglamento, el acta, los estatutos, pasar por la revisora fiscal, esperar la reunión del consejo… y mientras tanto, nada pasa. Nada se soluciona. Nada se concreta.
Y a eso se suma algo más.
No siempre, pero pasa: el consejo y la administración empiezan a tomar decisiones que no responden al interés común. Aparecen los “conocidos”: el proveedor recomendado, el amigo de alguien, el de siempre. Y uno termina preguntándose si de verdad se está escogiendo lo mejor… o si alguien está sacando provecho.
Un porcentaje por debajo de la mesa, un pedazo del contrato, decisiones movidas para que gane alguno.
Mi conclusión es que las unidades funcionan muy parecido a como funciona el país: todos opinamos, todos exigimos, pero pocos asumimos algo.
La verdad es que no son “los vecinos”, “los proveedores”. Somos todos, en chiquito. Nos cuesta ceder, nos cuesta cumplir, nos cuesta pensar en el otro cuando no nos conviene.
En lo que dejamos pasar, en lo que no corregimos, en lo que preferimos ignorar… ahí está todo.
Un pedacito del país, con las mismas mañas.
¡POR FIN SE CAYERON LOS "INTOCABLES"! Caracol Televisión confirmó lo que ya sabíamos: Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego están fuera por denuncias de acoso sexual. ¿Se demoraron? Una vida entera, pero hoy celebramos que el silencio ya no es una opción.
No aceptamos disculpas de manual. Que Jorge Alfredo hable de "sensaciones" o "errores" es un descaro; acosar es un delito, punto. Basta de usar a la familia como escudo para dar lástima. El miedo cambió de bando, gracias a las valientes que rompieron el silencio. ✊💜
¿Creen que este es el inicio de una limpieza profunda en los medios colombianos o solo un caso aislado por la presión en redes? Los leemos. 👇
Ayer cancelé mi membresía en el gym tras un escándalo.
Estaba en el vestuario de chicas, en ropa interior, cuando entró Leo, ahora "Luna".
Físicamente conserva intacta su anatomía masculina.
Una chica que se estaba duchando gritó aterrada al verla entrar.
Luna se quedó paralizada frente a los casilleros.
Yo me cubrí rápidamente con la toalla.
La tensión podía cortarse con un cuchillo...
Hilo de historia de redes...
"¿Cómo diablos puede un ser humano disfrutar de que la alarma de un reloj lo despierte a las 5:3O a.m. para brincar de la cama, sentarse en el váter, bañarse y vestirse, comer a la fuerza, cepillarse los dientes y el pelo y encima luchar con el tráfico para llegar a un lugar en donde, esencialmente, hace montañas de dinero para alguien más, y encima si le preguntan, debe mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacer eso?"
- Charles Bukowski