🔴POLÍTICA | El debate sobre los niños haitianos en Chile se ha visto cruzado por desinformación y acusaciones sin sustento de tráfico o delitos graves
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No solo el ministro de Defensa aclaró que no hay fundamento en las denuncias grandilocuentes con fines políticos, sino que el Director de la PDI aclaró que están bien, con sus padres o adultos y escolarizados. La maldad de algunos no tiene límites.
Comparto nota acerca del denominado caso de tráfico de niños haitianos, el verdadero objeto del preinforme de Contraloría y las mentiras para crear indignación https://t.co/nz60jJ6Op3
Grave acusación que da cuenta que la ministra Steinert se habría adjudicado como propia la diligencia de Temo Cui Cui que que fue solicitada por el Ministerio Público y autorizada por un tribunal.
🟠OPINIÓN | "Vandalismo cultural": Así califican la reciente ofensiva del presidente Kast contra el financiamiento de la investigación académica
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Quiroz desdice al gabinete del Presidente Kast y afirma que NO se mantendrá el impuesto de primera categoría en 12,5%, con lo que se sube el impuesto a casi el doble hacia 2030
URGENTE🚨 Ministro Quiroz acaba de reconocer que no existe absolutamente ninguna certeza de que el regalo tributario que le harán a las grandes empresas genere mayor empleo. Realmente vergonzoso.
CARTA ABIERTA A LA MINISTRA DE CIENCIA, TECNOLOGÍA CONOCIMIENTO E INNOVACIÓN.
Ximena Lincolao. @Ximenatech
Señora Ministra:
Hay frases que, por su ligereza, se desvanecen en el aire. Y hay otras —como la suya— que, por su torpeza, merecen ser detenidas, observadas y, si es necesario, desarmadas pieza por pieza. Usted ha señalado que: “uno de los mejores regalos que recibió en su vida fue haber sido pobre”. Permítame decirle, con toda franqueza y respeto, que no es una frase inspiradora; es una afirmación profundamente equivocada y absolutamente errada.
La pobreza no es un regalo. No lo ha sido nunca. No lo es en la literatura, ni en la estadística, ni en la experiencia concreta de millones de personas que no pueden darse el lujo de reinterpretarla como una metáfora edificante. La pobreza es carencia: de oportunidades, de acceso, de tiempo, de dignidad. Es restricción acumulativa, no una escuela de virtudes.
Cuando una autoridad pública decide romantizarla, lo que hace no es dignificar la adversidad, sino trivializarla. Transforma una condición estructural que el Estado debe combatir en una suerte de anécdota formativa, casi pedagógica. Como si la escasez fuera un curso intensivo de carácter. Como si el hambre tuviera valor didáctico. Como si la precariedad fuese, en el fondo, una bendición mal comprendida.
¿Se da cuenta de la paradoja que encierra su afirmación?
Si la pobreza fuese realmente un “regalo”, entonces el esfuerzo institucional por erradicarla carecería de sentido. Bastaría con distribuirla. Convertirla en política pública. Democratizar ese supuesto beneficio. Pero no lo hacemos —y usted lo sabe— porque la pobreza no fortalece: limita y condiciona, en definitiva, reduce horizontes.
Hay, además, un error de razonamiento que resulta particularmente inquietante en alguien que encabeza una cartera vinculada al conocimiento. Haber desarrollado resiliencia o disciplina a pesar de la pobreza, no convierte a la pobreza en una causa virtuosa. Confundir ambas cosas es caer en una trampa elemental: atribuirle al obstáculo el mérito del que logra superarlo. Es como elogiar la enfermedad por haber producido un sobreviviente.
Pero quizá lo más delicado de su frase no es su debilidad lógica, sino su trasfondo moral. Porque en ella se percibe una forma sutil de autocelebración: una narrativa donde la biografía personal se eleva a categoría de ejemplo universal. Usted salió adelante, y eso es valioso. Pero de ahí a concluir que la condición que es en sí misma una limitante, fue en realidad, un “regalo”, es una conjetura que no resiste el menor análisis.
Mientras usted resignifica su pasado, hay miles —millones— que no pueden hacerlo. Que no encuentran en la pobreza ni épica ni redención. Que no la recuerdan como un peldaño, sino como un peso. Y para ellos, escuchar a una ministra hablar de “regalos” en medio de la carencia no es inspirador, es, francamente, ofensivo.
Señora ministra, el lenguaje importa. Y más aún cuando se ejerce desde el poder. No se trata de censurar su historia personal, sino de exigirle rigor al momento de interpretarla en público. Si su intención era destacar la resiliencia, bastaba con decirlo. Si quería subrayar el valor del esfuerzo, había caminos mucho más precisos. Pero elegir la pobreza como metáfora positiva no es valentía discursiva, es un descuido intelectual imperdonable.
