"Una vez en el poder... los policymakers populistas avanzan rápidamente en la implementación de ambiciosos programas destinados a redistribuir el ingreso, generar empleo y acelerar el crecimiento. Aunque cada episodio histórico de populismo presenta rasgos particulares, todavía es posible distinguir cuatro fases comunes a la gran mayoría de las experiencias.
Fase 1. En la primera fase, el diagnóstico y las prescripciones de los responsables de la política económica parecen plenamente confirmados: el producto, los salarios reales y el empleo crecen con fuerza, y las políticas macroeconómicas parecen un éxito rotundo. Los controles impiden que la inflación se convierta en un problema, mientras que las importaciones alivian la escasez. La reducción de existencias y la disponibilidad de bienes importados —financiados mediante la pérdida de reservas o la suspensión de pagos externos— permiten absorber la expansión de la demanda con escaso impacto sobre la inflación.
Fase 2. La economía comienza a encontrarse con cuellos de botella, en parte como consecuencia de la fuerte expansión de la demanda de bienes producidos internamente y en parte por la creciente escasez de divisas. Mientras que la reducción de existencias había sido un elemento esencial de la primera fase, sus bajos niveles y la necesidad de recomponerlas se convierten ahora en una fuente de problemas. Se vuelven necesarios los reajustes de precios y la devaluación, junto con controles cambiarios o medidas de protección. La inflación aumenta de manera significativa, aunque los salarios logran acompañarla. El déficit presupuestario se deteriora enormemente como consecuencia de los amplios subsidios a los bienes de consumo básico y al acceso a divisas...
Fase 3. La escasez generalizada, la aceleración extrema de la inflación y una evidente brecha de divisas provocan fuga de capitales y desmonetización de la economía. El déficit presupuestario se deteriora violentamente debido al fuerte derrumbe de la recaudación tributaria y al aumento del costo de los subsidios. El gobierno intenta estabilizar la economía mediante recortes de subsidios y una depreciación real. Los salarios reales caen de manera drástica y las políticas económicas se vuelven inestables. Resulta evidente que el gobierno se encuentra en una situación desesperada.
Fase 4. Un nuevo gobierno adopta una estabilización ortodoxa. Con frecuencia se pone en marcha un programa del FMI y, una vez terminado todo el proceso, el salario real habrá caído drásticamente hasta situarse en un nivel significativamente inferior al que tenía cuando comenzó el episodio. Además, esa caída tiende a ser muy persistente, porque las consecuencias políticas y económicas de la experiencia habrán deprimido la inversión y fomentado la fuga de capitales. La magnitud de la caída de los salarios reales responde a un hecho sencillo: el capital puede desplazarse a través de las fronteras, pero el trabajo no. El capital puede escapar de las malas políticas; el trabajo queda atrapado...
Al final del camino, resulta inevitable preguntarse si los policymakers, los dirigentes políticos y la población en general pueden internalizar los errores cometidos por los regímenes populistas del pasado y, de ese modo, evitar repetirlos en el futuro... De hecho, una de las regularidades más llamativas de estos episodios es la insistencia con la que los artífices de los programas populistas sostienen que sus circunstancias son únicas y que, por lo tanto, las lecciones históricas de otras naciones no se aplican a su caso".
Rudiger Dornbusch and Sebastian Edwards, "The Macroeconomics of Populism," in The Macroeconomics of Populism in Latin America, ed. Rudiger Dornbusch and Sebastian Edwards (Chicago: University of Chicago Press, 1991), 11–12.
La tragedia de lo que cuenta Florencia Salvarezza es cómo la intelectualidad argentina se enamora de ideas, las transforma en cuestiones de principios y es completamente ajena a toda evidencia del daño que produzca. En este caso, a la lectoescritura.
"...están más interesados en agitar las conciencias y movilizar los sentimientos del ciudadano... que en explicar cuáles serían los efectos concretos, benéficos o dañinos, de la legislación que se pretende reformar."
