@CuentaMister Aki no hay gente culé, sois mierdas, un buen culé siempre estará con el Barça gane o pierda, así ke los falsantes culés iros la puta mierda...
#ÚtimaHora Ángel Gaitán carga contra Jesús Calleja por su vinculación con Sánchez "Adiós para siempre" Nunca veré ningún programa tuyo.” Recordemos que en 2014 ya subió a Sánchez a un molino de viento de 80 m en Planeta Calleja… y su productora ha cobrado más de un millón en patrocinios públicos de diversas administraciones. Otro que se quita la careta. #JesusCalleja #Sanchez #AngelGaitan #fyp #enchufado #VolandoVoy #SánchezDimisión
La has cagado amigo, desde el día de ayer, todos y cada uno de tus programas me los pasaré por el forro.
Esa es la consecuencia de juntarse con el tipo que está acabando con España.
Al Carajo todo lo relacionado con Calleja.
CARRERAS DE GALGOS
La tradición de la crueldad.
Hay tradiciones que merecen ser revisadas, censuradas y eliminadas. Las carreras de galgos son sin duda parte de aquello. Llamarlas “tradición” no las ennoblece: una crueldad repetida durante años no se convierte en virtud.
El argumento es: “el galgo nació para correr”. La capacidad biológica de un animal no autoriza a convertirla en espectáculo, negocio o apuesta. Un galgo corre porque puede; explotarlo hasta el límite para entretenernos o ganar dinero es otra cosa.
Y el límite es brutal. Estos perros superan los 60 km/h. A esa velocidad una curva o un choque dejan de ser incidentes menores. La RSPCA australiana (*), informó que durante 2025 murieron 287 galgos y 10.785 resultaron lesionados en pistas de ese país: cinco muertos por semana y unos treinta heridos diarios. Hay fracturas, desgarros, colapsos por esfuerzo y estrés térmico. Un estudio de siete años en Australia Occidental registró 281 muertes: el 58% de las fracturas ocurrió en la extremidad posterior derecha, asociado a las fuerzas de las curvas. No es mala suerte. Es simple biomecánica.
(*) RSPCA: Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals.
Pero la carrera es apenas la parte visible. Para obtener corredores competitivos se crían muchos más perros de los que finalmente sirven al negocio. La RSPCA estima que hasta un 40% de los galgos criados para competir jamás llega a correr. Allí aparece una palabra reveladora: “descarte”. El perro que no gana, se lesiona o envejece deja de ser inversión y se convierte en costo. Después vienen abandono, refugios saturados y adopciones sostenidas por voluntarios; también se han documentado muertes.
El bienestar animal no consiste sólo en alimentar y evitar heridas. Requiere socialización, descanso y conductas naturales. La RSPCA ha denunciado galgos mantenidos buena parte de su vida deportiva en caniles y con socialización insuficiente. Un animal puede tener músculos impecables y una vida miserable.
A ello se agregan sustancias prohibidas y hasta “live baiting”: animales vivos usados para estimular la persecución, práctica detectada en Australia. Cuando aparecen sobrecrianza, lesiones previsibles, dopaje, apuestas y descarte, quizá el problema no sean unas “manzanas podridas”. Quizá sea el cajón.
Chile conoce la discusión. La Biblioteca del Congreso ha recogido antecedentes de hacinamiento, drogas, lesiones graves y privación afectiva. Informes parlamentarios estiman cientos de canódromos, muchos informales. Frente a prohibir o regular aparece la gran coartada: “es una tradición”. (Biblioteca del Congreso Chile)
Conviene recordar algo elemental: tradición describe antigüedad, no moralidad. También fueron tradición las peleas de animales, el trabajo infantil y castigos públicos que hoy nos avergüenzan. Civilizarse también consiste en revisar costumbres. Si una tradición necesita sufrimiento para sobrevivir, lo que corresponde preservar no es la tradición, sino al que sufre.
Tampoco basta prometer regulación. Se pueden mejorar las pistas, controlar sustancias y exigir veterinarios. Eso reduce daños, pero no elimina la contradicción esencial: someter deliberadamente a un animal a una competencia de alta velocidad para beneficio humano, aceptando como externalidad previsible que algunos acabarán fracturados, exhaustos o muertos.
Queda una pregunta incómoda para quienes aseguran que los aman: si el galgo fuese realmente lo primero, ¿seguiría existiendo la carrera sin público, apuestas, premios ni dinero?
Probablemente no.
Ahí termina la tradición y comienza la explotación. Querer a un animal no es alimentarlo para que produzca mejor: eso es mantener un activo. Quererlo es aceptar que su cuerpo no nos pertenece, que su velocidad no nos debe espectáculo y que su vida vale más que un cronómetro.
Los galgos nacieron con la capacidad de correr. Nosotros deberíamos demostrar que también tenemos la capacidad de evolucionar.
@MisColumnas
@dabodavo@CuentaMister Yo se lo daría a Asensio, tiene mucho valor que un jugador que ha difundido porno con menores y aún este activo en un club de señoríos...