Hay canciones que parecen anticiparse a lo que cuentan. Y que cuentan más de lo que parecen decir a simple vista.
Y esta canción nos habló de un final, a pesar de nacer en un principio.
En el cierre de esta temporada de #LaHistorietaMusical hablaré de The End.
Hoy, The Doors.
@PDuchement@Exoplaneta__ Mi hijo está en la escuela infantil, tiene 3 años, y dice frases como "a mí los niños chivatos no me gustan", en casa nunca hablamos así. No me gusta la sanción gratuita al "chivato". ¿Cómo se puede enseñar que decir lo que ha ocurrido a un adulto no es malo?
@ineuro_Clinicas ¿Cómo puede entonces diagnosticarse? ¿Y quién puede hacerlo? A mi hijo lo han diagnosticado con Ados, Adir, perfil sensorial y wisc. ¿Significa eso que ese diagnóstico no sirve? Gracias de antemano por aclararlo, no soy experta, solo docente y madre.
@Reagno Muchas gracias por esta maravillosa reflexión. Siempre me ha gustado la cita de Píndaro, pero ahora adquiere aún más significado desde nuestra condición. Hace poco que he recibido el diagnóstico y creo que ti texto refleja totalmente mi sentir. De nuevo, gracias.
SER EL AUTISTA QUE ERES.
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“Llega a ser quien eres” es un verso de la “Pítica Segunda”, una oda donde Píndaro exhorta a los deportistas griegos a una superación constante hacia la cima de su potencial. En nuestros días, como apunta el ensayista alemán Rüdiger Safranski en su libro “Ser único”, la autorrealización está ligada al consumo, a aquello que puede mostrarse externamente, lo que puede ser comprado. Sin embargo, esta autosuperación contenida en las líneas iniciales habla de la llegada hacia uno mismo. Una superación de un yo aparente para llegar a un yo auténtico, con la iluminación, afirmación, dominación, y gobierno de sí necesarios para alcanzarlo. Rumbo al ser único.
“Ser único” parece ser una de esas tautologías insoportables, similar a su opuesto, el depreciado eslogan “todos somos diferentes”. Frases ante las cuales cabe asentir llanamente o alzar los hombros antes de pasar a otro tema. Pero no, no se trata de una frase hecha para tiempos de positividad. Ser único es un trabajo, una labor por la cual uno se descubre como individuo. Y para nosotros, los autistas, es en extremo importante pues supondrá, llegado el momento, renunciar a los valores sociales establecidos cuando nos alejan de nuestro ser autista, y mantener una distancia posterior. Estar en el mundo neurotípico sin ser de él.
Este es el sentido de “ser únicos”, llegar a ser el autista que somos, individualizarnos respecto de los mandatos de normalización, de medianía, para trasponer las máscaras hasta ahora necesarias. En esas restas de facetas, de rasgos adquiridos y superpuestos, acceder a las características propias y únicas. Para reconocerlas también en otros, hacerlas comunidad y cultura autistas.
En un escrito anterior decía que el éxito para un autista es poder ser autista. Hoy, podemos aumentar: llegar a ser el autista que eres. Ello plantea un desafío enorme en una sociedad que activará todas sus fuerzas y barreras para impedirlo. Dicho camino estará marcado por permanentes exclusiones. Cuando la sociedad neurotípica no puede asimilar a alguien, homogeneizarlo, intentará cercarlo, incluirlo en determinadas periferias para, si persiste la diferenciación, finalmente excluirlo.
Sería ideal conocer nuestra identidad autista desde la infancia, con la naturalidad de nuestra nacionalidad. Una identificación temprana preparará a los cuidadores para los duelos necesarios, para aceptar el autismo en su hijo o hija, respetar el camino que lo lleve al gozo de su naturaleza y prepararlo. En esta situación, la construcción de un yo autista diferenciado de la actuación social neurotípica se dará en concordancia con la estima de las propias características, el establecimiento de límites, la petición de apoyos y de ajustes razonables, y el cuidado de sí.
Para quienes hemos recibido un diagnóstico en la adultez o para quienes, habiéndolo recibido durante la infancia o adolescencia, no tuvieron una crianza neuroafirmativa, la andadura hacia nuestro ser comienza con el extrañamiento del mundo, el hastío de fingir, la vuelta de un burnout. Con la rebeldía que irrumpe o la serena intuición de una existencia mejor y nueva.
Coincide con la comprensión de un diagnóstico que, resignificando las experiencias pasadas, permite la elaboración de una historia renovada. Se vuelve la dimensión esencial de una identidad a la medida de nuestra mente, de nuestros sentidos, de nuestros afectos. Una donde disfrazar menos, atrever con mayor profundidad nuestros intereses, celebrar viejos y nuevos rituales. Pasos donde tantos habrán de decir: “desde que recibió su diagnóstico de autismo se volvió más autista”, como resignación hacia quien parece no ver la deriva a enfrentar. Una vida lejos de la aspiración neurotípica es algo temido por todos aquellos que desean la menudencia de algún privilegio o, al menos, librarse lo más posible de la marginación.