Pura batalla cultural. Bien @RoyHora
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Me liquida el instinto "chicaguense con corazón" tipo Arriazu (lo nombro a él sólo por su declaración reciente, pero se lo he escuchado a decenas de colegas) onda "que se haga todo pelota, deflación nominal en varios sectores y pérdida de empleo, eso sí, que en la transición haya reentrenamiento y capacitación para los excluidos". O sea digamos no creen que el Estado pueda hacer política macro a favor del pleno empleo pero imaginan que el Estado puede "reentrenar" a tres millones de laburantes.
Es exactamente al revés: toda situación que no sea de pleno empleo exige política macroeconómica; la política microeconómica para resolver la macro es como Papá Noel: no existe. El cambio estructural saludable es con "pull" de los sectores que se expanden, no con "push" de los que declinan.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)
Una de esas amistades inglesas
Argentina fue inventada por un grupo de comerciantes porteños afines al contrabando. La mitología del país naciente se fundamentó en la extensión llana de la Pampa, el desierto verde. Su epopeya en verso fue el Martín Fierro, protagonizado no ya por un alto héroe aristocrático sino por un matrero que se va a la frontera, a la Pampa, para huir de las garras armadas del Estado.
De estas mitologías todavía jóvenes proviene, ciento cincuenta o doscientos años después, un tópico argentino: el de la informalidad, sea impositiva o relacional. La verdadera economía funciona por fuera de la economía blanca, y la contención proviene no de las instituciones organizadas sino de instituciones menos orgánicas, como los clubes deportivos u otras asociaciones de afinidades electivas. La institución inorgánica por excelencia, la que extrañan quienes se las rebuscan en el exterior, es la de la amistad, practicada a través de dos ejercicios gastronómicos: el del mate y el del asado.
En los márgenes del Estado voluntarioso, en los márgenes de la página y en los márgenes de la cultura occidental, Jorge Luis Borges, un argentino exótico, de abolengo criollo, criado por azar o confusa deliberación paterna en la Europa de la Gran Guerra y las vanguardias artísticas, se convirtió inesperadamente en algo más que el más grande escritor argentino. Cuando atracó en Buenos Aires a sus veinte, se sintió extranjero en esta ciudad invadida por italianos, que estaban deformando incluso la manera argentina de hablar, y poco a poco empezó a concebir su venganza: la de escribir cuentos criollos y universales en una lengua única, antigua, que pareciera eterna pero también íntima, impersonal pero personal. Empezó a disfrazar sus textos con novedades ruidosas y enciclopedismos, trampas falsamente eruditas para ocultarle al lector a un hombre sentimental, sencillo, capaz de comprender y de encontrar las mejores palabras para las grandes experiencias humanas: la de Dios (“divino laberinto de los efectos y las causas”), el amor (“que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad”) o la amistad.
Borges ejerció la amistad con muchos hombres y mujeres, entre los que se destaca Adolfo Bioy Casares.
En 1936, Borges incluyó en un libro de ensayos una reseña de un libro falso, The Approach to AlMu’tasim, de un supuesto abogado anglo-hindú. Adolfo Bioy Casares, un joven de veintiún años que había publicado prematuramente varios libros con el dinero de su padre, cayó en el bait de Borges y pidió el libro hindú inexistente a su librería de Londres. El equívoco creó una de las amistades más duraderas y prolíficas del siglo XX argentino.
Bioy se casó poco más tarde con una mujer algo mayor que él, quizás la otra gran escritora argentina del siglo XX además de Borges: Silvina Ocampo. Durante casi cincuenta años, Borges fue varias noches por semana a comer a lo de “los Bioy”, impulsado por el sentimiento de amistad, por la conversación interminable y quizás por el deseo de Georgie de huir del departamento que compartió con su madre hasta la muerte de esta, cuando Borges tenía ya 76 años.
