Una promesa puede salvar una vida. Dos promesas pueden destruirla.
Desafíos del destino, episodio 2 de Rhane Daska | Crónicas del exiliado, ya está disponible.
0,99 € o en Kindle Unlimited.
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Los episodios 3 y 4 de Rhane Daska | Crónicas del exiliado están en fase de revisión y listos para compartir con los lectores beta.
Estas fotos forman parte del proceso real de lectura y revisión en mi Kindle. Gracias por acompañarme en el viaje.
#RhaneDaska#StarWars
Hasta tres veces Javier.
Mucha gente me preguntaba que porque repetía viaje, y no me iba a otros sitios.
Pero es ese idilio que produce esa ciudad en quienes la amamos por esos detalles.
Los comics, las películas, las historias…
Viajar a New York me cambió.
Y por supuesto, me hizo más feliz.
Un abrazo Javier.
Pd. Por cierto, tu libro sobre los mandalorianos es una pieza básica en mi documentación para escribir historias de Star Wars. Mi admiración por ello.
No os podéis imaginar lo mucho que me entristece esto. Lo deprimente que me resulta. Lo mucho que me decepciona. Sé que no soy el único fan de Marvel que sentirá este vacío, pero como residente neoyorquino que soy desde hace ya mucho tiempo esto me toca la fibra de una manera especial. Y quiero expresarlo.
Uno de los motivos por los que siempre soñé con vivir y trabajar en la Gran Manzana fue por el amor que los cómics y las series de Marvel me hicieron sentir hacia esta ciudad. Cualquier fan de la Casa de las Ideas sabe muy bien que Nueva York no es un simple escenario donde se desarrollan las vidas y batallas de sus héroes y villanos, sino una parte crucial de su mitología. Desde los años 60, Marvel sencillamente no puede entenderse sin Nueva York como telón de fondo. Son uno. Inseparables.
Desde el momento en el que me instalé aquí hasta el mismo día de hoy, sigo elevando la mirada e imaginándome el Fantasticar sorteando los rascacielos de Times Square. Sigo viendo a Spider-Man balanceándose por Manhattan, hasta que los bajos techos de Queens le obliguen a usar el metro elevado hacia Forrest Hills como todo hijo de (amistoso) vecino. Me sigo deteniendo en la dirección exacta donde se halla el Sanctum Sanctorum del Dr. Stephen Strange, oculto a ojos ajenos mediante un conveniente hechizo en pleno corazón de Greenwich Village. Acudo a beber al mismo bar de Williamsburg que Daredevil y compañía llaman Josie's cada vez que celebro mi cumpleaños por Brooklyn. Siempre que voy a por un Shake Shack en Madison Square Park y admiro por enésima vez el Flatiron, pienso en el Daily Bugle. Cuando paseo por Central Park y diviso en la distancia el Frick Museum, tal y como hiciera el bueno de Stan en su día, pienso en Jarvis y en la reunión que estarán teniendo los Vengadores originales entre sus muros. Y así podría seguir hasta la siguiente venida de Galactus.
Llevo más de 12 años compartiendo hogar con mis héroes, gracias a esa familiaridad neoyorquina made in Marvel que lleva décadas cautivándonos en el papel y la pantalla. Cuando las cosas van mal, cuando esta ciudad logra superarme, cuando empieza a esfumarse la magia, sé que siempre puedo alzar la mirada de nuevo y saber que, en cierta manera, vivo dentro del universo Marvel. Porque eso es lo que Lee, Kirby, Ditko y tantos otros titanes siempre pretendieron. Porque miraban por la ventana y eso es lo que veían, lo que querían transmitir para que este maravilloso universo de ficción fuera en todo momento realista, creíble y cercano. Aun cuando Iron Man y compañía viajen a otras zonas del planeta o incluso el espacio exterior, nunca pueden alejarse demasiado de Nueva York. Es parte de ellos.
Y sí, claro que Nueva York seguirá siendo parte indispensable de las nuevas historias Marvel…pero Marvel ya no seguirá siendo parte física de la ciudad que la vio nacer.
Permitidme que os ponga un ejemplo personal para ilustrar este punto. Hace siete años, cuando fui a la entrevista de trabajo que hizo que me contrataran en mi actual empresa, me equivoqué de ascensor. Resulta que ése no paraba en la planta donde me esperaban. En cuanto se abrieron las puertas en aquella planta errónea, me quedé helado: ahí estaba, de golpe y porrazo, blanco sobre glorioso rojo, un cartel con el logo de Marvel.
Me encontraba frente a las oficinas de Marvel Comics.
Las puertas se cerraron, y mientras asimilaba lo sucedido supe que tenía que trabajar en ese edificio. Y así fue. Dos plantas encima de la que terminó siendo mi oficina durante varios años se encontraba la de Marvel Comics. Y resulta que un colega mío del trabajo era amigo de una de sus recepcionistas, y de vez en cuando subía a saludar. Una vez, bajó con una montaña de cómics antiguos, tanto de Marvel como de DC...y me los dio. Así, sin más. Saber que tenía en mis manos unos tebeos que procedían directamente de las oficinas centrales de Marvel Comics en Nueva York fue una sensación de felicidad absoluta, y aún me recorre un escalofrío cuando los veo en mi estantería.
