En su carta al Director, el rector Pedro Palominos plantea que Chile no necesita escoger entre ciencias y humanidades, sino fortalecer un sistema de conocimiento que integre disciplinas para responder a los desafíos del siglo XXI. @usach@VriicUsach
https://t.co/hzbaVPuEVm
EL POBRE ES POBRE PORQUE QUIERE…
…y el estúpido es estúpido, porque repite la frase anterior y cree que es cierta.
Hay frases que no necesitan ser falsas para ser peligrosas. Basta con que sean repetidas con suficiente entusiasmo por personas que jamás se han detenido cinco minutos a pensar en ellas. “El pobre es pobre porque quiere”, pertenece a esa categoría: una sentencia que presume de nivel intelectual, cuando en realidad apenas alcanza la profundidad de un mantel diría nuestro querido y recordado Roberto Fantuzzi.
La frase tiene una virtud extraordinaria: libera de toda responsabilidad a quien la pronuncia. Si el pobre eligió ser pobre, entonces nadie tiene por qué preguntarse, ni menos quejarse por la calidad de la educación que recibió, por el barrio donde nació, por las oportunidades que nunca tuvo, por la salud que jamás pudo pagar, por la violencia que lo rodeó desde niño o por el mercado laboral que lo convirtió en un número descartable. Es una teoría política perfecta para quien desea dormir tranquilo sobre un colchón de privilegios.
Resulta curioso que quienes sostienen semejante consigna crean vivir bajo el imperio absoluto del mérito, como si la vida repartiera las cartas con una imparcialidad matemática. Parecen convencidos de que un niño nacido en una población vulnerable dispone exactamente de las mismas posibilidades que otro criado entre bibliotecas, colegios bilingües, redes de contacto y estabilidad económica. Debe ser maravilloso habitar un universo donde la sociología, la economía, la psicología y la historia fueron reemplazadas por un meme.
Norbert Elias mostró hace décadas cómo las trayectorias humanas dependen de redes de interdependencia que ningún individuo controla por sí solo. Pierre Bourdieu explicó que el capital económico, cultural y social condiciona profundamente las oportunidades de cada persona. John Rawls imaginó una sociedad justa preguntándose qué reglas aceptaríamos antes de saber en qué familia nos tocaría nacer. Pero, por supuesto, todo ese trabajo intelectual queda pulverizado por un iluminado que descubrió la verdad definitiva mientras escribía un comentario en redes sociales y preparaba un power point para intentar convencer al pobre que es pobre porque así lo quiso.
La pobreza nunca ha sido una simple decisión individual. Es un fenómeno complejo donde intervienen factores familiares, institucionales, económicos, educativos, territoriales e incluso biológicos. Claro que existe el esfuerzo personal. Claro que hay historias admirables de superación. Pero convertir esas excepciones en una explicación universal equivale a afirmar que cualquiera puede ganar una maratón porque alguna vez alguien la corrió descalzo.
Lo más irónico es que muchos de quienes repiten esta frase heredaron patrimonio, contactos, educación de excelencia o simplemente la tranquilidad de crecer en un hogar donde nunca faltó un plato de comida. Confunden haber comenzado la carrera veinte kilómetros más adelante con ser mejores corredores. Después levantan un trofeo imaginario y dictan conferencias sobre el valor del sacrificio.
La sentencia también revela una curiosa pobreza, aunque no económica. Es una pobreza intelectual. La incapacidad de comprender que la realidad suele ser infinitamente más compleja que un eslogan. Pensar exige esfuerzo; repetir consignas, no.
Quizá el verdadero problema no sea que existan personas pobres. El problema es que abundan individuos incapaces de entender por qué existe la pobreza y, aun así, se sienten calificados para pontificar sobre ella. Porque la ignorancia, a diferencia de la miseria material, sí suele ser una elección. Y algunos la ejercen con una disciplina verdaderamente admirable.
@MisColumnas
Mosciatti no es santo de mi devoción, pero aquí tiene mucha razón.
Llegaron haciendo múltiples acusaciones que al final no era más que para captar votos de gente ignorante…esto no debe quedar impune.
@arturo_squella Pero Arturo, ¿qué parte de esa mala noticia interpretas como "La evaluación que hace el FMI es la mejor demostración que vienen mejores tiempos..."?
Si las proyecciones van empeorando !
CC:@candrews_cl
Today, on my final day as Director of National Intelligence, I’m releasing never-before-seen communications and documents exposing how Dr. Fauci provided millions in US taxpayer dollars to fund dangerous gain-of-function research at the Wuhan lab, worked with politicized elements within the Intelligence Community to suppress the truth about his actions and hide the virus’ lab-leak origins, and lied to Congress while under oath in 2024. It’s time you know the truth.
https://t.co/3YJSstB7d4
En esta columna publicada hoy en el Diario Financiero, sostengo que una baja de impuestos sin compensaciones puede terminar debilitando la economía chilena.