Tras la escritura conjunta de un folleto para la empresa láctea de la familia materna de Bioy, uno de los primeros registros literarios de esta amistad entrañable es el prólogo de Borges a la primera novela de Bioy, La invención de Morel. La novela, a la que le dedica sólo una de las 795 palabras que tiene el prólogo (esa palabra es “perfecta”, pero no tenemos por qué creerle a Borges), es en realidad una excusa de Borges para escribir el programa de la literatura por venir: las novelas del realismo mágico, la obra de Cortázar, García Márquez y Carlos Fuentes, vienen de ese prólogo. El ninguneo de Borges para con su joven amigo es uno de bullying pedagógico, un insulto incentivador del estilo del que su personaje el cuchillero Rosendo Juárez le dedica a su joven discípulo (el cobarde asesino y narrador del cuento) en “Hombre de la esquina rosada”. La educación, para Borges, era también provocación.
Por esos años, Borges y Bioy colaboraron en la escritura de cuentos en los que Borges se permitió una chabacanería que no se permitía en su obra oficial. Firmaron sus cuentos a cuatro manos con seudónimos en los que mezclaban sus apellidos con prosapia criolla: Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch.
Dos de los artefactos cuentísticos más complejos escritos por Borges durante su raid creativo de la década del cuarenta, “Tlön Uqbar Orbis Tertius” y “El inmortal”, homenajean esa amistad con Bioy, que fue como su taller literario, el lugar donde cotejó sus ideas y donde germinaron sus obras. “Tlön…” es en realidad, además de la invención de un planeta inverosímil, la narración de una escena en la que Bioy y Borges leen y comentan un artículo de una enciclopedia. La amistad entre ellos, un espejo per se, tiene a su vez otro espejo, que es la amistad del padre de Borges con un inglés: “Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente…”. Borges se permite también en el cuento una broma genial sobre sus propios traumas relacionados con la intimidad sexual. “La cópula y los espejos”, le hace decir al personaje de Bioy, “son abominables, porque multiplican el número de los hombres”. Es una ironía que los años han hecho evidente: se sabe que la colección de amantes del buenmozo Bioy se contaba por centenares, mientras que Borges probablemente nunca tuvo intercurso completo con una mujer: la amistad entre Bioy y Borges era una entre un copulador serial y un asceta, uno que quizás no haya conocido bíblicamente a ninguna mujer. Borges hacía chistes con sus miserias.
En “El inmortal”, que dura siglos, un legionario romano se hace íntimo de un troglodita que resulta ser Homero. Como han adquirido la inmortalidad (literal y metafórica) después de beber del agua de un río, Homero y el legionario se despiden sin decirse adiós (otra vez la silente amistad inglesa), confiando en que volverán a verse. Pero el legionario recupera la mortalidad bebiendo otra agua, y nunca vuelven a verse. En el final, el legionario dice: “Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.” Lo interpreto como una idea de la amistad, en especial de su amistad con Bioy, según la cual la amistad es una confusión de identidad con el otro.
Este cuento, escrito en 1948, tuvo como tantos textos de Borges una cualidad profética, ya que en efecto Borges y Bioy se despidieron sin decirse adiós en vivo, porque María Kodama se lo llevó en 1986 a morir a Ginebra.
Bioy sentía que Kodama, secretaria y luego esposa de Borges a partir de la muerte de la madre de este, había apartado a Borges de sus amigos y que lo hacía sufrir. La rivalidad entre Bioy y Kodama fue duradera: hasta poco antes de morir en 2023, su viuda contaba que una vez, después de que Bioy publicara una de sus novelas, Borges le había dicho: “¿Cuándo se dará cuenta Adolfito de que no sabe escribir?”. Esta malicia tuvo quizás como origen la gran sorpresa póstuma que dio la obra de Borges, que fue el Borges de Bioy Casares, un libro de más de 1500 páginas que recopila con devoción cada una de las conversaciones que tuvieron los amigos a lo largo de más de cuarenta años. “Come en casa Borges”, empieza cada entrada, usando un verbo que denota pertenencia social: la clase media dice “cena”, mientras que sólo la clase alta de origen agropecuario dice “come”. Con amor adicto de amanuense, fan y amigo, Bioy registra al Borges oral, chispeante e íntimo, genial tanto para el chisme como para las lecturas literarias. Es seguramente el registro más frondoso de la historia sobre una amistad, equiparable al de Platón sobre Sócrates. El libro está precedido por un epígrafe en francés de Silvina Ocampo que habla con toda elocuencia de la consideración y el cariño que ella y Adolfo tenían por Borges: “Comer con Borges es una de las costumbres más dulces de mi vida. Me permite creer que conozco a Borges más que a mis otros amigos, porque la hora de la cena es, sobre todo, la hora de la conversación.”