Otro día, subí para intentar hacerme un selfie en aquel mítico cartel, pero una recepcionista con muy malas pulgas (el destino quiso que fuera otra distinta) lo impidió al instante. Ni corto ni perezoso, y para su mayor enfado y consternación, eché a andar, abrí lentamente la puerta de cristal para cruzar el umbral, miré a mi alrededor para empaparme del maraviloso mural de Alex Ross y todo lo demás que pudiera asimilar y me planté frente al mostrador para decirle con la mejor de mis sonrisas que trabajaba dos plantas más abajo y sólo quería echar un vistazo. Me echó igualmente. Pero me dio igual, porque eso ya lo sabía. Ya había cumplido mi objetivo: estaba DENTRO de Marvel Comics, y esa sensación de felicidad me acompañará toda la vida. Cada día, durante mi hora de la comida, cruzaba a un parquecito frente a mi edificio para comer mientras miraba la ventana que daba directamente a aquella legendaria fábrica de sueños, con réplicas gigantes de Mjolnir y el Guantelete del Infinito claramente visibles desde la calle. Estaba viviendo el sueño, desde la distancia pero al mismo tiempo más cerca de lo que jamás hubiera podido imaginar. Tras la pandemia, tanto mi empresa como Marvel Comics cambiaron de edificio para no volver a juntarse jamás, pero nunca olvidaré que durante unos años tuve la mismísima Casa de las Ideas sobre mi cabeza.
Por todo esto, y muchas más cosas, me resulta impensable que Marvel Comics abandone Nueva York. Cuando DC se fue de la ciudad hace ya un tiempo, Marvel se burló de su Distinguida Competencia asegurando que ellos jamás abandonarían la ciudad que nunca duerme. Porque Marvel Comics y Nueva York son uno. Obviamente. Lo di por hecho. ¿Cómo no hacerlo, cuando es algo tan evidente y de perogrullo?
Por desgracia, estamos en 2026 y ya nada parece importar. Todo da igual. Todo vale. Sólo importa el dinero. Sí, siempre ha sido lo importante, lo que mueve a las grandes empresas y corporaciones. No soy tan ingenuo. Pero antes había unas líneas invisibles que nadie osaba cruzar. Unas reglas no escritas que, pese a todo, se intentaban respetar. Uno siente que esos principios, que esas máximas inviolables, ya no importan. La gente pasa. Celebra el cambio de rumbo de la empresa, lo que implica esta nueva dirección, el cambio de liderazgo en sus filas. Lo siento, pero ahora mismo no podría importarme menos nada de eso. Lo que me importa, lo que verdaderamente me encoge el alma, es que un día voy a despertarme en una Nueva York donde ya no está Marvel Comics.
A California, como tantos otros. Como siempre. Nada nuevo. A estas alturas debería estar ya acostumbrado al maldito éxodo a la Costa Oeste que hace que todo el mundo se vaya de Nueva York en algún momento. He perdido de vista a muchos buenos amigos por culpa de esta dichosa manía. Pero jamás pensé que Marvel Comics fuera uno de ellos. No tras 90 años siendo parte de su historia. No tras prácticamente un siglo en el que la ciudad y tan maravilloso universo fueron uno.
Gracias por leer semejante tochazo hasta el final, pero es que si no lo verbalizaba por escrito creo que iba a reventar. Supongo que es una especie de catarsis para ayudarme a asimilar una decisión inconcebible con la que jamás podré estar de acuerdo y que no hace sino reafirmar mi convencimiento de que estamos viviendo unos tiempos rarísimos y superfluos donde, por algún motivo, ya nada se respeta, nada es sagrado y todo es prescindible.
Nuff said.
[Imagen: @nerdist]
Una historia que estaba deseando poder seguir escribiendo, no solo como fan de Star Wars, sino como escritor “Ghost” que ha trabajado para otros, estaba deseando poder dar continuidad a esta historia.
Espero que disfrutéis 🙌
Después de más de un año de su publicación, disponible el episodio 2 de
“Crónicas del exiliado, Rhane Daska”.
Una historia propia ambientada en el mundo de #StarWars
Puede descargarse gratis en breve en mi web y en papel desde Amazon.
@CocoExiliado Luego habrá gente que no entienda que las mujeres se follen a robots con IA cuando los inventen.
Ser más subnormal que este tío ya debe entrar en el Guiness.
Fueron muchas tardes disfrutando de un juego que se distribuyó en España mediante Shareware y para jugarlo en en máquinas que no contaban ni siquiera con aceleración 3d.
De aquellas tardes míticas, la crónica de #dukenukem crónicas de un caos pixelado.
Disponible en Amazon
Gracias por tu reseña Luis!
Escribí la crónica de Duke Nukem como homenaje a un juego y una época que no volverán, pero que considero no se le hizo justicia.
En digital, físico y #ᴋɪɴᴅʟᴇᴜɴʟɪᴍɪᴛᴇᴅ