Porque, al final, lo que está en juego no es una frase aislada, sino la manera en que entendemos los problemas que decimos querer resolver. Y en eso, conviene ser precisos y categóricos: la pobreza no es un regalo. Es un problema. Y tratarla como lo primero es olvidar —o peor aún, ignorar— la urgencia de lo segundo.
Atentamente,
Un ciudadano que espera más rigor, y bastante más lucidez, de sus autoridades.
@MisColumnas
LA VERDADERA EMERGENCIA
ES EL LENGUAJE
Gobernar en gerundio, pensar en borrador. Cuando el poder conjuga mal los verbos, la realidad termina mal escrita.
Hay gobiernos que tropiezan en la gestión, otros en la estrategia, algunos en la ética. Este, en cambio, tropieza —y con estrépito— en algo más primario: el lenguaje. Y cuando la palabra falla, no solo se erosiona la forma; se desnuda el fondo.
Desde la irrupción de José Antonio Kast y su cohorte ministerial, hemos asistido a un fenómeno curioso: la progresiva degradación del discurso público. No se trata de una cuestión estética ni de elitismo retórico, como apresuradamente podrían caricaturizar algunos, sino de un problema funcional. Gobernar es, en esencia, comunicar. Y aquí, la comunicación no alcanza siquiera el umbral de lo aceptable.
Lo que en un inicio pudo interpretarse como inexperiencia, hoy se revela como una constante estructural. Ministros con posgrados —al menos en el papel— que balbucean ideas inconexas; subsecretarios que convierten el exordio en un campo minado de muletillas; vocerías que parecen improvisaciones de sobremesa mal iluminada. La pobreza léxica es apenas la superficie de un problema más profundo: la incapacidad de articular pensamiento con claridad.
Porque el lenguaje no es un adorno: es pensamiento en voz alta. Y cuando la sintaxis se desmorona, lo que cae no es sólo la frase, sino la idea misma. Escuchar a ciertas autoridades es asistir a una suerte de naufragio semántico, donde las palabras flotan sin dirección, sin ritmo, sin jerarquía. No hay cadencia, no hay intención, no hay estructura. Sólo ruido.
En columnas anteriores —pienso particularmente en aquella dedicada a la vocera Mara Sedini— ya advertíamos esta tendencia: una retórica que abdica de toda aspiración a la precisión y se refugia en una falsa cercanía, como si la informalidad fuese sinónimo de autenticidad. Pero no lo es. Es, más bien, la coartada de la mediocridad.
El caso del propio presidente Kast no es mejor, un exordio plano, simplón, facilista, un discurso poco elaborado y pobre en su contenido y técnica, en las antípodas de un estadista de verdad. No hay profundidad, no hay precisión ni conocimiento, menos agudeza ni exactitud.
El caso del hoy diputado Orrego es patético, verbaliza mal, no modula y lo peor, no logra salir del mismo lugar común cada vez que habla. Hasta para insultar se requiere cierta lucidez diría el gran Schopenhauer.
El problema no es que hablen “como la gente”. Es que hablan peor que la gente cuando la gente intenta hablar bien. Hay en ello una paradoja inquietante: quienes detentan el poder parecen haber renunciado a la responsabilidad de elevar el estándar del discurso público, optando en cambio por mimetizarse con su versión más precaria.
Se dirá —y con algo de razón— que la gestión importa más que la elocuencia. Pero esta es una falsa dicotomía. La buena gestión necesita ser explicada, defendida, persuadida. Sin lenguaje, no hay política, hay administración muda. Y un gobierno que no sabe decir lo que hace, termina no sabiendo qué hacer.
Lo más preocupante, sin embargo, no es el diagnóstico, sino el pronóstico. No hay señales de corrección. No hay autoconciencia. No hay, siquiera, incomodidad. Se habla mal con la tranquilidad de quien no percibe el error, de quien ha vivido siempre en un ecosistema donde la precariedad lingüística es norma y no excepción.
Así, el problema deja de ser individual y se vuelve cultural. No estamos ante ministros que hablan mal, sino ante una élite que ha naturalizado hablar mal. Y cuando eso ocurre, la política pierde una de sus herramientas más nobles: la palabra como instrumento de construcción común.
En definitiva, este gobierno no solo desafina: ha olvidado que existe una partitura. Y en ese olvido, cada intervención pública se convierte en una disonancia, en un ejercicio involuntario de descomposición. Porque cuando el lenguaje se empobrece, la política no tarda en seguirle el paso.
@MisColumnas
CARTA ABIERTA AL DIPUTADO
Jorge Alessandri. @jalessandri
Señor Alessandri,
Honorable diputado.