Presidente @jmilei
Supo usted irrumpir en el debate económico con asertividad. Contribuyó a desarmar la telaraña de eslóganes vacíos como “vivir con lo nuestro”, “más Estado ante cualquier necesidad” o “la emisión no genera inflación”, que en 2023 hundieron en la pobreza a casi la mitad de los argentinos y desembocaron en más de 200% de inflación.
En las últimas dos semanas ha invocado un suceso de hace siete años, el reperfilamiento de deuda post PASO 2019. Aunque sospecho que, de cara a 2027, la población estará más ávida de escucharnos sobre el presente y el futuro, la oportunidad sirve para acordar que lo importante es evitar que la nave con 47 millones de pasajeros se declare en emergencia, porque una vez ocurrido, el aterrizaje forzoso suele ser una opción mejor que una catástrofe. No son ajenas a su gobierno las turbulencias en el proceso electoral de medio término en 2025, que dispararon el riesgo país y desplomaron la demanda de pesos a niveles absurdos, al final sorteadas con pericia pero también con una asistencia del Fondo Monetario y un puente financiero del Tesoro de Estados Unidos.
Sabe usted que el “default en pesos” (no lo distraigo con la semántica, el “reperfilamiento” alude a una “convocatoria de acreedores” en una ventana de tiempo acotada -sin quita de capital ni de intereses- para que una nueva gestión, empoderada por el voto popular, pueda superar el bache con un programa financiero plurianual y consistente), tuvo más que ver con lo que venía que con lo anterior. De hecho, nada de eso habría sucedido si @mauriciomacri hubiera renovado su mandato, ya que habría conservado el crédito voluntario que dispuso hasta el día anterior a las elecciones primarias de agosto.
Dilema en pesos: reperfilamiento o hiperinflación. Hay que elegir. Como bien explicó usted a la población, el exceso de oferta de dinero provoca inflación. Sin capacidad de renovar los vencimientos y la demanda de dinero colapsando al subsuelo por un candidato vencedor @alferdez que prometía aumentar jubilaciones con maquinita y desconocer las deudas, habría sido temerario emitir en dos meses el equivalente al 30% de la base monetaria (monto de los vencimientos de deuda en pesos). A la hora de formar expectativas, la memoria colectiva cuenta: a fines de los 80, en la transición Alfonsín-Menem, el llamado “festival de bonos” financiado con emisión había terminado en hiperinflación. Imagine usted no solo la pobreza, sino el riesgo institucional de una transición semejante. Sin liquidez y sin crédito, con qué recursos se podrían haber pagado los vencimientos? Con maquinita? Y la inflación? Y la pobreza? Y la indepencia del Banco Central? Tras dos años y medio de gestión, y rememorando su pasado deportivo como arquero, ya sabe en la política pública es tan importante hacer goles como atajar penales. Edmar Bacha, con quien a veces ilustra sus mensajes públicos, lo explica con mayor elegancia.
Dilema en dólares: cepo o corralito. También en esos días se repusieron los controles de capitales. Aun postergados los vencimientos de deuda de corto plazo por USD 15.000 millones y otro tanto en pesos, aún quedaban pesos en circulación y depósitos en pesos por el equivalente a USD 15.000 y USD 73.000 millones, respectivamente, además de USD 23.000 M de depósitos en dólares en el sistema financiero. Con apenas USD 16.000 de reservas disponibles en el Banco Central, menos del 15% de la demanda potencial de dólares (unos USD 110.000 millones al tipo de cambio vigente). De nuevo, elegir el mal menor. Otra vez, los fantasmas en la memoria colectiva importan: el antecedente del corralito en 2001 había terminado con cinco presidentes en una semana y 39 muertos en todo el país.