@NathalyLarsen ¿"Divergencia"? No la puede haber frente a los irrefutables números asociados al cambio climático. Dicen siempre que los peores ciegos son aquellos que no quieren ver...
KAST Y SU METÁFORA
Cuando la mentira necesita clases de literatura.
En Ardiente Paciencia, la maravillosa novela de Antonio Skármeta llevada al cine como “IL Postino”, hay una escena tan simple como brillante: Mario Ruoppolo, un cartero humilde y entrañable, intenta comprender qué demonios es una metáfora. Escucha a Pablo Neruda hablar de poesía y queda fascinado con esa capacidad misteriosa de decir una cosa para expresar otra. El pobre Mario, hombre sencillo, confundido y sin demasiada formación, tarda en entender que la metáfora no es un engaño, sino una forma más bella de aproximarse a la verdad.
Décadas después, en Chile, hemos asistido a una reinterpretación bastante más precaria de aquella lección literaria. El presidente José Antonio Kast decidió explicarle al país que su promesa de expulsar a 300 mil inmigrantes ilegales el 11 de marzo era, en realidad, una metáfora. Una figura literaria. Un recurso expresivo. Una licencia poética de campaña. Casi un homenaje involuntario a Neruda, aunque con menos poesía y más cinismo.
La frase merece un lugar privilegiado en la historia universal del descaro político. Porque no estamos hablando de una expresión ambigua dicha al pasar. Kast hizo campaña con una cuenta regresiva diaria y obsesiva, diciéndoles a los inmigrantes que cada jornada era “un día menos” en Chile. No había metáfora alguna. Había un mensaje explícito, directo y calculado para provocar miedo, entusiasmo y aplausos.
Pero ahora descubrimos que todo era simbólico. Figurativo. Alegórico. Una especie de performance lingüística que los ciudadanos, en su infinita torpeza, no supieron interpretar.
La explicación presidencial tiene algo profundamente revelador: no intenta defender el incumplimiento; intenta ridiculizar a quienes creyeron en la promesa.
La culpa no sería de quien mintió, sino de quienes fueron suficientemente ingenuos para pensar que hablaba en serio. Es una operación política elegante en su brutalidad: transformar la mentira en malentendido y la responsabilidad en exceso de credulidad ajena.
Mario Ruoppolo no entendía las metáforas porque era un hombre simple. Kast parece no entenderlas por una razón mucho más inquietante: porque cree que cualquier falsedad puede convertirse retrospectivamente en recurso literario si se pronuncia con suficiente aplomo frente a una cámara.
Una metáfora no consiste en decir “expulsaré 300 mil personas” para luego aclarar que nunca se quiso decir eso. Si así funcionara el lenguaje, los estafadores serían poetas y las campañas electorales concursos de surrealismo. Neruda utilizaba metáforas para ampliar el sentido de las cosas; ciertos políticos las usan para escapar de sus propias palabras.
Y hay algo todavía más irónico en todo esto. Durante años, sectores de la derecha chilena acusaron a sus adversarios de relativismo, posverdad y manipulación lingüística. Venían a restaurar la seriedad, la honestidad brutal, el lenguaje directo. Nada de ambigüedades progresistas. Nada de dobles lecturas. Hasta que la realidad golpeó la puerta del Palacio de La Moneda y descubrimos que las promesas tampoco eran promesas: eran literatura experimental.
Tal vez el presidente debería revisitar IL Postino. No por sensibilidad artística —virtud escasa en la política contemporánea— sino para entender algo elemental: las palabras importan. Sobre todo cuando quien las pronuncia aspira a gobernar un país. Porque cuando un candidato promete algo de manera explícita y luego sostiene que era una metáfora, no está demostrando sofisticación intelectual. Está confesando, sin vergüenza alguna, que jamás consideró obligatorio decir la verdad.
Y quizá allí radique la tragedia moderna: Mario Ruoppolo confundía las metáforas con amorosa inocencia. En cambio, José Antonio Kast pretende confundir la mentira con metáfora, simplemente porque cree que la ciudadanía olvidará lo que escuchó, y si lo creyeron, es total y absolutamente problema de ellos.
@MisColumnas
@corral_s Es muy claro. La justicia chilena funciona con pruebas, si no las hay, no hay delito.
Y por pruebas, se entienden aquellas que puedan demostrar la veracidad de un supuesto delito. No basta con "ruido".
La cancelación del proyecto del GAM no sólo significará 6.200 millones en multas al Estado, sino también perder 10 años de trabajo de 3 gobiernos distintos, y otros 2.000 millones en limpieza y diseños. Y todo esto, para dejar un elefante blanco abandonado en la mitad de la Alameda, atrayendo incivilidades y todo tipo de riesgos. Santiago y la cultura se merecen más.
Habrá que pagar igual: Gobierno reconoce que deberá gastar $6.200 millones por cancelar obras del GAM https://t.co/7C3laEOduz a través de @biobio