Hay momentos en política en que una palabra revela más que un discurso entero. Usted logró uno de esos momentos. No fue un programa, ni un documento, ni siquiera una idea elaborada. Fue apenas un verbo. Pero qué verbo.
“Lamer”.
Con admirable franqueza —esa que a veces traiciona lo que otros prefieren disimular— usted explicó ante las cámaras de CNN Chile, que el presidente electo debía viajar a Estados Unidos a “lamer” las heridas que el gobierno saliente habría provocado en la relación con Donald Trump.
Hay que reconocerle algo, diputado: su sinceridad. Porque en un país donde la diplomacia suele maquillarse con eufemismos como: recomponer relaciones, fortalecer vínculos, restablecer confianzas, usted optó por la crudeza semántica. No curar, no reparar, no dialogar. Simplemente, Lamer.
El problema no es sólo el verbo. Es la escena que evoca.
Porque las heridas se curan. Se limpian. Se vendan. Pero lamerlas introduce una imagen mucho más antigua y menos digna: la del vasallo medieval inclinado frente al señor feudal esperando su benevolencia.
Quizás sin querer, usted ofreció una síntesis involuntaria de cierta tradición política: la de quienes hablan de soberanía con voz firme hacia adentro, pero descubren una flexibilidad casi acrobática cuando el poder verdadero habla inglés.
No es un fenómeno nuevo. Basta observar el pequeño círculo de líderes que orbitan con vil entusiasmo alrededor de Trump: el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele entre varios, y, según parece, ahora nuestro compatriota, el chileno José Antonio Kast. Una curiosa fraternidad política donde la admiración suele expresarse con más entusiasmo que la autonomía.
Pero lo verdaderamente notable de su declaración honorable diputado, es que usted no intentó disimular nada. Al contrario, lo dijo con la naturalidad y destemplanza de quien describe una diligencia administrativa.
Como si fuera perfectamente razonable que un país viaje a rendir pleitesía al poder de turno.
Tal vez por eso sus palabras provocaron algo más que incomodidad: provocaron vergüenza. No tanto por la torpeza verbal —los deslices ocurren— sino por lo que revelan sobre cierta concepción del poder. Una donde la política exterior no consiste en representar con dignidad a un país, sino en asegurarse de que el amo esté satisfecho.
Permítame entonces una sugerencia, diputado.
Hace casi cinco siglos, el poeta español Alonso de Ercilla escribió La Araucana, esa gran epopeya que relató la guerra entre los conquistadores y los pueblos mapuches, exaltando el coraje de líderes como Lautaro y Caupolicán.
En uno de sus versos más célebres describía así a esta tierra:
“Chile, fértil provincia, y señalada
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte, principal y poderosa;
la gente que produce es tan granada,
tan soberbia, gallarda y belicosa,
que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida.”
Tal vez sería útil releer ese verso antes de volver a explicar cómo debe conducirse un país frente a una potencia extranjera.
Porque, si algo enseñaba aquella epopeya, es que este territorio —al menos en el imaginario que nos formó— no se distinguía precisamente por su vocación de vasallaje.
En cualquier caso, diputado, le agradecemos la lección involuntaria. Pocas veces una palabra ha descrito con tanta precisión una mentalidad política y la filosofía de un sector.
La próxima vez que alguien pregunte cómo ciertas ideologías entienden la relación con el poder mundial, bastará recordar su intervención televisiva.
Usted ya lo explicó con admirable claridad.
“Lamer”.
Atte.,
RX.
@MisColumnas
En tiempos en que vale regalar con sentido, recomiendo el libro infantil, pero para leer en familia, "Emilio conoce a Santa... viaje al Polo Norte", de la periodista y escritora Karen Punaro @Emol@latercera@Cooperativa@EstaPasando_CL#Navidad2025 https://t.co/Fb4hSFQdO3
@p4purrip0p Esto es falso. El M/T Skipper, fue confiscado el 10 de diciembre de 2025 tras salir de Venezuela. La operación no fue revertida por un tribunal superior. El 12 de diciembre de 2025 se ordenó la incautación por el Tribunal de Distrito de los EEUU para el Distrito de Columbia
El vocero de @joseantoniokast admite que sabe cómo y de dónde recortarán los $6.000 millones de dólares del presupuesto estatal, pero no quieren decirlo porque “el país se paralizaría” y “la calle se incendiaría”.
Si no dicen lo que harán es porque que daña a la gente.
Este domingo, vota pensando en el futuro. Cuidemos nuestro país.
@DFinanciero Huérfano: "RAE. 1. adj. Dicho de persona menor de edad: Que ha perdido a uno de sus padres, o a los dos, por fallecimiento". me parece una tremenda pérdida, sin dudas, pero inexcusable el desliz del DF