Nadie desconoce que, como todo aterrizaje forzoso, ambas medidas tuvieron daños colaterales desde el punto de vista económico y financiero, pero se logró normalizar el tránsito electoral en paz social y la finalización del mandato de un gobierno no peronista por primera vez en casi un siglo.
Deseo que el legado de su primer mandato, sea renovado o no el año próximo, no solo haya construido una realidad económica con menor inflación y pobreza, como hasta ahora, sino también un escalón superior en la discusión pública, sin chicanas atractivas para los títulos y las redes, pero poco edificantes para el desarrollo que todos anhelamos
La prohibición de las redes sociales en Australia no está funcionando como se esperaba:
Australia se convirtió en diciembre de 2025 en el primer país del mundo en prohibir el acceso a las principales redes sociales a los menores de 16 años. Seis meses después del inicio de la medida, los resultados son claramente decepcionantes.
Según el regulador australiano, alrededor del 70 % de los padres de adolescentes de 13 a 15 años que ya usaban estas plataformas afirman que sus hijos nunca fueron expulsados o que crearon nuevas cuentas con facilidad. Los jóvenes burlan los controles de edad sin mayor dificultad, por ejemplo, dibujándose bigotes o barbas para las verificaciones faciales.
Muchos padres, especialmente los más estrictos que ya intentaban limitar el uso de los móviles, esperaban que la ley les quitara presión y les permitiera dejar de ser los “malos de la película” en casa. Sin embargo, poco ha cambiado: sus hijos siguen usando Instagram, Snapchat o TikTok y ellos continúan teniendo que imponer límites solos. Las plataformas han implementado barreras tecnológicas débiles, y el gobierno ya abrió investigaciones contra las principales compañías, que podrían enfrentar multas millonarias.
A pesar de este balance negativo con los adolescentes actuales, algunos padres mantienen la esperanza de que la ley sí tenga un efecto positivo a largo plazo con los niños más pequeños, que podrían crecer considerando las redes sociales como algo menos normal y habitual.
En definitiva, la experiencia australiana demuestra que prohibir por ley el uso de redes sociales entre los jóvenes es mucho más complicado de lo que parecía y que los padres siguen siendo los principales responsables del control. La norma es solo una pieza más del rompecabezas, pero no la solución definitiva.
Argentina, dos mundos.
La serie histórica del Indice de Confianza del Consumidor de @CIF_UTDT muestra un patrón claro en el diferencial Interior–AMBA: hoy alcanza la mayor brecha de los últimos 25 años.
Con Macri y Milei, el interior queda sistemáticamente mejor posicionado en consumo.
Con gobiernos peronistas, la ventaja se inclina hacia el AMBA.
Muy interesante el newsletter de hoy de Nico Ajzenman sobre la relación entre "expertos" (ponele) y "políticos" (también, ponele).
https://t.co/cCLdCgdjVy
RESERVAS INTERNACIONALES NETAS
Tras la pronunciada caída de las reservas entre 2008 y 2015, período en el que se contrajeron un 80%, la Argentina no logró recomponerlas y desde entonces mantiene un nivel precario de reservas netas, lo que debilita la estabilidad monetaria.
Fuente: @sebascaos en base a FMI y US BLS
Tremendo Don Arturo:
"Europa se ha convertido en parque temático de su ilustre pasado: un continente que confía su carácter a la hipocresía moral, su presente a los mediocres paniaguados de Bruselas y el futuro a los turistas que nos dan de comer."
https://t.co/T8bagogZdV
Mark Zuckerberg just described the death of human connection on the internet and no one flinched.
One sentence. Fifteen years of erosion in twelve words.