Afirmar nuestras características es considerar que el autismo determina quiénes somos, es indivisible a nuestra personalidad, es la razón de estar de un modo determinado y no de cualquier otro. Aquello desde donde emanan nuestras mejores luces, la explicación de facetas sombrías, el porqué de nuestros impedimentos. Dimensiones unas más posibles de aceptar que otras. Todas a afirmar con necesario aplomo para apropiarnos de un lugar, nuestro. Donde, finalmente, como señala mi colega Andrea Mesones, podamos aceptarlas radicalmente, concluyendo la pelea con la realidad, la del yo enmascarado, aparente, una imposible de habitar. Otra realidad, una autista nos reclama, un nuevo hábitat en medio del mundo conocido, una piel reconocida entre las capas de camuflaje. Una de amorosa lucha hacia el cercano y aparentemente inalcanzable yo auténtico. Entonces soy uno, alejándome de tantos otros imposibles, y empiezo a saberme único. Para empezar a ser el autista que debo ser.
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@TeaVallarta Muchísimas gracias por los hilos que publicas, es impresionante lo que me veo reflejada en ellos, lo que me estoy entendiendo a mí y a mi familia. Gracias, gracias.
Me preguntaron qué creía yo que podíamos hacer como sociedad para disminuir la tasa de suicidios en adolescentes.
Pues creo que como sociedad NO QUEREMOS hacer nada.
Mejor dicho: NO ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR EL PRECIO que nos costaría tomar medidas como sociedad.
My "high functioning autism" is basically everyone else seeing me as completely normal but maybe just a bit picky/particular... while internally, it's me in constant sensory overload, social overload, and fighting against my executive dysfunction to just do stuff...
Anyone else?
«Desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él […] su responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo que yo hago». Enmanuel Levinas, Ética del infinito.
«Así empezó el arte: la inminencia de una separación, la primera punzada de la nostalgia».
Discurso inaugural de la @FILBogota
Gracias a la Feria, al público de mi amada #Colombia y a la traductora de signos que hizo visibles mis palabras al esculpirlas en el aire.
#Bogotá
Tenemos que enseñar a nuestros jóvenes que todos los datos que compartimos alimentan un mercado cuyo objetivo es hacer nuestras acciones predecibles, de manera que se conviertan en rentables. La meta es automatizar nuestras conductas mientras pensamos que actuamos con libertad.
La primera red social es la familia.
La familia es el lugar en el que aprendemos a ser persona. Solo alguien que ha aprendido a ser persona sabe relacionarse socialmente.
Lo que llamamos hoy "redes sociales" está llene de gente asocial.
Desde pequeño siempre fui un niño mariquita. Eso provocó que me pegaran, se rieran de mi, me insultaran.... y me sintiera solo. Bueno, en realidad no provoqué nada. Es una homofobia propia que he tenido y sigo teniendo interiorizada, en la que concedemos a otras personas el derecho a que nos agredan, nos discriminen o hagan lo que consideren. Creí que todo ese sufrimiento era por mi culpa, por ser como era, que me lo merecía. Hoy quiero lanzar este mensaje para concienciar a muchos padres y a muchas madres. Los padres y madres queréis (casi siempre) lo mejor para vuestros hijos. Al menos así lo creo
yo que tengo a los mejores padres del mundo y siempre han estado ahí.
Pero no obliguéis a vuestros hijos a jugar con quien no quiere. No les invitéis a a que se comporten como lo que no son. No les pongáis el disfraz de "niño fuerte" porque eso no le va a proteger. Al contrario, va a sentir que es un fracasado, que no está dando la talla, que nunca es suficiente bueno y será algo terrible para su autoestima, para su desarrollo, para querer seguir viviendo.
La cosa se complica si eres gordito, si tienes una enfermedad crónica (diabetes) que te roba la energía, si vives en un pueblo donde las oportunidades se merman.
La homofobia me ha marcado la persona que soy. Ha hecho que yo haya sido mi peor enemigo, y me ha condenado a un ejercicio de empoderamiento que cada día tengo que desarrollar. Por eso el activismo también está per ser en mi vida, para intentar que nunca, nadie, sienta que tiene que vivir otorgando a los demás el derecho a que se crean superiores.
Ayudar a vuestros hijos y quererlos como son. Confiad en su criterio y dejadles crecer libres, haciendo lo que les gusta y eligiendo a sus amistades. Que sea amigo del hijo del terrateniente o que intentar que parezca un poco más "machito" no le va a haber ningún bien. Porque no solamente será peor para ellos, también lo sufriréis vosotros.
"A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. Pero te quiero, ojalá lo entiendas, siempre te quiero; pero a veces mis abrazos no tienen calor y mi boca no sabe qué decir… Pero te quiero, siempre te quiero, cuando no te convengo, cuando no me soportas, cuando te odio, te quiero".
Alejandra Pizarnik.
“Mamá, me siento muy mal, no sé si decírtelo, pero tres niños de mi clase, me tratan muy mal desde hace un año, me cogen a la fuerza, me arrastran por los brazos y piernas, me quitan las bragas y me arañan la vulva y la vagina, me meten arena en la boca y me tiran muy fuerte, muy fuerte, del pelo y me lo arrancan. Yo no quiero ir más al cole”. M. 6 años.
La brutalidad no parece tener límite. Cada vez más precoces. Niños de 6 años sin ningún tipo de empatía ni compasión por una compañera suya de clase con la que se ensañan, agreden y vejan durante meses. El director del colegio trató de convencer a la madre para que no denunciara.