Mark Zuckerberg: “Social media started out as people primarily interacting with their friends. And now… at least half of the content is basically people interacting with creators.”
You used to open your phone to see what your friends were doing.
Now you open it to watch strangers.
You did not choose this. The algorithm chose it for you.
It tested your friends against optimized strangers.
Your friends lost. Every time.
A stranger with better lighting, better timing, and a better hook held your attention three seconds longer than someone who loves you.
So the algorithm buried your best friend’s wedding photos under a cooking video from someone in Dubai you have never met.
And you watched the cooking video.
That was the first replacement. Friends for strangers. You barely noticed.
The second one is already underway.
If the algorithm already proved strangers outperform your real relationships, and AI can now build a stranger more engaging than any human alive, the math finishes itself.
The AI does not have a bad week. It does not post something careless and lose the algorithm’s favor. It does not burn out.
Every word calibrated.
Every frame tuned.
Every pause placed at the exact interval that keeps your thumb from moving.
A human creator competing against that is carving stone tablets in a world that just built the printing press.
The economics are not even close.
A person needs rent, sleep, and motivation.
The machine needs electricity.
When the cost of generating perfect content hits zero, the feed fills with faces that do not exist.
Voices that feel familiar.
Opinions that mirror yours just enough to feel like trust.
Personalities built from scratch to feel like someone you have known for years.
You will not know when the switch happens.
That is the point.
The feed does not care whether the thing holding your attention has a pulse. It cares whether you stay.
And a machine that knows your patterns better than you know yourself will always keep you longer than a person ever could.
This is not a warning. Half of it already happened.
You lost your friends to strangers and did not notice.
You will lose the strangers to machines and call them friends.
Somewhere in a different app, in a different tab, in a room you are sitting in right now, someone who actually knows you is living a moment you will never see.
Not because they stopped sharing it.
Because you stopped being where it was.
Draghi hace el planteo inicial, Blanchard lo continúa. Comienza el debate sobre el futuro institucional de la UE. ¿Llegará a algún resultado en los tiempos que exige el contexto internacional?
“Desde la perspectiva de la psicología evolutiva, diferentes problemas adaptativos moldearon psicologías de la amistad distintas en hombres y mujeres.
Los hombres también usan el cotilleo, pero además recurren a tácticas específicas de su sexo, como competencias directas por estatus y agresión física.
Las amistades masculinas evolucionaron más orientadas a formar coaliciones que a una exclusividad emocional. Son flexibles, basadas en tareas y fácilmente reemplazables, porque los varones ancestrales necesitaban crear y disolver alianzas rápidamente para la caza y la guerra.
Las amistades femeninas evolucionaron para ser más diádicas (de a dos), emocionalmente profundas y basadas en la confianza. Las mujeres dependen más de la agresión indirecta (por ejemplo, el cotilleo) porque el conflicto físico históricamente tenía costes mucho más altos para su supervivencia y reproducción que para los hombres.
Muchos hombres modernos carecen de coaliciones reales en la vida cotidiana. Esto podría explicar el hambre por identidades tribales en internet y en la política, donde coaliciones basadas en sexo o ideología sustituyen a los vínculos masculinos que faltan.”
Hay q empezar a mirar lo q se viene y actuar. El país está cambiando mucho más rápido q las percepciones generales.
Buen resumen en esta nota.
La transformación más profunda, y silenciosa, de la Argentina https://t.co/lokOHT2YEV
Muy buena nota de @nahuelmaisley sobre "La derrota del derecho internacional en Venezuela" y (agregaría) también sobre la capitulación de los gobiernos progresistas/nacional-populares ante la dictadura de Caracas. En la muy interesante @LaCriticaDD
https://t.co/Oa7CYTDIYc
Una nota muy valiente. Que cada uno se haga cargo de lo q le toca.
La derrota del derecho internacional en Venezuela
por Nahuel Maisley (@nahuelmaisley)
en @LaCriticaDD
https://t.co/OoVCLK7mL2